sábado, 29 de marzo de 2014

Me rindo.

I give up. No sé por qué sigo empeñándome en gustarle a los demás.
En cuanto me descuido me encuentro diciendo algo que igual no quería decir, pero que sé que a la otra persona le iba a gustar. Tan solo me dejo llevar, pero después me siento tan estúpida...
Y creo que todos lo hacemos a veces. Pero yo ya no lo hago porque no me guste a mí misma, porque me he empezado a gustar tal y como soy, solo es que me gustaría gustarle a los demás también; el eterno dilema.
Pero, ¿sabes qué? entre gustarle a los demás y gustarme yo, me elijo yo. No quiero ser esa niña patética, inmadura que tanto he criticado siempre.
Me he dado cuenta de que el problema está en que intento gustarle a idiotas. Y claro que lo consigo, porque son muy simples. La cuestión es ¿No me convierte eso en idiota también? Si simplifico mi forma de hablar, y de pensar para que me entiendan. ¿Qué coño hago? Esa no soy yo. No niego que durante un rato me va bien, pero llega un punto en que la oscuridad se cierne sobre mí sin remedio.
Y lo cierto es que soy imbécil, porque si pretendo conseguir algo mejor, no sé por qué me rebajo de esa manera. O sí, porque no conozco a nadie mejor, y al final la soledad, el aburrimiento y el hastío, me pueden.
No prometeré no cometer ese error otra vez, porque sé que sería mentira. Pero solo me destrozo un poco más a mí misma cada día, que el mal me lo hago yo, pero por lo menos ahora he decidido llevarme a unos cuantos por el camino.
Si desatas el monstruo que hay en mí, te arrepentirás de haberme conocido, y sobre todo, de haberme subestimado.

jueves, 27 de marzo de 2014

Según un cuento popular, existen 4 cosas en la vida que no se recuperan:
1. Una piedra después de haber sido lanzada.
2. Una palabra después de haber sido proferida.
3. Una oportunidad después de haberse perdido.
4. El tiempo después de haber pasado.
Y esto quiere decir que una vez hacemos las cosas ya no hay vuelta atrás. Piensa antes de actuar, no te limites a lo que sientes en ese momento, pues de ahí viene el error, el arrepentimiento.
Yo antes era de las que de vez en cuando actuaba sin pensar, y sin remedio, acababa arrepintiéndome. Necesitaba ese poco de adrenalina en mi vida, pero eran otros tiempos. Ahora he decidido madurar, aprender de mis errores, y sobre todo del tiempo.
Y por eso ya no me permito soñar, la realidad me ha vencido. Después de haber repetido la misma suerte un par de veces, soy lo suficientemente lista como para saber cuando parar. Y tal vez los sentimientos sean inevitables, pero las acciones no. Las acciones las controlo yo.
Me he dado cuenta de que ya es hora de volver a sentir, de que ya me di mi tiempo para repararme y que no puedo ser siempre de piedra, pero eso tampoco quiere decir que vuelva a ser la de antes. De momento no quiero volver a sufrir, y si sufro, tendrá que ser por algo o alguien que merezca la pena.