Pero lo más importante es perdonarse. Al fin y al cabo, todos cometemos errores, a veces no es culpa de nadie que todo salga mal, y que se desencadene ese cambio. A veces es cuestión de aprender de lo vivido y olvidar. Dejar todo atrás y buscar nuevos aires. Darse un tiempo y un espacio a uno mismo, para recuperar lo perdido, y luchar con fuerza, empezar de nuevo. Una vez más, la vida es así. Caer, levantarse, y volver a trastabillar. Lo importante es aprender algo de todo ello. Aunque eso no impedirá el tropezón con la misma piedra, o con otra parecida, después.
A veces me da por pensar, que estamos hechos para tropezar con la misma piedra. Porque al fin y al cabo, nos enamoramos de esa piedra al nacer. Nos da esa sensación de repetir siempre la misma historia en nuestra vida, de que, a pesar de intentar actuar de manera diferente, acabamos en las mismas situaciones. Pero lo cierto es que los disfrutamos. Se sufre, está claro, que sí. Más aún cuando llegan las decepciones, los golpes, las caídas, pero el tiempo que nos va bien, mientras se cura la herida de la caída anterior, se nos olvida cuánto hemos llegado a sufrir en realidad. Aunque en breve lo volveremos a recordar. A veces merece la pena todo ese sufrimiento, porque los minutos de felicidad son tan intensos, que estaríamos dispuestos a lo que fuera por ello.
Con esto quiero decir, que estoy feliz, que me siento más fuerte cada día, y mejor conmigo misma. Doy gracias a la gente que se encarga de recordarme lo bueno que hay en mí, y de esa forma, me hace darme cuenta de quién soy. Porque lo cierto es que a veces me pierdo por el camino en un intento de vivir la vida lo mejor posible, de hacer todo lo que puedo para que me vaya bien. Y, por supuesto, me equivoco. Pero me estoy recordando, me estoy volviendo a querer, y estoy volviendo a sentir cosas que ya creía olvidadas.Me siento viva de nuevo, y solo me queda decir, que el verano me espera.