sábado, 9 de junio de 2012

Barquera.

Sentir el viento en la cara, el tacto de tu piel y tu pelo junto a mi. El sol nos acompaña, nos mira con buenos ojos calentando nuestras pieles y dando luz a nuestros ojos, que así se ven mucho más bonitos. El día es todo nuestro, la mañana acaba de comenzar y las dos tenemos ganas de que todo siga así. El sudor empieza a empañar nuestras frentes, y el resto de nuestros cuerpos, el cansancio se empieza a notar y ambas decidimos parar. Somos un binomio, una pareja o un equipo, llámalo como quieras, pero con otro ya no es lo mismo.
Sé lo que debo pedirte, sabes complacerme cuando te trato bien. Eres rebelde y también cabezota, y de vez en cuando tratas de salirte con la tuya, pero yo no te dejo, ya lo sabes. No eres una esclava, no debes obedecerme a base de latigazos sino caminar conmigo en una misma dirección. Si yo disfruto contigo, quiero que tú lo hagas conmigo, me gusta que me entiendas cuando te pido algo y yo trato de entenderte a ti y tus señales. Eres suave en tus movimientos y salvaje en tus arranques. Tú lo eres todo y nada, un huracán y un viento suave, tus movimientos pueden ser los más fluidos o los más toscos y eso solo depende del jinete que te monte. 
Llevo ya un par de años montándote, todavía recuerdo la primera vez. Eras demasíado rápida para mi, demasíado grande, sin embargo con el tiempo, me he acostumbrado a cada parte de tu espalda, a cada curva en tu barriga, a tus patas fuertes, ágiles y seguras y a tu fuerza. Jamás pensé que podría contigo, siempre pensé que el día menos pensado acabaría cayéndome con esa obsesión tuya por ir más rápido, pero lo cierto es que ya te he pillado el truco. A ti te gusta volar, te gusta sentir el suelo bajo tus patas, el campo, las montañas, los árboles que se vislumbran hasta perder la vista. Y quieres llegar hasta el final. Incapaz de rendirte, luchando hasta la extenuación, hincas las patas en el suelo y te impulsas cogiendo cada vez más velocidad, volando a la velocidad que ningún otro caballo intenta superar. A veces me gustaría ser como tú, por eso me ayudas. Ojalá yo luchara por mis sueños con la misma cabezonería, con el mismo ímpetu incansable, con la misma fuerza arrolladora, y fuera tan rauda y veloz para dirigirme a donde quiero ir. 
Ha pasado ya tiempo desde que nos presentaron, y cada día más agradezco haberte conocido, tú me has enseñado prácticamente todo lo que ahora sé, tú has tenido paciencia con mis miedos, inseguridades, e inexperiencia y ahora me toca a mi recompensarte por todo y darte aquello que tanto quieres, alas para volar, terreno que recorrer, retos que superar. 

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