jueves, 13 de noviembre de 2014

Cada caballo que monto, o he montado, se ha llevado un pedazo de mi alma. Nunca es igual. Me he enamorado de unos cuantos, y a la mayoría, no he tenido más remedio que dejarlos ir. El sueño de mi vida es tener más libros de los que me dé tiempo a leer; con los caballos, sin embargo, no me pasa lo mismo. Me gustaría poder quedarme con alguno con el que realmente conecte y no me hará falta ninguno más. Siempre he sido de querer muchas cosas, y pocas personas. Y, cuando digo personas, también me refiero a los animales. Tengo cuatro gatos, pero realmente solo le tengo aprecio a uno. Soy de las que prefiere calidad, que cantidad, y supongo que no podría ser de otra manera.
¡Menuda vida me ha tocado vivir! Qué tampoco está la cosa como para quejarse, pero no faltan motivos. Lo cierto es, que, a pesar del pasado y del presente, he aprendido a ser feliz, y no me va nada mal. No tengo muchas cosas, y cada día tengo menos personas, pero eso no va a frenarme, y mucho menos, a hundirme. No es fácil, ni es tan simple como este texto, pero se puede decir que he encontrado mi camino, y de momento, me dispongo a recorrerlo, a dejarme llevar. A ser posible, a lomos de un caballo.
¿Qué será el día de mañana de mí? Pues, no tengo ni idea, pero he dejado de darle tanta importancia.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Días lluviosos.

Hoy ha sido un día nublado, de esos que siempre me ponían triste.
O tal vez era una excusa más para regodearme en mi melancolía.
Sí, lo cierto es que llegó un punto en que estaba tan acostumbrada a estar triste, que me gustaba estarlo. Bueno no es exactamente así,
pero lo disfrutaba. Es algo parecido al síndrome de Estocolmo, supongo. Lo cierto y verdad, es que ya no tengo motivos para estar triste. Tengo una vida completa y llena de momentos felices. Y he aprendido a luchar contra las dificultades, y a hacer crecer mi autoestima, y a no venirme abajo a la primera de cambio. Sobretodo, y lo más importante, estoy aprendiendo a dejar de decir: no puedo. Poco a poco he cambiado tantas cosas de mí, que se podría decir que no soy la misma persona. Aunque sí lo soy, pero he eliminado o reducido un montón de cosas que me caracterizaban. Ya no soy la chica invisible, tímida, introvertida y triste. Y, aunque muchas cosas han cambiado para bien, otras lo cierto es que no tanto. He tenido que cambiar ciertas partes de mí, que, aunque me gustaban, provocaban que el resto hiciera conmigo lo que quería. Ya no soy tan buena amiga, ni tan buena persona. He aprendido a ser cruel con quien se lo merece y egoísta. Y a no ceder a lo que los demás quieren. Sobretodo, he perdido el miedo a quedarme sola, y eso es liberador. Si tengo que decirle algo a alguien se lo digo, ya no me lo callo por miedo a perderlo, o a lo que pueda pensar. Lo malo es que esto solo funciona en el sentido negativo. Sin embargo, cuando debería decir lo bueno, lo que siento por los demás, todavía me siento incapaz. Todavía hay muchas cosas que me frenan, y sigo guardándomelo todo por dentro. Estoy trabajando en ello, pero todavía necesito que alguien se gane mi confianza lo suficiente como para que me arriesgue a intentarlo. Y de momento todo son fracasos, y decepciones. Y borrones y cuentas nuevas. Y yo así cada vez me abro menos. También he aprendido a no escuchar a quien no me escucha a mí, pues me he cansado de hablar sola. Y a lo que iba, que se me va el hilo, ya no me pongo triste en los días nublados.

miércoles, 4 de junio de 2014

He encontrado la paz. Para ello me tuve que rodear de naturaleza, pues dónde iba a  haber más calma que el lugar al que verdaderamente pertenecemos. Aceptemoslo, pertenecemos a la tierra, al aire puro, y al silencio. Aunque nunca estamos solos, y tampoco en silencio. Solo tienes que aprender a escuchar, y a ver y sobre todo, apreciar. Ojo, que no es lo mismo que conformarse con cualquier compañía o con cualquier cosa.
Para ser feliz solo tienes que encontrar tu pasión, aquello que te hace temblar y sudar con solo pensar en ello. Ya sea una persona o una actividad, disfrútalo al máximo mientras dure, no desperdicies ni un solo segundo, no pienses, actúa, y mientras tanto te sentirás pleno. No importa si las cosas salen mal, no te rindas, recuerda que si luchas lo suficiente, puedes conseguir lo que sea. Y poco a poco irán apareciendo resultados, poco a poco se notará una mejoría, y de repente, echarás la vista atrás, y no podrás creer cuánto ha cambiado todo.
Rodéate de gente que te apoye, y que te comprenda. O por lo menos que lo intente. Y no olvides que en la variedad está el gusto. Relaciónate con todo tipo de personas. No prejuzgues, y sin darte cuenta, verás que la vida se ha vuelto más fácil, y que ya no eres quien solías ser. Pero que así es mejor.

lunes, 28 de abril de 2014

Después de tanta oscuridad, de bloquear sentimientos y pensamientos hasta dejar de sentirlos, y del frío, he decidido parar de una vez. No sentir estaba bien, porque me hizo centrarme en mí misma, repararme, quererme, ser completamente egoísta, y hacer las cosas que necesitaba hacer en un determinado momento. Pero lo cierto es que esta no soy yo. Ayer, recordé cuánto me gustaba estar ahí para alguien que me necesitaba, que estaba mal, y la gratificación que da haber colaborado, aunque fuera solo un poquito. Recordé cuánto me gustaba ayudar a los demás, comprender emocionalmente las cosas, y no solo intelectualmente, y en general, ser una buena amiga.
Porque al fin y al cabo, eso siempre me ha caracterizado, siempre fui una buena amiga por encima de todo. O eso creo yo. Aunque he cometido errores, como todo el mundo. Pero últimamente he estado tan centrada en mí, que no es que mis amigas me hubieran dejado de importar, creo que eso no podría pasar jamás, pero quizá no les he prestado la atención y comprensión que han podido necesitar. Parece que se me ha olvidado un poco cómo hacerlo. Pero todavía sé escuchar, todavía sé dar consejos, aunque ya no estoy segura de querer darlos. Yo no tengo la clave del mundo, y no puedo llevar siempre razón. Aunque ojalá. Aunque fuera solo por poder ayudar de verdad, y no sentirme inútil.
El caso es que estoy entrando en una nueva fase; y me estoy recuperando a mí misma. Cada día me siento un poco más como la "yo del pasado" pero solo en la parte positiva que me toca. Es decir, no voy a tirar por la borda todo lo que he aprendido. Pero quiero recuperar aquellas partes de mí, que siempre me han gustado. Además sigo en mi lucha interior intentando ser mejor persona cada día, hacer las cosas bien, pero ahora solo con quien lo merece.

miércoles, 23 de abril de 2014

Microcuento.

Y así, de repente, se curó un alma rota. El amor es el único capaz de curar ciertas heridas. Heridas que provoca precisamente la falta de este.
Ella hacía tiempo que no se miraba en los espejos, no quería pelearse con su reflejo. Para ella solo contaba su interior, sus buenas intenciones, y sus ganas. Ganas de ser, de gustar, de darse a conocer. Y quien no fuera capaz de ver lo obvio, no merecía ni su tiempo, ni su sufrimiento. Pues era como un libro abierto; Había dejado de esconderse mucho tiempo atrás, ahora solo quería que la leyeran, y que les gustase tanto, que la volvieran a leer.
Él era de los que pensaba demasiado, aunque no lo demostraba. Siempre le había gustado sentir, pero vivía en un mundo en el que eso estaba mal visto, así que se dedicaba a vivir, y a disfrutar del momento, aunque con los ojos bien abiertos. En el fondo, sabía lo que quería. Y encajaba bastante bien con aquella chica que apenas conocía, pero que había conseguido atraer su atención.

El resto ya es historia. 

martes, 22 de abril de 2014

El caos de la vida.

Hay días en los que de repente, algún pequeño detalle te trae recuerdos del pasado, se reabren viejas heridas, vuelven viejos sentimientos. Si soplas, se van con el viento tal como han venido, y no dejan más huella que la arena del tiempo. 
Qué no entiendes nada, tranquilo, yo tampoco. Hay cosas que creemos haber superado, que hemos enterrado, y  en las que ya apenas pensamos. Creemos erróneamente que ya no nos pueden hacer daño, pero un día, una palabra, una discusión con otra persona, incluso la escena de una película, nos devuelven a aquel momento. Y lo cierto, es que puede que lo recordemos nítidamente o no, pero el sentimiento que nos dejó, ese no se olvida. Ese quedó marcado en la piel, pero en la del corazón. Y duele, aunque sea un poco. Y tratamos de no pensarlo, de no sentirlo, pero el daño ya está hecho, la herida se ha abierto un poco. Y ahora qué. 
Vuelta a empezar, la vida es así. Sufrir, superar cosas, aprender, olvidar, cerrar los ojos y caer de nuevo en la misma trampa, o en una parecida, qué más da. Y a veces nos faltan fuerzas, y perdemos el rumbo, y se nos olvida el sentido de la vida. Y queremos rendirnos, como cuando éramos pequeños, y jugábamos al veo veo. Pero ya no podemos, ahora toca seguir adelante, aunque no acertemos. Aunque sigamos equivocándonos, tenemos que seguir jugando. 
Pero, ¿y los días en que todo va bien? ya nadie habla de esos días con tanta crisis, y tanto drama en el mundo. Pero todos tenemos esos días alguna vez, sino de qué. Esos días en los que saltamos de alegría, en los que nos sentimos con fuerzas para cambiar el mundo, y quizá con el motivo más absurdo, pero a nosotros nos sirve. Días esperanzadores, que nos llenan de ilusión, que llenan de aceite al motor que mueve nuestras vidas, días que merece la pena vivir, y en los que nos enorgullecemos de la vida que llevamos. Hay días con la suficiente fuerza para cambiar nuestra vida, o por lo menos nuestro enfoque ante esta. 
Y así entre días rosas, días negros y días grises, pasa la vida. No lo olvides, no somos eternos. Nada lo es. Y al final, te das cuenta de que solo te queda el presente. Que el pasado ya fue, que el presente es el arma más poderosa que tienes. Que puede cambiar tu futuro, y sino, pues por lo menos dejar un bonito recuerdo. Y que el futuro no se debe descuidar, pero tampoco nos debe obsesionar. Que hay que vivir el día a día con plenitud, con responsabilidad, y, con algo de irresponsabilidad también, qué coño, hay que soltarse la melena de vez en cuando, y lanzarse a la pista de baile, aunque se baile sola. 
Aprendes poco a poco, y golpe a golpe, que no debes depender de nadie, y que si dependes, debe ser en la menor medida posible. Aprendes, que hay personas que son puentes, que solo sirven para algunos propósitos, pero que tarde o temprano, los cruzarás y habrás de dejarlos atrás. Y que otras personas, estas más bien pocas, estarán siempre, como el cielo sobre tu cabeza, o más vale que lo estén, si queremos que siga funcionando el mundo. 
Y que al final, ante algunas cosas siempre estarás sola, y a veces es bueno. Que hay que saber ser persona, solo y acompañado. Y salir enriquecidos de todo esto. Porque sino, ¿De qué sirve vivir? Aunque lo cierto es que la vida es una rueda, y que somos como los hamsters, que por mucho esfuerzo que pongamos, no salimos de ella ni intentando ir hacia atrás. Que hay cosas que no se pueden evitar, como el sentir, y otras, que no se pueden cambiar. Qué le vamos a hacer. Ojalá pudiéramos morir de sabios, ojalá las equivocaciones sirvieran para algo. Pero lo cierto, es que a veces hay que dejarse llevar. Y esperar que todo salga bien. Y si no, pues ya se sabe a seguir para adelante, con el dolor a cuestas y con la sonrisa en la cara. Como debe ser. 

miércoles, 16 de abril de 2014

Sentir = sufrir, la vida.
Difícil decisión la de sentir, para vivir, y en en camino sufrir, o apagar el botón, dejar de sentir y vivir la vida con menos intensidad, pero sin sufrimiento.
Hace tiempo apagué el botón de mi humanidad, me convertí en una pequeña psicópata, egoísta, fría, y sin ningún tipo de culpa o compasión. Pero echaba de menos mi forma de ser y abrí un poco la ventana hacia el sentir. Tal vez no del todo todavía, pero lo suficiente. Y no sé si me estoy arrepintiendo, pues más pronto que tarde, he empezado otra vez a menospreciarme, a poner por encima a los demás, a sufrir por ellos...
Y tampoco quiero actuar como si no hubiese aprendido nada. Y lo cierto es que tampoco quiero ser la persona que fui mientras no sentía, pues no quiero volver a hacer daño a nadie. Maldita sea, que difícil es encontrar el equilibrio.

lunes, 7 de abril de 2014

La primavera.

¡Ya ha empezado! Ha llegado la primavera a mis venas.
Todo empezó hace unos días cuando un par de lágrimas se deslizaron por mis mejillas al finalizar un capítulo de una serie. Por fin, el llanto, un primer paso hacia adelante. Por fin algo de empatía, algo de dolor ante el dolor de los demás, valga la redundancia. Y es que hacía tanto tiempo que no me permitía sentir... y mucho menos si se trataba de sufrir por alguien que no fuera yo misma. Y eso, paradójicamente, me hacía sufrir. ¿Por qué? porque yo no soy así, porque si algo me caracteriza es la empatía, el saber escuchar, el saber ponerme en la piel de los demás etc. Es algo de lo que siempre me he sentido orgullosa, ya que siempre me gustó ayudar a la gente, y siempre me rompo los sesos intentando comprenderla. Es algo que siempre ha formado parte de mí, pero que tuve que apagar, y lo echaba mucho de menos, me hacía sentir peor persona, y durante un tiempo, me funcionó, pero ya es tiempo de volver a ser yo misma. Es tiempo de ser quien quiero ser.
La cuestión está en encontrar el equilibrio en la balanza que compartimos los demás y yo. Durante mucho tiempo puse a los demás en el lugar superior, hasta que salí demasiado dañada. A partir de ahí, me puse yo, pero al cabo de un tiempo, tampoco me hacía sentir mejor. La solución es el equilibrio, pero es muy difícil de conseguir. Tengo que conseguir no dejarme pisar, mantenerme firme ante mis convicciones, y sentirme bien conmigo misma, y al mismo tiempo, ser humilde, respetar a los demás, y no pisarlos yo. Siempre preferí hacerme daño yo, que hacer sufrir a aquellos que me importaban, pero ahora no estoy tan dispuesta, y a veces no sé defenderme de la forma correcta. 
Ante tanta complejidad de pensamientos, solo me queda sentir la música, la naturaleza, y dejar que las cosas pasen. Ya no soy la persona que fui, tengo que asumirlo, aunque a veces, me eche de menos. Pero siempre puedo intentar ser una persona mejor, utilizar lo que he aprendido, y seguir aprendiendo cada día. Y disfrutar del momento, caminar mirando al frente, dejarme querer... esas pequeñas cosas que antes no sabía hacer. 

viernes, 4 de abril de 2014

Debajo de cada persona mala, hay una pequeña personita que no eligió ser así, pero que descubrió que era más eficaz serlo.
¿Os habéis preguntado alguna vez por qué alguna persona es como es? Desde que estudio Criminología, sé que somos un todo de sensaciones, sentimientos y pensamientos que van cambiando con el tiempo y que dependen demasiado de la sociedad en la que vivimos y de nuestras experiencias personales. Lo cierto es que la genética tiene mucho que ver. Heredamos parte de nuestro carácter, de nuestra forma de ser; otra parte tiene que ver con la educación que recibimos y lo que nos dicen que está bien y lo que está mal. Otra parte de nosotros, y tal vez la que más nos marca, es nuestra relación con los demás.
Cuando vemos a una persona fría, calculadora, estúpida y mordaz, tal vez lo último que pensemos sea en esto. Pero tal vez, no nació así, tal vez sufrió experiencias que le hicieron volverse así. En este mundo en el que vivimos estamos rodeados de violencia, de injusticia, muerte, enfermedad y barbaries. Y todo eso, nos cambia, nos hace ser de otra manera para poder sobrevivir.
El pasado es algo de lo que es difícil huir, siempre vuelve, atormentándonos. El pasado nos convierte en quién somos. Y el presente, en quienes seremos. Pero no es tan fácil como querer cambiar. A veces la vida no nos deja opciones. No todo el mundo puede vivir la vida que quiere vivir.

sábado, 29 de marzo de 2014

Me rindo.

I give up. No sé por qué sigo empeñándome en gustarle a los demás.
En cuanto me descuido me encuentro diciendo algo que igual no quería decir, pero que sé que a la otra persona le iba a gustar. Tan solo me dejo llevar, pero después me siento tan estúpida...
Y creo que todos lo hacemos a veces. Pero yo ya no lo hago porque no me guste a mí misma, porque me he empezado a gustar tal y como soy, solo es que me gustaría gustarle a los demás también; el eterno dilema.
Pero, ¿sabes qué? entre gustarle a los demás y gustarme yo, me elijo yo. No quiero ser esa niña patética, inmadura que tanto he criticado siempre.
Me he dado cuenta de que el problema está en que intento gustarle a idiotas. Y claro que lo consigo, porque son muy simples. La cuestión es ¿No me convierte eso en idiota también? Si simplifico mi forma de hablar, y de pensar para que me entiendan. ¿Qué coño hago? Esa no soy yo. No niego que durante un rato me va bien, pero llega un punto en que la oscuridad se cierne sobre mí sin remedio.
Y lo cierto es que soy imbécil, porque si pretendo conseguir algo mejor, no sé por qué me rebajo de esa manera. O sí, porque no conozco a nadie mejor, y al final la soledad, el aburrimiento y el hastío, me pueden.
No prometeré no cometer ese error otra vez, porque sé que sería mentira. Pero solo me destrozo un poco más a mí misma cada día, que el mal me lo hago yo, pero por lo menos ahora he decidido llevarme a unos cuantos por el camino.
Si desatas el monstruo que hay en mí, te arrepentirás de haberme conocido, y sobre todo, de haberme subestimado.

jueves, 27 de marzo de 2014

Según un cuento popular, existen 4 cosas en la vida que no se recuperan:
1. Una piedra después de haber sido lanzada.
2. Una palabra después de haber sido proferida.
3. Una oportunidad después de haberse perdido.
4. El tiempo después de haber pasado.
Y esto quiere decir que una vez hacemos las cosas ya no hay vuelta atrás. Piensa antes de actuar, no te limites a lo que sientes en ese momento, pues de ahí viene el error, el arrepentimiento.
Yo antes era de las que de vez en cuando actuaba sin pensar, y sin remedio, acababa arrepintiéndome. Necesitaba ese poco de adrenalina en mi vida, pero eran otros tiempos. Ahora he decidido madurar, aprender de mis errores, y sobre todo del tiempo.
Y por eso ya no me permito soñar, la realidad me ha vencido. Después de haber repetido la misma suerte un par de veces, soy lo suficientemente lista como para saber cuando parar. Y tal vez los sentimientos sean inevitables, pero las acciones no. Las acciones las controlo yo.
Me he dado cuenta de que ya es hora de volver a sentir, de que ya me di mi tiempo para repararme y que no puedo ser siempre de piedra, pero eso tampoco quiere decir que vuelva a ser la de antes. De momento no quiero volver a sufrir, y si sufro, tendrá que ser por algo o alguien que merezca la pena.

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Para cuando...?

¿Para cuando alguien que luche por mí? ¿Para cuando alguien que me conozca, que de verdad lo haga, y que no se fije en nadie más? ¿Cuando va a aparecer alguien a quien de verdad le importe quién soy tanto por fuera como por dentro?
Joder, estoy harta de ser el segundo plato. Harta de que nadie se fije en mí, de no gustar, de no destacar. De ser invisible. Sí, invisible. Porque lo cierto es que hay situaciones en las que me gusta serlo, no soy de las que se crecen llamando la atención de los demás, pero joder, me gustaría que de vez en cuando, alguien se girara cuando paso y pensara, joder ahí va una gran tía, y me la estoy perdiendo. Alguien que por una vez se fijara en mí, y no en la persona que tengo al lado. Alguien que tratara de conocerme, de entenderme, que le gustara quien soy, y luchara por mí, por vencer mis muros, por conseguir curarme. Pero cada día estoy más cerca de rendirme, cada día soy un poco más fría, más cruel, más egoísta. Porque me he dado cuenta de que sale más rentable solo pensar en mí.
Estoy tan harta de ser positiva, de empezar de cero con cada persona, de confiar, de ayudar, escuchar, y no recibir a cambio mas que los restos de cariño que le sobran. No sé tal vez es que elijo mal a las personas, siempre me fijo en casos perdidos, en gente que no va conmigo, que es diferente a mí, y que así es imposible encontrar lo que yo quiero. Pero es que por mucho que lo intento no me sale otra cosa. Me gusta reparar a la gente, ayudarlos a encontrarse a sí mismos, a pensar, a abrir los ojos ante su situación o ante otras personas. Pero lo cierto es que ya no doy mi 100% ni tan siquiera en eso. Porque ya me cansé de ser un mero objeto. Siempre acabo siendo la consejera, la amiga, el último recurso, pero jamás la protagonista de la historia. Y por mucho que me guste hablar, y ayudar a la gente, al final no compensa. ¿A alguien le importa cómo me siento yo? Ya sé la respuesta. Ni tan siquiera piensan en ello.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cruzarnos un día cualquiera en cualquier lugar, y sentir de nuevo en el tiempo que dura una mirada. Saludar, sonreírte y dejarte ir. 
Mantengo la esperanza de que al verme, a ti también te queme algo por dentro. Aunque sean las ganas. Y en cierto modo, lo mío también son ganas, pero de ti. 
Y es que que hace demasiado tiempo que no estamos piel con piel y ha sido demasiado duro tenerte tan cerca tan solo unos segundos. 
Tu ausencia me ha disparado a quemarropa, porque por desgracia, la llevaba puesta. Y es que parece que el destino no ha querido darnos tregua. Pero cuando quieras compensamos la distancia a bocajarro y nos dejamos de tonterías. 
Perdona toda esta metáfora de armas, pero es tu culpa, porque un día me disparaste con tal tino, que jamás has salido de mi cabeza, ni de mí. 
Por suerte parece que yo algo también he calado, porque después de todo este tiempo, todavía me sigues buscando. Y la verdad es que no lo entiendo. Ojalá algún día me lo expliques. Aunque ya aprendí que se vive mejor en la ignorancia. 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Qué diagnóstico va a tener la atracción sino es de enfermedad. No puede ser muy sano que me pongan tus antebrazos. Y claro, luego vienen las imagenes mentales no tan puritanas como podría ser un beso en la mejilla. Que no sé si podrás conmigo, pero que ojalá. Que ojalá me aprietes fuerte contra algo y no me dejes espacio para huir. 
Y qué decir de la miel de tus labios, si hace tiempo que me perdí en tus ojos, y ya no sé cómo salir. Que ya no me acuerdo de pensar, y se me ha olvidado preguntarme un por qué. Y resulta que me niego a rozar ni siquiera un atisbo de tu piel a propósito, porque no sé si a partir de ahí sabría parar, aunque me gustaría que un día me rozaras sin querer. Pero no sé si tu piel o tus labios. Tal vez perdición de los sentidos. Del poco sentido común que me queda, pues lo tiré por la ventana un día, se ofendió y ya no quiere volver. Y pensándolo bien ya no lo necesito. Y qué más da si hago bien o mal si al final voy a morir igual. Ven y alégrame estos días, que ya me cansé de hacer lo que debía. 

domingo, 9 de febrero de 2014

De repente un día te levantas, te miras al espejo, y tienes la extraña sensación de no ser la misma. De haber cambiado demasiado. De sentirte como nunca te habías sentido.
Pero es solo un engaño, la antigua tú sigue ahí, bajo la piel, esperando a tus días oscuros para aparecer y recordarte que siempre estará ahí. Que lo que pasó no se irá, que lo que fuiste sigue ahí. Que hay cosas que no cambian. 
Y deseas desaparecer, poder borrar el dolor, pero no tienes donde esconderte. La vida sigue, y tú debes seguir luchando, no puedes rendirte. No es un juego. Y lo cierto es que hay días que no es tan duro. Tal vez sea un espejismo, pero ahí está, tu sonrisa, abriéndose paso en tu cara. El corazón latiendo rápido, la adrenalina en aumento en la sangre. Y parece que el tiempo pasa demasiado rápido. Que los días se escapan de las manos. Y de repente ahí va, un año nuevo. Pues tocará vida nueva, aunque solo sea por seguir con el dicho. 

Historia de un día cualquiera.

Se levanta pensando en él. Nada nuevo. Ya aprendió a ignorar sus propios pensamientos. Sabe que no funcionaría, lo sabe en lo más profundo de su ser, y le duele. La verdad es así, escuece. Así que se rindió hace tiempo. Se apagó y cerró con llave y candado cada uno de los cerrojos de su coraza. Se obligó a sonreír, aunque ya no fuera por nadie. Se obligó a ser feliz, aunque fuera sin un motivo concreto. Y de repente se dio cuenta de que le iba bien. Se sentía bien, no pensaba demasiado, y tampoco le daba muchas vueltas a su día a día o a las cosas que le pasaban. Y así fueron pasando un día tras otro.
Parece aburrido, o triste, pero lo cierto es que se acostumbró y no aspiraba a más. Apreciaba enormemente las pequeñas cosas, así que todos los días tenía un motivo para seguir andando. Daba pasitos pequeños cumpliendo cada reto, sintiéndose poderosa, pero sabiendo que cada día era un poco  más egoísta. Se perdía a sí misma entre los laberintos de la rutina, y ya no sabía si quería encontrarse. Continuará.

domingo, 2 de febrero de 2014

Reflexiones de un día de resaca.

Está claro que yo perdí la cabeza hace ya mucho tiempo. Creo que fue a la vez que el corazón. Y desde entonces he andado vagando por mi vida, tratando de hacer lo correcto, pero sabiendo que no me era posible. Sabiendo que aún que quisiera, nunca llueve a gusto de todos. Y aprendí a ponerme a mí delante.
Tras muchas decepciones, mi corazón no solo se había ido, sino que se había escondido en un lugar frío y oscuro. Perdí la sensibilidad y la intuición que me caracterizaban, y perdí la habilidad de transmitir. Desde entonces, decidí dejar de pensar, darle un descanso a la cabeza, porque entendí que pensando tanto, solo llegaba a estar más confusa. Y desconecté también esa parte de mí misma. Esa parte reflexiva, curiosa, que se preguntaba el por qué y el cómo de las cosas. Me he dado  cuenta de que es un buen método de supervivencia, que me permite ser un poquito más social, más normal, y me permite ser feliz a ratos. Y esos ratos son más intensos de los que habían sido anteriormente.
El problema aparece cuando se me presentan nuevos retos. Cuando tengo que decidir si seguir apagada como un coche antiguo del que da pena desprenderse, pero que no sacamos fuera del garaje o volver a sentir y salir afuera a pesar de que cabe la posibilidad de que algo vaya mal. Y hay algunos días en los que siento emociones intensamente, en los que tengo pensamientos profundos y largos, pero luego, me pongo frente a la hoja en blanco y no suele salir nada que merezca la pena. Tengo demasiado miedo a volver a romperme, a que desaparezcan esas partes de mí que me hacen ser quien soy, el problema es que me estoy dando cuenta, de que tal vez ya hayan desaparecido, y de que las ahuyenté yo misma. 

martes, 21 de enero de 2014

Redes sociales.

No sé si lo digo lo suficiente a menudo, pero me dan mucho miedo los "para siempre". Tal vez sea porque pocas cosas en mi vida son constantes, y sé que todo y todos somos efímeros. Como todo cambia, aunque a veces parezca que no, me da miedo hacer algo que sea para siempre. 
Es decir, me da miedo el compromiso, me da miedo prometer cosas que no sé si podré cumplir, y me da miedo hacer algo que tenga consecuencias a largo plazo. Y, por eso, aunque me gustan, no me haría un tatuaje. Se pueden borrar, sí, pero la piel nunca queda igual que al principio, al igual que el corazón cuando se rompe, se puede volver a unir los pedazos, pero jamás volverá a ser el mismo. 
Y, por eso, estoy empezando a utilizar cada vez menos la redes sociales. Porque lo cierto es que antes las usaba bastante debido a que en la vida real me costaba relacionarme, y trataba de reflejar mi personalidad públicamente para que la gente se diera cuenta de que era una chica "normal". Pero poco a poco me he dado cuenta de que aquello que yo consideraba que podría hacer que los demás se acercaran más a mi, o que les crearía simpatía por mí, también puede dar el resultado contrario. También puede ser que se me juzgue por lo que escribo, y que no guste, y que eso me cierre puertas. Y lo escrito, escrito está, ya no se puede borrar. Es más, con un solo click, puedes ver cosas que escribí hace tiempo, y que tal vez actualmente no me representen, pero eso la otra persona no lo sabe. Y eso va formando una imagen en su cabeza sobre mí, una opinión, una etiqueta, y eso no me gusta. 
 No me gusta que me juzguen por lo que digo, o por lo que pienso. Porque soy mucho más que eso, y cada vez me da más miedo escribir, porque ya no estoy segura de poder defender lo que digo. Y porque no quiero que la gente se lleve una imagen de mí que no es, porque como ya he dicho, soy mucho más que lo que muestro en mis redes sociales. Y lo único que me impide desaparecer de algunas de ellas, es que hay personas con las que solo puedo comunicarme a través de ellas, porque no las suelo tener cerca. Algún día me dará un venazo y tal vez desaparezca por un tiempo, o tal vez no.