Te escribo de una vez, porque ya no puedo más. Tengo el
orgullo tan herido y ha crecido tanto, que no me permite reconocer qué me pasa.
Y lo que me pasa eres tú. Siempre intenté que lo nuestro fuera perfecto. Si no
lo era en la realidad que por lo menos lo fuera ante mis ojos. Quise creer que
tú eras lo que yo siempre había buscado y que nuestra historia era de película,
aunque la verdad es que ni tú encajabas conmigo, ni nuestra historia era
perfecta. Lo cierto es que debí haberlo sabido desde el primer beso. Nuestras
bocas no encajaban, no conseguíamos adaptarnos al ritmo del otro, y todo fue
muy raro. Yo le eché la culpa a los nervios, y lo dejé estar, pero es bien
sabido que lo que no empieza con buen pie, tampoco terminará bien.
Te prometo que este es el último texto que te dedico, que
este sí es para ti. Ya no derramaré ni una palabra más. Sacaré una única vez lo
que siento y lo enterraré en el pozo más
profundo que encuentre. Hace un par de días que me saqué la coraza que llevaba
encima. Te lo explicaré; desde que entraste en mi vida, algo me decía que no
podía descuidarme, mi intuición sabía que acabarías rompiéndome el corazón, así
que poco a poco fui cerrándome más a ti, alejándome más, y cada vez me costaba
más demostrar lo que sentía, tal vez por orgullo, pero sobre todo por miedo.
Sí, mi mayor miedo era dejarme la piel en la relación, darlo todo por ti,
entregarte cada pedacito de mí, y que hicieras conmigo lo que quisieras. Como
además de eso, estaba la presión de los estudios, los horarios, y de mi madre, tenía que ser
responsable por todos. Ya no era cuestión solo de que me rompieras el corazón,
es que podrías destrozar hasta mi futuro, si yo no era responsable, así que eso
no lo podía permitir. Así que fui poniendo más y más barreras. Al final me
quedé sola, encerrada en mi coraza autoprotectora, y la que salía fuera, ya no
era yo. Cuando decidí que lo nuestro tenía que acabar, me encerré todavía más
adentro de esa capa protectora, porque no podía permitirme caer, tenía que
seguir centrada en los exámenes, y no solo no podía fallar, sino que tenía que
aprobar todo lo que pudiera. No era el momento de preocuparme por otras cosas.
Pero hace unos días, me vine abajo. Salí de ese estado, y
aparecí de nuevo. Después de un proceso en el que poco a poco me he ido
recuperando a mí misma, por fin he roto esa coraza. Y me permití sufrir, y
reconocer que era peor de lo que yo me empeñaba en reconocerle al mundo. Te
quería y las teclas se me confunden al tener que escribir esto en pasado, por
mucho que tú nunca lo creíste. Quizá nunca te quise como tú querías, o no te lo
demostré como tú esperabas. Pero no lo dudes, por favor. Lo que más me duele es
que digas eso. Y ahora, tengo que pasar página, disfrutar del verano, y volver
a ser feliz. Yo no quiero que sufras más, y por eso te tuve que borrar de mi
vida. Porque sé que las huellas que he dejado han calado profundo y sé cuánto
daño te puedo hacer si me empeño. Pero tú sabes que yo no soy ese tipo de
persona. Eliminarte nos ayudará a olvidarnos a los dos, nos ayudará a no caer
en la tentación de mirar nuestras fotos, de hablarnos, y poco a poco se hará
menos doloroso recordar. Espero que cuando lo superes, no tengas tan mal
recuerdo de mí, porque mi intención jamás fue hacerte daño, mi intención fue
protegerme a mí misma lo máximo posible, y lo hice como pude.