martes, 28 de agosto de 2012

Una melodía que llena el salón, una pareja de enamorados bailan un bals al ritmo de una balada, todo se funde como en una película romántica en la mente de aquella adolescente. A ella le encantaría estar en ese lugar, en ese momento, con el chico con el que llevaba soñando un par de años o quizá más, porque ya no los contaba hacia delante. Ella tenía la creencia de que cada día que pasaba, era uno menos que tenía que esperar para que sucediese lo que ella llevaba tanto tiempo soñando, para que sucediese algo entre ellos.
Era una chica que se contaba una historia a sí misma todos los días, vivía su vida como si cada día fuera el último, aunque solo fuese en su cabeza. No era una chica aventurera, aunque odiaba la rutina, no era atrevida, pero de vez en cuando agradecía los retos que le proponía la vida y solo pedía un deseo cada noche al acostarse; solo pedía encontrar al amor de su vida. Desde que era bien pequeña, había crecido soñando con eso, lo deseaba hasta tal punto que se dejaba engañar por el primer Don Juan que aparecía disfrazado de principe azul, y cuando les quitaba la careta, se desilusionaba con el mundo y con la vida. Al principio quiso hacer como si no le importara, como si pudiera soportarlo perfectamente, pero un buen día, se derrumbó. Ya no podía seguir manteniendo la esperanza, ya no podía seguir pidiendo algo que no esperaba recibir, ya no sabía tan siquiera si lo quería. Se apagó lentamente y dejó de desear. Dejó de desear hasta tal punto en que perdió la ilusión por vivir cada día, dejó de imaginar como sería un día junto a él, o como sería su primer encuentro ... Llegó un momento en que ella y su vitalidad se apagaron y decidió que se tumbaría en su habitación para siempre, hasta que alguien acudiera a devolverle la ilusión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario