martes, 29 de enero de 2013

Llevo tiempo luchando con mi cabeza. Intento no pensar mucho, ser divertida, ser feliz, y despreocupada pero no me sale. Me gustaría saber desconectar fácilmente, poder sonreír, sin esfuerzo, poder hacer tonterías, dejándome llevar, ser un poco quien soy, sin estar tensa todo el rato. Me encantaría poder relajarme. Pero no es así, me veo incapaz de coordinar mi vida. No puedo ser una alumna eficiente en la universidad y la novia despreocupada y divertida que me gustaría ser horas después. No encuentro la forma de llevar a cabo todas mis obligaciones diarias, y mis horarios, y de disfrutar de mi tiempo libre. No puedo. Y eso me está frustrando mucho.
Quiero disfrutar de cada momento, ser feliz, pero tampoco quiero dejar de lado lo demás. Quiero llevar mis estudios al día, cumplir con mis horarios y a ser posible hacer las cosas bien. Este cuatrimestre se me ha ido de las manos. No he conseguido ni una cosa, ni la otra. Y eso me hace sentirme muy mal conmigo misma.
Ya que si hubiera dejado de lado los estudios, pero hubiese conseguido mi otro propósito, por lo  menos habría hecho algo bien. Pero no ha sido así. Sigo estando tensa, preocupada, incapaz de disfrutar cada momento y lo peor, es que no he hecho nada a derechas. Los estudios me han ido mucho peor de lo que esperaba. He de reconocer que no he dado el 100% de mi misma, y eso lo sé, pero esperaba resultados mucho mejores. Tendré que aprender a dejar de lado la ley del mínimo esfuerzo y tendré que abrir los ojos y darme cuenta de que ya no estoy en el instituto y que las cosas no se aprueban gratis.
La lástima es que me he dado cuenta cuando ya me he dado el tropezón y no antes, y ahora me voy a fastidiar el verano estudiando. Solo me queda la esperanza de aprender de esto y mejorar, y cuando llegue el momento aprobarlo todo y darme cuenta de que puedo. En cuanto a lo demás, ya no sé qué hacer conmigo misma. No sé cómo conseguir lo que me propongo. He comprobado que esforzarme no es suficiente. Necesito algo de ayuda, necesito a mis amigas aquí, recordándome quien soy y dándome un poco de orientación en esta vida loca.

miércoles, 16 de enero de 2013

I love you


Hoy ha sido un día estupendo. ¿Sabes por qué? Por tu culpa. Sí, tú tienes la culpa de que haya sido tan feliz. El día empezó con estrés, con los nervios de punta, con hambre, cansancio, y el primer examen de la universidad. No pintaba ser un día muy bueno, la verdad. Pero ahí estabas tú, para darle color.
Al principio de la tarde, estaba de bastante mal humor, la verdad, muchas cosas me hacían estar negativa y sin ganas de nada, pero tú, como siempre, te empeñas en quedar conmigo, y solucionarlo. A veces me cuesta darme cuenta de que lo haces por mí, de que no escondes ninguna intención y que puedo confiar en ti. Todavía estoy alerta, tienes que entenderlo. A veces se me olvida que eres tú, que me quieres, y que jamás me utilizarías. Y es que cuando quieres a alguien, este pasa a ser tu prioridad, ni tan siquiera tú mismo, por lo que si utilizas a alguien es que no lo quieres ni un poquito.
Y esta tarde, me lo has demostrado. (Aunque para ser sincera he de reconocer que no solo esta tarde.) Me has demostrado cuánto te importo una y mil veces, y tu mirada no puede mentir. Cuando me miras, veo el sentimiento brotar de tus ojos, deslizarse por tus mejillas, hasta llegar a tu boca, y eso no puede ser mentira. Y más que tus palabras creo en tu mirada, en tus besos, en tus caricias, que hablan por sí solas. Tú eres el único capaz de conseguir que por un momento me relaje, deje de estar tensa y de intentar  controlarlo todo. Tú me haces querer cambiar, querer bajar la guardia y perder el control y me das la seguridad de que si lo hago, nada malo me va a pasar. Sé que vas a tratarme bien, que no me vas a decepcionar, y poco a poco vas derritiendo esa coraza de hielo que hay alrededor de mi corazón. Tú a lo mejor no te das cuenta, pero todo ese cariño que me das, me está curando. Me está volviendo persona otra vez, porque yo, como todo el mundo necesito cariño, y lo cierto es que nadie se había molestado en dármelo. Gracias por preocuparte por mí, por quererme, por cuidarme, por ser tú, por hacerme reír, por cambiar mi estado de ánimo cuando más lo necesito, porque de verdad, que solo tú, puedes conseguir eso.
Así que esta tarde cuando me cogiste en brazos y me llevaste al sofá, me hiciste la más feliz del mundo. Porque te sales con la tuya, pero respetándome, tratando de hacerme feliz, a pesar de que yo misma quiera impedírtelo, y eso es lo que más me gusta de ti. Que por encima de todo eres feliz, haciéndome feliz. Esos momentos juntos no los cambiaría por nada, y no sabes cuánto daría por poder parar el reloj, que no el tiempo, para que no nos interrumpiera nunca más. Me encantaría tener menos horarios que cumplir, para que pudiéramos disfrutar de más tiempo juntos, y no estar siempre preocupada de la hora, porque así podría relajarme y dejarme llevar. Pero nuestra vida es así, por ahora, así que debemos exprimir los momentos que tenemos para estar juntos. Dicen que lo bueno, breve, dos veces bueno. Y yo ya no sé si estoy del todo de acuerdo aunque tendré que atenerme a este refrán para consolarme.
Este texto, está escrito desde mi cama, desde el momento en que he tenido unos segundos para estar a solas. Por supuesto, pensando en ti, y recordando todo lo que ha pasado hoy, sin poder evitar darle vueltas a todas las cosas que se me quedan dentro. Y una de las espinitas que siempre quedan es decirte lo que siento. Que yo no regalo los te quieros, es más creo que nunca he dicho  ninguno seriamente. Por eso cuando tú esta tarde me lo has dicho, me he quedado desconcertada por un momento, pues no me lo esperaba para nada, aunque no he tardado nada en contestarte, ha sido más bien una respuesta automática, porque no quería que pensaras que yo no siento lo mismo por ti. Porque sí lo siento, no te equivoques, es que no me atrevo a ponerlo por palabras, no me atrevo a definirlo, a encerrar el sentimiento en la cárcel que son las palabras, que suelen ser traicioneras, pero yo creo que en cada uno de mis textos, te lo voy dejando más claro, que en cada uno de mis besos te lo voy deletreando, que en cada sonrisa te lo voy describiendo y que en cada mirada, lo voy dibujando. Te quiero, sí, y espero poder gritarlo en voz alta algún día, porque sé que quieres oírlo, y que  lo mereces

martes, 15 de enero de 2013

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Necesito escribir unas cuantas líneas para desahogarme. No puedo más. Me estoy empezando a rayar más de la cuenta. Sí, puede que sea por los exámenes, por el estrés, o porque tengo demasiado tiempo para pensar, pero empiezo a sentirme mal. Y es que son muchas cosas las que me atormentan. 
En primer lugar, tengo a mi madre comportándose como una adolescente todo el tiempo. Está todo el tiempo con el móvil en la mano, saliendo de fiesta, con problemas de amores, como si tuviera 16 años. No puedo soportarlo más. La que se comporta así debería ser yo, no ella. Y esto me cabrea, sí, porque es mi madre y sé que se está equivocando con este modo de vida, que trata de ser más joven de lo que es, trata de vivir una vida que no es la suya. ¿Qué por qué digo esto? No es que mi madre me parezca muy mayor y piense que tiene que llevar vida de anciana, no es eso a lo que me refiero. Pero es que ella se viste como alguien de mi edad, sale con gente bastante menor que ella y piensa como una cría. Después de todo lo que le ha pasado, me he dado cuenta de que no ha aprendido nada. Ya está otra vez fijándose en tíos que no le convienen para nada, y que probablemente, en un futuro no la vayan a hacer feliz. Pero ahí está ella, como una tonta, igual que siempre de rodillas ante el primero que le hace caso. Y yo no puedo más, no puedo volver a ver como comete los mismos errores otra vez. No puedo soportar que me arrastre a mi con ella de nuevo, y lo más gracioso, es que se lo digo y se enfada. 
Estoy harta de asumir yo el papel de madre, yo debería estar disfrutando de la vida, perdiendo el control, haciendo cosas de las que arrepentirme y aprender, porque me estoy perdiendo mi propia vida, mi propia juventud, por asumir la madurez del resto de personas que no lo son y que deberían serlo por mi. 
Quiero ser feliz, disfrutar, dejar de preocuparme por todo y pasármelo bien. Pero es que no puedo, el miedo no me deja. Y eso esta afectando a mi relación. Aunque aún no se ha notado realmente, yo sí lo noto. Porque no puedo dejarme llevar, no puedo improvisar, no puedo relajarme y así, no se puede estar. No puedo evitar estar todo el tiempo alerta, porque estoy acostumbrada a no bajar la guardia. Porque no confío en nadie, porque sé que me tengo que valer por mí misma, porque ni mi madre, me puede garantizar una estabilidad. Y esto me esta volviendo loca. 
Escribiré estas líneas, escucharé un par de canciones, terminaré los exámenes, y saldré de fiesta, y tras este desahogo, los problemas se me harán un poco más pequeños, pero están ahí, y temo que acaben estallando.

domingo, 6 de enero de 2013

I need you now


Necesito sentir ya el calor de tus abrazos, el calor de tus besos, y el calor de tu piel,  pues sin ti el frío no solo invade mi cuerpo, sino también mi alma. Es difícil aguantar esta espera, que solo hace que darnos demasiado tiempo para pensar, en vez de para sentir. No puedo evitar sentir la ansiedad de tu ausencia, pues me había acostumbrado demasiado a tu compañía. 
Solo quiero que me abraces de nuevo, sentir que los problemas no son tan pesados cuando estás cerca, sentir que la vida merece la pena vivirla, que el cielo no puede ser mejor que estos meses contigo y que si lo es, yo no necesito conocerlo, pues he pecado mucho, y no me arrepiento de ello, porque aquello que viví sirvió su propósito, me convirtió en esta niña solitaria que hoy ha conquistado tu corazón.
Sujetar cada caricia, cada beso, cada mordisco que marca la piel, en mi recuerdo para calmar el frío que llena cada momento que he soportado sin ti, cada día que he aguantado sabiendo que estabas a muchos kilómetros de mí y que solo podría leer unas cuantas líneas tuyas, o escuchar brevemente tu voz a lo largo de una llamada.
Sobre todo ahogar en alcohol la sensación de vacío de cumplir tres meses juntos, separados, de pasar las navidades y entrar en un nuevo año el uno lejos del otro, era algo que me costaba demasiado soportar. El ron ayudaba bastante, es cierto, pero al final fue inevitable caer en la melancolía al final de la noche, fue imposible no sentir la culpabilidad de no haberte dicho todo lo que me importas, lo que siento por ti, lo que te echo de menos y lo difícil que es para mí sentir que verdaderamente estás lejos y no saber ciertamente cuándo volveré a verte.
Pero entre toda esa melancolía, también había espacio para la imaginación, que calmaba mi alma. Imaginé cómo sería nuestro reencuentro un millón de veces, también me gustaba imaginar que volvías antes de tiempo y que teníamos tiempo para nosotros, para disfrutarnos y recuperarnos de todo ese tiempo separados. Y entonces, la carga se hizo más llevadera, de pronto me planté en el día anterior a tu vuelta, escribiendo estas líneas y rogando por tener noticias tuyas pronto.

miércoles, 2 de enero de 2013

Hablando del 2012...

Un tweet que he escrito me ha inspirado a hablar sobre esto. No paro de leer por ahí, que hay mucha gente arrepintiéndose de todo lo vivido el año pasado, queriendo cambiar, olvidar, y pasar página. Pues para mi el 2012 ha sido un gran año, y os voy a contar porqué.
El año empezó raro, nostálgico, dolido, porque me di cuenta de que había perdido a la que yo creía mi alma gemela, y que la había perdido para siempre. Eso me hizo volverme un poco loca, como me suele pasar cada vez que sufro de verdad, y me tiré a los brazos del primer chico que estaba ahí, aprovechando la oportunidad. Por supuesto que pronto me di cuenta del error que había cometido, y me arrepentí, y supe salir de ello sin hacerme demasiado daño. 
Después llegó mi despedida de la minoría de edad, como mis amigas lo llamaban, y celebramos un cumpleaños muy especial, en el que se esforzaron un montón y en el que no me lo pude pasar mejor que también marcó el cierre de una etapa en mi vida. 
Después el año siguió su curso, con todo el estrés, y todo el pesimismo que podía caber en mi cabeza en relación con los estudios. Estaba en segundo de bachiller, y cualquiera que haya pasado por ahí, sabe de lo que hablo. En ese momento pensaba que me esperaba lo peor en mi futuro y rogaba al cielo aprobar para poder escapar de la maldita cárcel que consideraba yo mi colegio. Pero al final, como era de esperar, (aunque yo no fuera capaz de verlo) aprobé todas las asignaturas y me gradué. Mi graduación es otro de los eventos que quiero recordar para siempre, y que hacen del 2012 un año importante en mi vida. El día de la graduación, fue un día genial, aunque no tuvo nada que ver con las películas americanas. Poco después supe que iba a entrar en la carrera que yo quería, y en la universidad que yo quería, así que todo empezaba a ir sobre ruedas. 
En cuanto a otros temas, el verano también empezó con buen pie, ya que por fin mi madre abrió los ojos y lo dejó con su pareja, que era la persona que más ganas tenía de quitarme de encima. (los que me conocéis ya sabéis el porqué) Así que empecé a ser feliz. 
Aunque mi verano fue muy aburrido, pronto llegaron las fiestas de pinoso, en las que empecé a superar a muchos de esos príncipes, que luego resultan ser ranas, y pude darme cuenta, de que podía tenerlos a todos cerca, e ignorarlos completamente. Y eso me hizo darme cuenta de que por fin yo había cambiado. De que tenía claro lo que quería tener en mi vida, y lo que ya no quería tener, y que no me iba permitir caer otra vez, ni echándole la culpa al alcohol, ni a la soledad. 
Y después de eso, llegaron las tan esperadas fiestas de monóvar, donde como siempre, el desmadre está asegurado. Pasaron muchas cosas divertidas, locas, cosas que ya no recuerdo, pero lo más importante es que lo conocí a él. Cosas que el destino tenía preparado, o la casualidad, pero en un pueblo tan pequeño, yo no conocía al único chico que era para mi. Quizá fue porque aún no estábamos preparados ninguno de los dos para conocernos, y hemos llegado en el momento perfecto a la vida del otro. Pero desde esas fiestas mi vida ya no es la misma. Por primera vez en mi vida, tengo una relación seria, con una persona que me aprecia, que me respeta, que siente algo por mi y sobre todo que me hace feliz. 
Así que como comprenderéis, mi 2012 sí es un año para recordar.