martes, 26 de diciembre de 2017

Hacía tanto que no me veía a solas frente al papel. Sin apenas batería en el móvil, ni música para escuchar. Mi único pasatiempo la hoja en blanco y un bolígrafo rojo. ¿Sobre qué escribir? Tengo tantas cosas en la cabeza...
Un viejo amor hace poco reapareció en mi mente y por lo visto todavía quedan restos en mi corazón de lo que sentí por él en el pasado. Por alguien que hoy ya no es. Por alguien que ojalá todavía fuera. Echo tanto de menos ese sentimiento, aquella inocencia... No hay nada más bonito que el amor platónico, inocente, de dos niños que se quieren pero no se atreven. De manos que se juntan, de corazones que laten acelerados con solo una caricia, de nervios, de sueños, de dudas.
Ha pasado tanto tiempo, han pasado tantas cosas. Esos dos niños ya no se reconocen. Aunque no se olvidan. Cada uno sigue con su vida, siempre con la duda de qué pudo haber sido si las cosas hubieran sido diferentes.
En aquel infierno él era su único cielo. En aquel desierto él era oasis. Eran otros tiempos, pero no mejores. Crecer también tiene sus ventajas. Todavía en el recuerdo el beso que se dieron. Aunque ya era tarde. Aunque ojalá más.

martes, 1 de noviembre de 2016

No tengas miedo.


¿No habéis sentido nunca la sensación de que no deberíais estar ahí cuando vais a algún sitio? Pues eso justamente fue lo que sentí aquel día. El chico del que estoy enamorada y yo, siempre quedábamos en un sitio para que no nos viera nadie (lo llevábamos en secreto). Cabe destacar, que no era el sitio más romántico del mundo, era una especie de tubería subterránea de grandes dimensiones que recorría parte de nuestro pueblo. Siempre hemos pensado que a nadie en su sano juicio, se le ocurriría recorrer aquel túnel en plena noche. Nunca nos dimos cuenta del peligro que corríamos allí.
- “No tengas miedo, habrá sido una rata.” - me dijo-. Estábamos besándonos y yo no quería pensar en nada más, pero un sonido cercano me asustó.

Me dijo que iría a comprobarlo, que le esperara allí, si así me quedaba más tranquila, y perdí su rastro en la oscuridad. Empecé a preocuparme cuando ya no le oía porque en teoría, el sonido venía de un punto cercano. Mi móvil no tenía cobertura, así que tampoco podía llamarle, ni a cualquier otra persona para pedir ayuda. Estos pensamientos empezaron a preocuparme seriamente. Yo trataba de mantener la calma, de no ponerme en lo peor, pero mi corazón ya había empezado a desbocarse. Ahí estaba la voz de mi conciencia, recordándome que yo no debería estar allí, que aquello era una locura, y que podía pasarme cualquier cosa. Empecé llamándole suavemente, pues allí el sonido se expandía fácilmente y si estaba cerca me oiría. No obtuve respuesta. Volví a decir su nombre, esta vez con algo más de fuerza, y esta vez escuché un ruido, pero no parecía estar cerca. Quise salir de allí corriendo, pero no veía nada, y temía caerme o perderme allí dentro. Empecé a marearme,  y susurrando en mi oído alguien me dijo: “no tengas miedo”.  

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domingo, 12 de julio de 2015

"Mi pequeña historia" con Andrés Suárez.




Ayer, fui al concierto de Andrés Suárez, en la Sala Stereo de Alicante. Fue mi autoregalo de fin de exámenes. Pero no adelantemos acontecimientos, primero voy a hablar de cómo llegué hasta ahí. 

Andrés no es uno de esos artistas que salen en los 40, con lo cual, no es ultra conocido y ultra promocionado por la radio, o por la tele, y no porque no tenga talento, o porque sus canciones no sean lo suficientemente buenas, sino porque no es comercial. Y no lo es, porque no quiere serlo. Es un cantautor, una persona con verdadero talento, que se curra sus canciones, y como dice él, las siente. Y eso se nota. Cuando le ves cantar una de sus canciones, te das cuenta de que por mucho que las haya cantado una y mil veces, siguen emocionándole. Y eso lo transmite, y te traspasa por dentro. 
Además, trata de hacer buenos directos, no buscando localizaciones, que probablemente llenaría hasta los topes, pero que no todo el mundo disfrutaría por igual. Busca un buen sonido, y un buen ambiente, y el resultado es el que es. Impresionante. 
¿Cómo llegué a enamorarme tanto de su música?
Pues fue todo un proceso. Hace unos años que vi su nombre por Twitter, porque mucha gente de la que sigo es de Madrid, donde él se ha movido principalmente. Todo lo que leía eran elogios, o frases suyas. Yo no sabía quién era, y tampoco lo busqué. Tras la insistencia de tuits, un día me picó la curiosidad, porque ya no sabía si era puro peloteo, o si realmente merecía todo aquello. Lo cierto y verdad, es que busqué en Youtube y no encontré muchos videos, y tampoco encontré videoclips, así que escuché poco, y lo dejé en el olvido. 
Hasta hace unos meses, que apareció en el disco de Nach Scratch, uno de mis artistas favoritos. Me enamoró su voz, incluso sin saber que era él. Cuando lo supe, decidí que iba a buscar más canciones y descubrí su nuevo disco, "Mi pequeña historia". Fue amor a primera vista. Desde entonces escuché todas las canciones de él que pude encontrar, me ponía los pelos de punta, el sentimiento tan desgarrador con el que cantaba. Me llegaba adentro. Había frases suyas que dolían demasiado. Cuando supe que él mismo componía, todavía me impresionó más, si es que eso era posible, porque yo admiro especialmente a esas personas que componen ellas mismas lo que cantan. 
Y entonces fue cuando supe que venía a Alicante, miré el precio, y era bastante asequible para mi bolsillo, y además coincidía con mi fin de exámenes, así que decidí que me lo podía permitir, y por lo que había leído merecía la pena. 
El caso es que fui con las expectativas super altas por los tuits que había leído de gente que iba a sus conciertos, y aún así, me impresionó. No es solo la música, que es la hostia, hablando claramente, ni su voz, ni sus canciones, ni su melena. Es el ambiente que se creó allí aquella noche, un ambiente de complicidad, de reciprocidad con el público, su naturalidad, su espontaneidad, y humildad. Te das cuenta de la gran persona que es, y de lo que disfruta haciendo lo que hace. Por mucho que puedas leer por ahí, no hay nada como vivirlo. Totalmente recomendable, aunque no te termine de gustar su música, te gustará su concierto. Eso te lo puedo asegurar. 

domingo, 24 de mayo de 2015

Ayer busqué por casualidad en Youtube una canción de Alesana, un grupo que escuchaba yo hace años, en una época bastante oscura de mi vida. Uno de los recuerdos que llevo grabado a fuego en relación con su música, es el siguiente:
Durante mi adolescencia, mi orgullo me impedía llorar delante de la gente, incluso de las personas cercanas a mí, y siempre me aguantaba las ganas cuando ya no podía más. Yo nunca he sido de llorar a menudo, pero la vida acaba dándote motivos tarde o temprano. El caso es que yo solía acumular tristeza, y el día que ya no podía más, lloraba sola en mi habitación viendo vídeos tristes, canciones o películas. Las utilizaba como desencadenante y como tapadera, y luego ya no podía parar, hasta que me agotaba.
Las canciones de Alesana, son bastante ruidosas, y a mi parecer, contienen mucha rabia cantada, y eso es lo que yo sentía, rabia, frustración, tristeza por mi situación. Así que me ponía una canción detrás de otra y las cantaba a pleno pulmón, mientras lloraba, hasta que ya no podía más, y me ahogaba en mi propio llanto. Un día, estallé por una discusión con mi madre, y no pude remediarlo, así que me puse la música y empecé a llorar a gritos. Mi madre se asustó y entró en la habitación, y me vio en ese estado. Se asustó tanto, que retiró lo dicho, e intentó calmarme. Y eso no es algo que caracterice a mi madre precisamente.
El caso es que cuando escucho esta música me transporto a esa época de adolescente, donde sentía todas esas cosas, y lo recuerdo con cariño, porque esta música me desahogaba mucho, y ahora que he descubierto su nuevo disco, pues ya tengo más material para descargarme.

sábado, 16 de mayo de 2015

Reflexiones del sábado tarde.

Hoy, después de una llorera del quince viendo el último capítulo de mi serie favorita, he decidido rematar la tarde leyendo un par de artículos de una tuitera, que nos hace reflexionar sobre las imposiciones de esta sociedad machista hacia las mujeres.
Total, que juntando todo ese vaivén de emociones, y mi experiencia, me he inspirado para escribir hoy, y a eso vamos.
Estoy muy harta de que a la mujer se la catalogue, etiquete, juzgue y valore en función de su cuerpo, cara bonita, y otros cánones sobre el comportamiento que debería tener. En lo que a mí respecta nunca he querido ser madre, y como os podéis imaginar, eso siempre ha sido objeto de crítica, y siempre ha venido acompañado de la pregunta ¿Por qué? Que todavía en el siglo XXI no nos queda claro, que el hecho de ser mujer, no te convierte en futura madre automáticamente. Pero de ese tema no voy a hablar hoy.
Hoy voy a hablar del físico. En mi caso, nunca he estado orgullosa de mi físico, y he sido objeto de constantes burlas en mi infancia. Lo cierto y verdad, es que mirándolo con la perspectiva que me dan mis 21 años, me he dado cuenta de que yo era una chica normal. Que quizá alguna vez me han sobrado un par de quilos, y un par de pelos, pero no sufría obesidad, ni ninguna malformación, ni ningún defecto especialmente destacable. Y por eso, he aprendido a quererme, porque resulta, que lo que los demás vean en mí, no se acerca en lo más mínimo a lo que soy. Te acercas al éxito el día en que te das cuenta de que no les puedes gustar a todos, y que siempre va a haber algo de ti que a otra persona no le pueda gustar, y lo más importante, es que no pasa nada. Lo importante es saber valorarse a uno mismo, por lo que uno es, más allá del físico, y más allá de los logros.
Hoy en día he cambiado mucho, tanto físicamente, como psicológicamente, y quizá gorda o fea, no es algo que me suelan decir, pero tienen otra excusa para juzgarme. Desde hace unos años, llevo un piercing en el labio, que a mi parecer, me favorece, y me gusta. Hasta ahí, todo correcto. Pero es que resulta que hay ciertos individuos a los que no les gusta. Perfecto. Para gustos, colores, pero parece que es incompatible el hecho de que no les guste con que respeten mi decisión, y no me cuestionen como persona, y sobre todo es incompatible con que no me interroguen hasta el cansancio sobre el tema. La frase que más me han repetido es:
- "Pues estarías mejor sin él".
- Bajo tu punto de vista, pero a mí me gusta, y no me lo voy a quitar porque a ti no, fin.
Al final, madurar significa encontrar el equilibrio entre lo que la sociedad espera de ti, y lo que esperas tú.

domingo, 10 de mayo de 2015

Este fin de semana ha sido un periodo de reflexión y melancolía bastante profunda. No todas las emociones que he sentido las he sabido identificar, ni he profundizado lo suficiente para encontrar su causa. Lo cierto es que tampoco quería hacerlo.
Por varios motivos he llorado mucho estos días, he llorado hasta quedarme sin lágrimas literalmente, y es que supongo que necesitaba vaciar el depósito. Hay muchas cosas que me ponen triste, y es normal. Hoy en día lo difícil es encontrar razones para sonreír, porque para llorar, siempre sobran.
El ánimo de este texto no es deprimir al personal, si no todo lo contrario; De un tiempo hasta aquí he estado intentando centrarme en las cosas que me hacen feliz, en sonreír, en reírme por algo todo los días, y en bloquear lo que podía hacerme sentir mal. En ese proceso he entendido que para ello, hay que ser egoísta, y ponerse uno siempre primero. Es muy difícil encontrar un equilibrio entre uno mismo y los demás, dado que ambos extremos son malos. No hace falta que explique por qué. Lo cierto y verdad, es que ahora sé poner límites a los demás, e, incluso a mí misma, y he aprendido también a ser más egoísta.
Pero está claro que uno no puede desentenderse de la sociedad en la que vive, y de las personas que lo rodean. Al final es inevitable preocuparse, empatizar,  o quizá no lo sea, pero es necesario porque de lo contrario, poco nos diferencia de una roca. Los lazos afectivos que establecemos con los demás nos atan, y nos vuelven vulnerables. Al final, lo que le sucede a otra persona acaba afectándote en cierta medida a ti también, y eso es lo que hay que equilibrar.
Por suerte o por desgracia, siempre he sido una persona muy empática con el resto del mundo (animales, y personas) y eso me hace sufrir, pero he comprobado que intentar bloquearlo me hace sentir peor. Me enorgullece tener esta sensibilidad, ya que me hace comprender mucho mejor muchas cosas, pero no me impide ser objetiva en cierta medida. Es decir, no me suelo dejar llevar por eso que segundos atrás he sentido, y he comprendido, pero eso me ayuda a tomar mejores decisiones, o eso creo.
La conclusión de todo esto, es que he tenido una gran acumulación de emociones este fin de semana, y que no todas han sido propias, y por tanto, la válvula ha estallado. Entendiendo esto, ahora sé que tengo que coger fuerzas, y volver a recuperar mi estado de ánimo, que seamos sinceros, se ha quedado por los suelos.