Malditos sean los ojos verdes, que siempre me han llevado de
cabeza. Yo sí sé que es lo que me llama la atención de él. Sus ojos. Y es que
una mirada puede más que mil palabras.
Y conmigo, como siempre, lo ha podido todo. Porque no es que
sea muy expresivo hablando, pero parece que empiezo a entender cómo es, y con
eso me basta. Me gusta lo que veo, porque, al fin y al cabo, los ojos son el espejo
del alma. Y en el fondo, quiero creer que es transparente.
Como todo el mundo,
tiene un lado oscuro, pero sé que no es nada que no pueda soportar, y eso me
gusta. Sé que no todo me puede gustar, o no puedo estar de acuerdo en todo,
pero lo importante, es que no hay nada que verdaderamente no me guste, o no
pueda tolerar. Puedo adivinar lo que se esconde bajo esa capa de piel. Poco a poco
me va gustando más lo poco que sé de él, aunque sé que hay cosas que no me
gustan, y que me hacen tirar para atrás, pero por dentro, me puedo permitir
soñar.
Por ahora, lo único que sé, es que es la primera y la última
persona en la que pienso cada día, sé que me alegra los días, y sobre todo sé,
que me ha hecho volver a sentir. Y solo por eso, me permito soñar. Yo creía que
aún me faltaba mucho para volver a dejarme sentir algo por alguien, ni tan
siquiera lo más mínimo, pero me ha hecho
darme cuenta de que quiero volver a confiar en alguien, y yo pensaba que eso no
iba a pasar.
Que no es que confíe en él, ni que me vaya a permitir del todo dejarme
llevar, o sentir algo verdaderamente profundo, pero de momento, me dejo ser
feliz, me dejo ilusionar, aunque siempre
con los ojos abiertos. Y que el destino teja sus hilos. Y pase lo que pase, tendré algo sobre lo que
escribir, algo por lo que vivir, algo de lo que aprender.