Y tras la tempestad de afuera, llegó la calma en mi habitación, entre las suaves sábanas de la cama que tanto deseaba ocupar. Me pregunté si estarías pensando en mi, al igual que yo no era capaz de sacarte de mi cabeza. Había intentado borrarte, e incluso tras mucho esfuerzo, había conseguido encerrar tu imagen con llave en un rincón lejano de mi mente. Te recordaba lo justo y ya se me había vuelto fácil no tenerte presente, pero hoy me he vuelto a acordar de qué era lo que te hacía especial para mi; no es tu físico, ni tan siquiera tu personalidad. Esto va más allá de eso. Hay algo en ti que me hace sacar mi verdadero yo, con total naturalidad, eres especial porque has vuelto a sacar ese lado que llevaba escondido tanto tiempo y que echaba tanto de menos de mi misma. Vuelvo a sentirme como la niña inocente que un día fuí y solo en este mundo utópicome siento completa. Porque sí, a mi también me gustaría volver al pasado, y dejar de ser la "madre" que todos conocen. Me gustaría volver a las tonterías con los amigos, a los insultos que no se decían para herir sino para picar, a las carreras que me pegaba para defenderme, a las risas verdaderas, al sentimiento de plena felicidad y la sonrisa imborrable de mi cara...
Lo más divertido, es que sé que hay algo que yo también te he hecho a ti, porque, aunque sepas disimularlo te afectan de una manera especial las palabras que yo digo y sé que estarás escuchando. Eso también me encanta; eres de las pocas personas en mi vida que de verdad tiene interés por lo que digo y no por intereses propios. Para mi, eres lo que se llama un alma gemela, y, aunque hayan muchas cosas que odie de ti en el fondo, siento como si tuviéramos la misma esencia, como si fuera inevitable nuestra conexión y lentamente caí en un sueño profundo y, simplemente, dejé de pensar.