miércoles, 30 de noviembre de 2011

wish I were another

Todos crecemos deseando con todas nuestras fuerzas ser mayores. Según la época en la que vivimos, la mayoría de edad se pone en una edad: 18, 16... Pasamos el rato imaginando qué haremos a esa edad y qué no haremos y lo esperamos con ansia porque suponemos que muchas cosas cambiarán, que vamos a tener muchas cosas y sobretodo que vamos a tener mucha libertad.
Miramos con envidia a las personas que en ese momento tienen esa edad y nos alentamos pensando que cada vez nos queda menos y el día que perdemos la cuenta, nos damos cuenta de que ya hemos cumplido esa edad, y, si ahondamos en nuestros pensamientos, recordaremos  aquello qué pensábamos que íbamos a ser, y nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos. Cada persona es un mundo y puede que algunos tengan más de lo que hubiesen podido desear, pero otros como yo, nos vemos estancados en una misma historia. Yo era de las ingenuas que pensaban que todo cambiaría, que conseguiría todo lo que quería y que me tratarían de otra manera. Me siento atrapada en los 14 años porque, sinceramente, no hay mucha diferencia entre mi vida a la edad que tengo y la que tenía con 14 años, ni parece que la vaya a haber. Solo deseo evolucionar, empezar a ser independiente, empezar a vivir una vida que no esté organizada por los demás sino por mi. ¡Solo pido empezar a vivir joder! Si no disfruto ahora que es cuando soy joven, ¿Cuándo me va a llegar la hora? ¿Cuándo seré "lo suficientemente mayor", "lo suficientemente hábil", "lo suficientemente independiente"?
Cuándo, cuándo y cuándo es lo único que me pregunto. Mientras tanto, sigo aquí, acumulando odio y rabia y dejando latir cada vez un poco más lento el corazón, dejando los sentimientos escaparse lejos de mi,y  volviendo a la creciente monotonía de mi vida.
No te extrañe querida, cuando me veas explotar, solo déjame gritar, déjame pegar golpes contra la pared, déjame caer al suelo hasta que recupere las fuerzas para levantarme, pero no me pidas más que finja, que sonría, que disimule porque algún día ya no podré soportarlo...

lunes, 28 de noviembre de 2011

oda a ...

¡Ay mi suave y confortable amor! ¿Qué haría yo sin ti? ¿Cómo descansar por las noches sin acomodarme en tu pecho? Te echo de menos por el día pero sabes como recompensarme tu ausencia por la noche. La nostalgia, el agotamiento, el mal humor, se apoderan de mi cuando te imagino en casa, esperándome y yo, me veo atada a una silla obligada a permanecer lejos de tu lado. Los días se me hacen eternos echándote de menos, los fines de semana parecen tardar demasiado en llegar. Los días de entre semana simulan una pelea de pareja, que nos distancia, que nos aflige pero el fin de semana nos reconcilia, haciéndonos recuperar todo el tiempo perdido. Tu vuelves a darme todo el cariño y el calor que se me van haciendo imprescindibles.
Quisiera poder casarme contigo pero nuestro amor es imposible y soy consciente de ello. No puedo entregarte toda mi vida aunque me mimes, me enganches y me hagas creer que lo único que quiero hacer es estar contigo. Lo cierto es que cuanto más tiempo paso contigo más quiero pasar, pero algún día tendré que compartirte,algún día, tendrás que aceptar que no soy tuya y que no eres lo único en mi vida. Lo siento, cama, pero te tengo que dejar otra vez. Créeme a mi me va a costar más que a ti.

jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Qué hay de malo en mi?

El otro día expuse en voz alta un par de pensamientos que nunca había conseguido sacar. Entre ellos está esta pregunta: ¿Qué hay de malo en mi? Tengo que preguntármelo, no es que considere que soy perfecta, es que me esfuerzo por buscar mis defectos para corregirlos, y, hasta ahora, eso es lo que he estado haciendo. Sé que hay cosas que aun debo mejorar, pero no puedo dejar de preguntarme si hay algo más que yo no veo y que los demás si, pero no se atreven a decirme. A la vista está que mis relaciones personales son totalmente efímeras, mucho más que las del resto de personas normales. Si echo la vista atrás puedo contar con los dedos de una mano las personas que han sido amigas mías durante más de 5 años y bueno de relaciones con los chicos ya ni hablamos. Es algo que me preocupa, ya que no soy tan engreída de pensar que son los demás los que tienen la culpa. Además, si ese fuera el caso, al cambiar de amigas habría solucionado el problema, pero la verdad es que sigue ahí latente, lo noto. A veces cuando digo algo en voz alta en presencia de más personas, estas, se vuelven hacía mi y me miran raro, como si acabara de decir algo impensable, no sé, quizá sea solo una impresión mía, pero muchas veces me siento fuera de lugar. En el caso de la gente que ha aprendido a conocerme, sé que me aceptan como soy, y que me aprecian, pero no puedo evitar preguntarme ¿Cuánto durará ese aprecio? ¿Cuánto tardaré en cagarla?
He de reconocer que cada día voy con más cuidado de lo que digo o lo que hago por miedo de perder a las personas que más aprecio, y la verdad es que me gustaría ser un poco más libre, no analizar todo el tiempo los pensamientos y reacciones de los demás, pero creo que ya no puedo evitarlo. Siento que ya no podría perdonarme perder a más personas, ya no podría soportar estar sola otra vez. Porque la felicidad, es como una droga, engancha y, la vida antes de ella parece ya muy lejana e imposible.

martes, 22 de noviembre de 2011

Ella estaba al acecho, esta noche pensaba cazar algo, sintiéndolo mucho, algún pobre mortal iba a tener que saciarla. Entró imitando el paso humano, aquello la desesperaba. Echó una ojeada alrededor de la habitación. No vio más que gente tapada con máscaras. Se dijo a sí misma que esa noche no iba a cazar a nadie por el físico, se dejaría llevar por la intuición, por el instinto. Le vino un olor a colonia extremadamente fuerte que se le metió en la nariz y la hizo estornudar. Dos o tres personas se giraron a la vez a mirarla, nadie interesante. Un poco más al fondo había un grupo de jóvenes, con peinados un tanto llamativos que le llamaron la atención. Se dirigió hacia ellos con gran sigilo, disimulando el ansia que la estaba devorando. Se acercó por el lado derecho, y pegó un tirón del joven que estaba más a su alcance. Para ella, era una pluma. En dos segundos estarían en un lugar un poco más privado. Abrió la puerta del armario donde colgaban los abrigos y lo empujó dentro. El joven todavía se encontraba fuera de lugar, a mil kilómetros de allí. La chica se avalanzó sobre él sin ni tan siquiera sacarle la máscara, pues no quería arruinar el efecto de misterio y le pegó un mordisco. Los dientes se hundieron en su brazo sin dificultad, nadie notaría lo que le había pasado. Cuando se halló saciada, le soltó y el chico cayó hacia atrás perdiendo el equilibrio. 
Ella decidió quitarle la máscara y descubrió que era un chico de su instituto, al que odiaba desde hacía demasíado tiempo. Se acercó de nuevo y le partió el cuello, dejándole allí, inerte, entre un montón de abrigos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

mátame.

Quedaron en el lugar de siempre, necesitaban hablar pero más que hablar necesitaban verse, tocarse, sentir que su relación era real. Ella llegó primero, como solía hacer, salía de su casa a toda velocidad impulsada por los nervios y la necesidad de reencontrarse con él. Él solo tardaba para hacerla rabiar, para que pudiera discutir tontamente como solían hacer para esconder todo lo que en realidad querían decirse. Ella, nerviosa, jugueteaba con su pelo, sentada en un banco que estaba de espaldas a la carretera. Él la espiaba desde la esquina, escondido, sin saber qué hacer. No podía soportarlo más, tenía que ser valiente, llegar y darle un beso, sin darle tiempo a reaccionar- pensó- Y totalmente decidido empezó a caminar hacia ella. Cuando estaba llegando hasta ella, ella pareció percibirlo y se dio la vuelta arruinando todos sus planes.
Ella le sonrió, nerviosa, sin poder ocultar como temblaba todo su cuerpo. Él tan vergonzoso como siempre, se limitó a darle dos besos, totalmente serio, intentando mantener la compostura. Ella intentó romper el hielo, o mejor dicho, intentó romper la tensión que estaba empezando a cargar el ambiente. Total eran amigos, como siempre-pensó ella-
Se sentaron en el banco, ya que no tenían ganas de pensar a dónde ir. Se relajaron y empezaron a hablar de las cosas de siempre, poco a poco sintiéndose más a gusto el uno con el otro. Se acercaron uno más al otro y sin mediar palabra se cogieron de la mano. Estuvieron un buen rato en silencio, pensando cual sería el siguiente paso, ese que ninguno de los dos se atrevía a dar. Empezaron a hablar de nuevo, y dejaron de darle importancia al asunto. Poco a poco se fueron sintiendo mejor, el uno con el otro y solo querían estar más unidos, ahora que habían roto la barrera. Ella bromeó, le contó una anécdota de tantas que le habían pasado con un chico, y le pasó el brazo por el cuello para ejemplificar la escena. Todo era muy natural, hasta que se dieron cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro y que debían dar el paso en ese momento o nunca. 
Se miraron fijamente a los ojos, ambos se ruborizaron de golpe. Ella sonrío, él bajó la mirada. Y alguien les tocó por la espalda. Eran los amigos de él. Rápidamente se separaron e intentaron disimular lo que ya no tenía solución. Ambos estaban frenéticos, y por supuesto sus amigos no es que fueran a dejar el tema correr. Tras una eternidad aguantando las bromas pesadas, consiguieron que los volviesen a dejar solos, pero esta vez, ya no había excusas, ya no podían disimular que aquello no había pasado. Aunque no lo supiesen sus amigos les habían dado un empujón para afrontar la realidad y, sin más preámbulos se fundieron en el tan anhelado beso. Al principio estaban distantes, asustados por lo que estaba ocurriendo, pero después se dejaron llevar, se besaron como nunca antes habían besado a nadie y, se prometieron que nunca lo arruinarían, que nunca volverían a separarse.

ghost.

El sol brillaba, la temperatura era insoportable, el calor la hacía sudar demasiado. Se acercó al limpiamanos y vio su reflejo en el espejo. Se dio la vuelta a toda velocidad, pero él no estaba allí. Era tan guapo... ¿Por qué solo podía verlo a través del espejo? -se preguntó- Abrió el grifo, se mojó la cara y cogió la toalla para secarse. En ese momento sintió algo en su mano, como si alguien la tocara, y gritó. Tiró la toalla al suelo, y las gotas de agua resbalaron por su rostro hasta llegar al suelo. Intentó calmarse y se agachó para recoger la toalla y limpiar el suelo. Cuando estaba acabando, sintió como si algo la atravesara y cayó al suelo sin conocimiento. 
Cuando despertó, ya estaba en la cama. No supo cómo había llegado hasta allí, pues vivía totalmente sola y, que ella supiese nadie tenía llave para entrar en su casa. Se incorporó y lo vio sentado al otro lado de la habitación.
¿Quién eres? -preguntó- Pero no obtuvo respuesta. El chico se acercó a ella poco a poco para no asustarla y la cogió de una de sus manos y le dio un beso. Tenía un tacto casi transparente, raro, como si no fuese real. Ella, un poco asustada, retiró la mano rápidamente y él se acercó más a ella. Le susurró algo al oído y ella dejó de temerle, ahora hasta se sentía segura ante su presencia. Le deseaba tanto... 
Tras unos segundos de silencio, él le dio un beso, suave, corto y provocador, que la dejó helada. Ahora estaba temblando y no era capaz de moverse. Él se retiró un poco hacia atrás, aparentando sentirse ofendido aunque  no era cierto. Ella se abalanzó sobre él y lo tiró en la cama. Se puso sobre él, y cuando estaba a unos pocos centímetros de sus labios, él simplemente desapareció. 

cruel

domingo, 20 de noviembre de 2011

voy a ser breve.

No puedo más de verdad he llegado al límite ya está bien, no será porque yo no he puesto de mi parte. El problema lo tienes tú, si no quieres perderme vas a tener que luchar porque ya estoy harta, muy harta y esta vez ha sido la última que he intentado arreglarlo sino es la distancia, te equivocas, lo que nos distancia es tu egoísmo y mientras tu solo mires por ti, yo solo voy a mirar por mi, así que eso no es una amistad pero eso es lo que te has ganado. It´s over.

Fans.

Ser fan de alguien para mi, es adorarlo en todos los sentidos. Por ejemplo en el caso de un cantante, empiezas a escuchar su música, sin saber bien por qué, empieza a gustarte más que las demás. Vas buscando canciones y más canciones y cada vez adoras más a ese cantante. Poco a poco vas descubriendo más cosas de él; cómo empezó, qué es lo que más le gusta, cómo se comporta fuera de los escenarios... y te vas dando cuenta de que lo adoras. Sin darte cuenta vas tarareando sus canciones por la calle, te las pones en el mp3 porque necesitas escucharlas  a menudo y le hablas a todo el mundo de él. Cada día tienes más ganas de verlo en directo, comprobar si es tan bueno en directo y verlo bien de cerca, sentir que es real, que personas con tanto talento existen y no paras de ver vídeos y vídeos en el youtube. Sientes que el corazón se acelera con cada movimiento sexy y con cada palabra que se desliza desde su garganta hasta sus labios y no puedes evitar que te salga esa sonrisa tonta cuando recuerdas algo que ha dicho, o alguna tontería que le has visto hacer. Ahora es el mejor para ti, el único que te llena verdaderamente y sientes que no has visto nada mejor antes, pero la verdad es que todo eso es efímero y que a no ser que verdaderamente sea un fuera de serie y continúe teniendo éxito muchos años más, en un par de años ya ni le recordarás e incluso te avergonzarás de recordar lo tonta que te ponías cada vez que escuchabas una canción. Es triste que algunos artistas que de verdad valen, duren solo un par de años en la cima, porque se lo han ganado y que por culpa de las discográficas que han perdido el interés en ellos, habrá mucha gente que no los llegue a conocer nunca y lo que es peor, estarán fastidiando el sueño de mucha gente, el trabajo tan duro que han tenido que hacer para llegar hasta allí y todo, por un par de niñatos que están de moda y que hacen ganar mucho más dinero. 

mirror.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El miedo de perder a alguien

A veces el miedo de perder a alguien es el que nos provoca perderlo verdaderamente. Un día empezamos a sentir que ha habido una vuelta de tuerca en nuestro interior, un cambio que se oculta a nuestro consciente pero  que el cuerpo no puede pasar por alto. El cuerpo poco a poco se encarga de llamar nuestra atención, dando pequeñas punzadas en nuestro interior en determinados momentos. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que algo pasa y nos sentimos mal sin motivo aparente. Entonces, el freno que sostenía la tuerca se suelta, y la deja de terminar de girar haciéndonos comprender aquello que ya sabíamos. 
Está en nuestras manos hacer algo con ello o no, pero no siempre el quedarse quieto, agazapado detrás de un matorral, va a impedir que el enemigo nos descubra. Hay que evitar pensar que las cosas se arreglan solas porque no, no lo hacen y en todo caso solo pueden ir a peor. Esto no significa que inmediatamente nos lancemos al ataque, ya que hay que reflexionar muy bien antes de moverse, pero hay que encontrar el valor y una vez que se sabe lo que se quiere hacer, hay que esforzarse para no rendirse porque, quien sabe, quizá tras ese pequeño paso se encuentre la mayor felicidad de nuestras vidas o quizá no, pero por lo menos habremos dado el paso, nos habremos quitado esa pesada carga. Porque tenemos que tener claro que una vez esa tuerca ha girado en nuestro interior, ya no hay vuelta atrás; ya no podemos retroceder y volver a dejarlo todo como estaba y tampoco podemos hacer como sino hubiese pasado ya que nuestros pensamientos y sentimientos acabarían volviéndonos locos. 

un millón de cicatrices.

jueves, 17 de noviembre de 2011

lost in my way.

Siento la presión de todas esas personas que me han dejado incompleta. Historias sin final que llenan mi memoria. Veo como las vidas de esas personas han avanzado y yo, siento que aunque me esforcé por avanzar, no he podido obligar al corazón a sanar automáticamente. Solo pienso que se me acumulan personas que olvidar y que yo cada vez que veo sus nombres en la pantalla siento un crujido en mi interior. Les eché un poco de arena con una pala rápidamente, pero creo que con el viento, esa arena, ha empezado a desaparecer, y otra vez vuelven a sobresalir por encima del suelo nuevo. 
A lo mejor es aburrimiento; si tal vez sea eso, no puede ser que vuelvan a dolerme las mismas heridas otra vez. Debe ser que no tengo mucho en lo que pensar últimamente, debe ser que no hay suelo nuevo que pisar, que otra vez esta maldita rutina me asfixia y me aleja de los que quiero. Estoy un poco cansada, siento estar distante en ocasiones, pero creo que no tengo fuerzas para más. Soy feliz, de verdad que sí, más de lo que lo he sido normalmente y eso es gracias a las personas que me enseñaron no solo a sonreír, sino a gustarme la idea de sonreír. Esas personas me enseñaron a pisar fuerte cuando yo andaba de puntillas, y me enseñaron que sonriendo se vive mejor. Todo lo malo se lleva mejor con una carcajada y si perdemos el sentido del humor ¿Qué nos queda?
Hoy afirmo que soy alegre, que sonrío aunque el cielo se me caiga encima después. Los días son la mitad de largos, gracias a esto. Recuerdo cuando iba hecha pedazos por ahí, compadeciéndome a mí misma, sin poderlo evitar. Vivía en la depresión continúa, lo tenía como modo de vida, como escudo. Ahora he aprendido que se puede vivir de otra manera, que se puede ser feliz con poco y que lo poco es mucho pero no puedo evitar caer de vez en cuando en abismos que aun quedan de mi antiguo yo. Me gusta sentir el aire en mis ojos, que derraman lágrimas sin querer y sentir que aun quedan sentimientos en mi, que aun hay algo que puede hacerme llorar, sentir algo que no sea amargura o frialdad. Estoy evolucionando poco a poco en lo que quiero llegar a ser, espero llegar algún día a enorgullecerme de quien soy de lo que hago con mi vida pero hasta entonces, pelearé, lloraré, gritaré al viento con toda mi rabia y sonreiré ante todo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

historias para no dormir

La casa estaba en silencio, solo se podía oír el sonido de un viejo reloj, que aunque nunca daba la hora, nunca se detenía. Las ventanas estaban rotas, el aire frío de la noche pasaba perfectamente a través de ellas. La puerta, seguía entornada, como años atrás la había dejado su último dueño.
Medio kilómetro al este, un niño se levantaba de la cama sonámbulo y salía al porche. El niño era moreno, de ojos marrones, con unos labios grandes y carnosos. Tenía 5 años y desde que empezó a hablar, decía que veía gente a la que otras personas no veían y hablaba con ellos al igual que con el resto de personas que conocía. Era un niño solitario, tímido y callado, al que nunca nadie elegía para jugar. Los niños de su clase le tenían miedo, porque su aspecto era siempre de estar como ido. Cuando iba al colegio, se sentaba en la esquina de la clase, y conversaba con lo que él llamaba "sus verdaderos amigos". Como era normal en todas las clases, había un niño que se acercó, inocente de él, y se burló. Nadie vio al niño hacerle nada, nadie pudo culparlo. Solo vieron como el niño que se le había acercado, cogía un bolígrafo, se lo clavaba a sí mismo en la garganta y se tiraba por la ventana. Cuando miraron hacia su dirección, el niño mostraba una sonrisa, con los labios extendidos al máximo en una mueca terrorífica que tan solo duró unos segundos. Lo suficiente para que los demás niños tuvieran pesadillas los meses siguientes.
Aquella noche, el niño tuvo un sueño, supo que debía ir a la casa que estaba al lado de la suya, y sin saber que eso estaba pasando en la realidad, se levantó de la cama, bajó las escaleras, salió al porche de su casa y emprendió el rumbo a través del jardín. Estaba profundamente dormido y en lo que el creía un sueño, le ordenaron que entrara en la casa. Él obedeció, con su pequeña mano abrió la puerta, metiendo la mano por el hueco que había entre la puerta y la pared. Antes de que le diese tiempo a abrirla, un viento inesperado la cerró, con una fuerza inhumana pillándole los dedos de la mano. El niño soltó un alarido de dolor, y se despertó súbitamente. No sabía dónde estaba, pero sentía mucho dolor y mucho miedo. Algo le empujó al interior de la casa. Podía oír quejidos, suaves gemidos y algunos que otros sonidos extraños. Por primera vez en su vida, no vio de quien provenían y eso lo asustaba todavía más. En las paredes se rayó la siguiente frase: -Yo no te voy a clavar un bolígrafo, pero tú, vas a morir esta noche. El niño, ya no tenía miedo, sabía que no merecía la pena tenerlo, y con calma se sentó a esperar. De repente oyó como las agujas del reloj, eran arrancadas y cerró los ojos inspirando profundamente. Cuando los iba a abrir, las agujas se le clavaron en los ojos. No le dio tiempo a gritar porque después de aquello flotó por los aires hasta salir despedido por la ventana. Así, se vengó el espíritu aquella noche.
Ahora cuando alguien entra en aquella casa, aun puede escuchar el sonido de las agujas del reloj, aun puede sentir la fuerza con la que todo ocurrió en esa casa pero nadie sabe, que las agujas que ahora vuelven a estar en su sitio, antes estuvieron en dos preciosos ojos de un niño pequeño.

Y aunque lo intente no se me olvida.

Que sigo siendo la misma loca que entre tus sábanas se perdía ... sigo siendo la misma idiota que te quería. (8)

martes, 15 de noviembre de 2011

terror.

Sueño con el balanceo suave de una mecedora, me balanceo; hacía delante, hacía atrás. Tarareo una canción, cierro los ojos. Poco a poco la mecedora va cogiendo velocidad, las patas chirrían levemente cada vez que me impulso. El conjunto de sonidos se vuelve desquiciante. Abro los ojos bruscamente, puedo verlo, está allí, mirándome fijamente. El miedo recorre mi espina dorsal y me deja paralizada. Dejo de mecerme, pero la mecedora no se detiene, y continúa chirriando hasta reducir la velocidad. El espectro empieza a venir en mi dirección. Cuando quiero darme cuenta, ya he dejado de tararear, la garganta se ha bloqueado, la boca está seca. Mis ojos empiezan a picarme, quiero poder gritar, moverme, hacer algo, pero soy consciente de que no voy a poder. Intento calmarme. El espectro se detiene a pocos metros de mi. Levanta la cabeza lentamente, dejando asomar el rostro a través de su pelo. Está pálido, tiene la mirada perdida, los ojos hundidos. Parece buscar a alguien. De repente, levanta el brazo, y me señala con un dedo. Yo me aferro a la mecedora, como si aquello pudiese salvarme. El espectro, empieza a abrir la boca lentamente, y dice: - Tú, ¿Quieres hacer el favor de bajarte de mi maldita mecedora?. Y sonríe sarcásticamente. 
Intento tragar saliva. Parece enfurecerla más. Empiezo a notar un movimiento y cuando me quiero dar cuenta la mecedora me ha tirado al suelo. Me intento levantar como puedo y torpemente salgo corriendo. La puerta se cierra. Lógico. Era de esperar. Intento abrirla, no hay forma. Le pego una patada al pomo, este se cae al suelo con un ruido ensordecedor. Ella se ríe cada vez más y cuando me giro, la veo sentada en la mecedora. 
Pienso en las ganas de que me trague la tierra y me pongo a temblar. Explotan las ventanas, cristales y más cristales vuelan por los aires y sin sentido alguno, acaban dirigiéndose a mi. Lo sé, ya es demasiado tarde. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Hubo una vez una niña que quiso ser mayor demasiado pronto. Ella solo quería demostrar que era madura, que vivía en el mundo de los mayores, que estaba preparada para ello. No quería ser tratada como una niña nunca más. Y así, cometió el engaño de acelerar los años de su vida, y de olvidar el momento presente, solo concentrándose en lo que vendría después. Cuando se quiso dar cuenta, era ya mayor. Al fin, había llegado lo que con tanta ansía había estado esperando. Ahora ya nadie la trataba como una niña, todos esperaban cosas de ella, todos la miraban de otra manera, y fue entonces cuando se dio cuenta de que quería volver atrás; quería ser la niña que nunca se había permitido ser. Quería correr sin límite, sentir el corazón salirse de su pecho, quería  llorar sin tener que esconderse, y sobretodo, quería correr a los brazos de su madre cuando tenía miedo. Ahora ya no podía hacer nada de eso. Se dio cuenta de que había vivido demasiado rápido, que en realidad lo que no había hecho, era sentir. 
Como todos alguna vez en nuestra vida, quiso tener una máquina del tiempo, y volver a esos momentos en los que aun no había tenido que dejar de ser una niña, para convertirse en una preadolescente dura, y harta de la vida. Quería volver a la única época de su vida, que recordaba con anhelo. Quería volver a los juegos inocentes con sus compañeros, a las bromas sin malas intenciones, a dejar de preocuparse por todo y sobretodo quería volverse a sentir parte de algo, de algún lugar. Ahora se sentía fuera de lugar como una extraña en todas partes, extranjera en cualquier sitio que pisaba. No pertenecía a donde estaba ahora, pero tampoco podía volver a donde estaba antes, porque todo había cambiado ahora. 
Solo sacó en conclusión una cosa: nos empeñamos en no vivir el presente, vivimos programados para pensar en el futuro, para vivir para el futuro sin darnos cuenta de que quizá no sobrevivamos ni al día que tenemos delante.

viernes, 11 de noviembre de 2011

drink then die.

Solo así, podía engañar a su corazón. Se sucedieron los vasos de ginebra. La vista pareció nublarse, una pesadez, empezó a apoderarse de su cuerpo. Todo era más fácil ahora. Se concentró en mover un pie detrás del otro, con normalidad, evitando tropezar. A lo lejos, se escuchaba una canción. Le sonaba, pero no era capaz de pensar en el título en ese momento. Estaba todo tan borroso...
Se dejó llevar por el ritmo, se giró sobre sí misma y marcó un par de pasos de baile antes de caer estrepitosamente al suelo. Le vino un súbito deseo de que viniese su príncipe a levantarla, pero supo que eso no iba a ocurrir. Se incorporó como pudo, y esperó a que todo dejase de girar. La música se extendió y ahora solo había silencio. Un silencio que le hacía sentirse culpable. Entornó los ojos y un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Se levantó como pudo y cogió el teléfono. Llamó por décima vez aquella noche a la única persona que podría sacarla de aquel estado, pero no halló respuesta. Decidió asumir que aquella vez no la perdonaría, había llegado demasiado lejos, y ya no había vuelta atrás. Necesitaba disculparse, quitarse es pesada carga, pero ya no quería escucharla. Se tiró de mala gana en el sofá y encendió la tele. Tras varios intentos por encontrar alguna programación decente, desistió, tiró el mando al suelo y se recostó en el sofá. Cayó en un trance, se le pusieron los ojos en blanco. Empezó a temblar bruscamente y de repente su alma partió a un lugar lejano, sin saber si volvería.

domingo, 6 de noviembre de 2011

fight.

-Dime, princesa, ¿ Qué es lo que te hace afligirte de esa manera?
- Siento como si alguien me hubiera administrado morfina, debería estar derrumbándome, gritando desesperada, sin más lágrimas en los ojos que llorar, y solo siento un leve dolor aquí dentro, dónde supongo que está mi corazón. Siento como si todo estuviese tan mal que no tiene sentido preocuparse por ello.
- ¿ A quién le debo hacer pagar?
- A todos aquellos que a base de palos consiguieron convertirme en una piedra. Me siento como uno de esos monjes guerreros, que tras muchos golpes y morados, son capaces de romper ladrillos. Ahora mismo, si alguien pudiese arrebatarme algo más, no notaría demasiada diferencia. ¿ Significa eso que estoy loca, o aun no lo he asumido y estallaré tarde o temprano?
- Cierra los ojos. Imagina que nada de esto ha pasado. Solo estamos tu y yo en medio de una montaña, cogidos de la mano. Podemos respirar un aire frío, de esos que congelan la garganta y los oídos. Y andamos a través del fuerte viento que se acaba de levantar. Vislumbramos un camino que se divide en dos direcciones, decidimos ir por la derecha y aparece ante nosotros un lago precioso.
Ahora imagínate, dentro del lago, nadando, como si el frío no importase nunca más. Has desarrollado un mecanismo de defensa para tu mente, ya no quieres sentir el frío, como si así no se fuesen a entumecer tus extremidades. Está bien, cuando estés preparada, dejarás de hacerlo. No tienes de qué preocuparte, ahí estaré yo para reconstruir ese alma tan preciosa que tienes. No dejaré que te pierdas. Recuerda, siempre hay algo de luz en la oscuridad, siempre y cuando te esfuerces por encontrarla. Yo seré el faro que te alumbre, pero vas a tener que venir a buscarme al otro lado.

sábado, 5 de noviembre de 2011

...

Algo que nos aterra más que el día de halloween, el final de la carretera que circulamos y que en algún momento tendremos que abandonar. El final está ahí, detrás de cada esquina, de cada situación difícil que atravesamos, de cada acción imprudente que comentemos y de un sinfín más de errores que no dejamos de cometer. El final aterrador de las cosas tanto de las que odiamos como las que adoramos. No queremos que nada acabe, tenemos esa capacidad extraordinaria de acabar acostumbrándonos a lo malo y de aborrecer lo bueno. No sabemos cómo funciona nada en nuestra mente, ni tan siquiera terminamos de entender nuestro cuerpo. ¿ Qué podemos decir nosotros que de verdad sea cierto? ¿Cómo acallar esa vocecilla que nos carcome día a día? ¿Cómo escapar de las pesadas losas que la sociedad de nuestro tiempo nos pone encima? ¿ Cómo hacer lo que uno de verdad quiere, sin arruinar todo lo demás?
Es muy bonito leer una frase escrita por otro, ver una película o escuchar una canción, en la que el protagonista nos hace reflexionar sobre todo eso de romper con la aplastante rutina, romper las reglas y conseguir lo que uno en realidad quiere, pero, ¿ No es cierto que casi siempre está demasiado lejos de nuestro alcance? ¿ No lo parece, al menos?
 Nos aferramos a lo que ya conocemos como a un salvavidas aunque quizá lo que no conocemos sea mejor, pero ¿ Para qué arriesgarse, para que poner en riesgo todo lo que ya tenemos sin saber si conseguiremos algo? Y así con este miedo, nos mantienen haciendo cosas que no queremos hacer, nos ilusionan pensando que todo irá a mejor, y nos motivan cuando ya no podemos más. ¿ Somos libres realmente? ¿ Podemos salirnos de lo común? Sinceramente, no lo creo.

the vampire diaries.

- ¿Qué vas a hacer, Elena? ¿Vas a quedarte ahí, esperando a que me seque?
- No, voy a irme a casa, a cuidar de mi hermano, a ser amiga de Bonnie y hacer todo lo demás que tengo que hacer.
- Bien por ti. Sabes, me estaba preguntando cuando te ibas a dar por vencida.. Lexi te dio un vistazo a tu trágico futuro.
- No me he rendido, Stefan, todavía tengo esperanza, pero no puedo hacer nada hasta que tu recuperes la tuya. 
Oye, - le gira la cabeza para que la mire a los ojos-  Puedes superar esto, lucha por ello, ¡siente algo Stefan, lo que sea.! Porque si no lo haces, me perderás para siempre. No amaré un fantasma por el resto de mi vida.
Se giró y se fue, dejándolo allí, atado en esa silla, con un dolor más fuerte del que los puñales que le habían clavado antes podía provocar. Solo sabía que necesitaba volver  a sentir, pero no sabía cómo. Lo habían bloqueado, no era su culpa, quizá lo matase después de todo. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

mini relato xD

Cogió la bicicleta, empezó a pedalear todo lo fuerte que podía y, cuando ya alcanzó la velocidad deseada, empezó a gritar. Subía y bajaba las cuestas que deformaban la carretera, mientras cantaba una canción a todo pulmón. Era demasiado feliz como para quedarse en casa sin hacer nada, necesitaba gritarle al mundo lo feliz que era, y ya que sabía que a nadie le iba a interesar, decidió gritárselo al viento. 
De repente, un coche se cruzó en su camino y estuvo a punto de atropellarla, pero eso, solo le hizo tener más adrenalina recorriendo sus venas. Miró hacia atrás y vio como el sol se escondía detrás del castillo de su pueblo. Aquella imagen le conmovió, adoraba ver el atardecer y eso le recordó que no tenía demasiado tiempo de luz para volver a casa. Cambió de dirección y emprendió el retorno a casa, mientras sentía como el aire le despeinaba y enredaba el pelo. No le dio ninguna importancia, no pensaba que nadie la fuese a ver. El sudor recorría su frente y descendía por su cara lentamente mientras ella pedaleaba forzosamente para subir la última cuesta. Y antes de que le diese tiempo a parpadear, apareció ante ella un mochuelo cayendo hacia el suelo. Se quedó extrañada al verlo, eso no podía ser muy normal en un ave de aquel tipo y decidió bajarse de la bici. El pájaro aterrizó en el suelo haciendo una maniobra bastante forzosa. Resultó que tenía una pata rota y por eso, no podía continuar volando. La chica, sin pensarlo dos veces, lo recogió y lo sujetó con una mano. Con la otra, sujetó la bici, y continuó su camino. 
Cuando llegó a su casa, decidió que debía observarlo para ver si podía curársela y vio que tenía una nota enganchada en la pata que estaba supuestamente rota. En ella ponía: Querida Rosa, espero que mi pájaro sepa llegar hasta ti, llevo meses enseñándolo a buscarte. Te envío esta nota para decirte algo que nunca he sido capaz de decirte en todos los meses que llevamos siendo amigos; Lo cierto es que me enamoré de ti pasado el primer mes, cuando empezaste a abrirte conmigo, y a contarme todas tus cosas y después no se cómo, necesitaba más cada día y no podía dejar de pensar en ti. ¿ Por qué te digo esto ahora te preguntarás?
Es muy sencillo, he recibido una oferta de trabajo. En una semana me voy a Londres a vivir y no sé si volveré a verte. No sé que estarás pensando ahora mismo, pero, ¿ Te vendrías conmigo? 
PD: El pájaro sabe volver solo, así que solo tienes que enviarme tu respuesta. Besos.
Ella empezó a temblar, algo en su interior le decía que ya sabía todo aquello y que no debía pensárselo mucho, pero su cabeza le recordaba que no era todo tan fácil. Cogió un boli y un papel y escribió lo siguiente: Ahora mismo estoy hecha un lío, por favor no te vayas sin que quedemos antes, no sé que va a ser de nosotros. Y lo ató a la pata del pájaro y lo lanzó a la calle.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

las k esten depres k no lo lean xD

Sus ojos liláceos lloraban lágrimas cristalinas cada vez que el viento lo rozaba. La chica entornó los ojos dejando juntarse las lágrimas. Cuando volvió a abrirlos lo veía todo más claro. Se sentía débil y pequeñita y cuando comprobó que nadie la miraba, pasó sus brazos por alrededor de su cintura y continuó caminando. Sintió una calidez que necesitaba al hacerlo y, por un momento, se sintió mejor. Una paz inesperada la inundó y se dio cuenta de que ya no quería llorar. Con decidida determinación subió los escalones de su casa, abrió la puerta, recorrió el pasillo que tantas veces había recorrido. Cogió un bote de pastillas y una botella de agua, y, movida por alguna fuerza desconocida y por un nerviosismo incontrolado, fue tomándose una pastilla tras otra hasta perder la cuenta. De repente, se paró a pensar en lo que estaba haciendo. Se preguntó si de verdad estaba preparada para morir y antes de venirse abajo, se dijo a sí misma que eso era lo que quería y cogió un papel y un bolígrafo y escribió lo que podrían ser sus últimas palabras. No tenía muy claro qué debía escribir en aquel papel; no sabía si disculparse, si decir sus motivos. Tal vez a nadie le importasen -pensó-  Y mientras pensaba aquello se dio cuenta de cuanto esperaba que alguien la llorase, que alguien la apreciara a pesar de su muerte... y firmó la hoja. Se tumbó lentamente y se dejó llevar sin pensamiento alguno por un sopor desconocido. Y así dejó este mundo. Pasó a ser un alma maldita más en el infierno.
Una hora después, su madre pasó a buscarla y la encontró fría y con una expresión terrorífica en el rostro. Soltó un alarido indescriptible y con un terrible esfuerzo, se acercó a su hija y en vano intentó tomarle el pulso. No podía creérselo. No entendía por qué su hija había hecho aquello y fue entonces cuando vio la hoja de papel tirada en el suelo. Enjugándose las lágrimas y tapándose la boca para no gritar sin control, comenzó a leer:
Querída madre: 
Supongo que serás tu la que me encuentre, siento todo lo que vas a sufrir ahora, pero tranquila, solo serán unos meses, después tu y yo sabemos que te dedicarás por completo a tu pareja y que dirás que jamás has tenido hijos. He de decirte que no te odio, ahora ya no. Has sido una egoísta y jamás te lo perdonaré, pero  si hoy dejo este mundo, me habré librado de ti y sobretodo de él. Diles a los demás que no sufran por mi, esta muerte no duele, o eso he leido,. La vida no era para mi y llevo demasiado tiempo sabiéndolo solo que no tenía el valor de dejarla. Hoy seré libre, como yo quería. No lloréis por mi, ahora ya no tendrá solución. Haced vuestras vidas y no dejéis que se vuelvan un infierno como lo fue la mía. Adiós.
Después de leerla, llamó a la policía y se tiró al suelo silenciosamente, dejándose consumir por el dolor.