Hoy ha sido un día estupendo. ¿Sabes por qué? Por tu culpa.
Sí, tú tienes la culpa de que haya sido tan feliz. El día empezó con estrés,
con los nervios de punta, con hambre, cansancio, y el primer examen de la
universidad. No pintaba ser un día muy bueno, la verdad. Pero ahí estabas tú,
para darle color.
Al principio de la tarde, estaba de bastante mal humor, la
verdad, muchas cosas me hacían estar negativa y sin ganas de nada, pero tú,
como siempre, te empeñas en quedar conmigo, y solucionarlo. A veces me cuesta
darme cuenta de que lo haces por mí, de que no escondes ninguna intención y que
puedo confiar en ti. Todavía estoy alerta, tienes que entenderlo. A veces se me
olvida que eres tú, que me quieres, y que jamás me utilizarías. Y es que cuando
quieres a alguien, este pasa a ser tu prioridad, ni tan siquiera tú mismo, por
lo que si utilizas a alguien es que no lo quieres ni un poquito.
Y esta tarde, me lo has demostrado. (Aunque para ser sincera
he de reconocer que no solo esta tarde.) Me has demostrado cuánto te importo
una y mil veces, y tu mirada no puede mentir. Cuando me miras, veo el
sentimiento brotar de tus ojos, deslizarse por tus mejillas, hasta llegar a tu
boca, y eso no puede ser mentira. Y más que tus palabras creo en tu mirada, en
tus besos, en tus caricias, que hablan por sí solas. Tú eres el único capaz de
conseguir que por un momento me relaje, deje de estar tensa y de intentar controlarlo todo. Tú me haces querer cambiar,
querer bajar la guardia y perder el control y me das la seguridad de que si lo
hago, nada malo me va a pasar. Sé que vas a tratarme bien, que no me vas a
decepcionar, y poco a poco vas derritiendo esa coraza de hielo que hay
alrededor de mi corazón. Tú a lo mejor no te das cuenta, pero todo ese cariño
que me das, me está curando. Me está volviendo persona otra vez, porque yo,
como todo el mundo necesito cariño, y lo cierto es que nadie se había molestado
en dármelo. Gracias por preocuparte por mí, por quererme, por cuidarme, por ser
tú, por hacerme reír, por cambiar mi estado de ánimo cuando más lo necesito,
porque de verdad, que solo tú, puedes conseguir eso.
Así que esta tarde cuando me cogiste en brazos y me llevaste
al sofá, me hiciste la más feliz del mundo. Porque te sales con la tuya, pero
respetándome, tratando de hacerme feliz, a pesar de que yo misma quiera
impedírtelo, y eso es lo que más me gusta de ti. Que por encima de todo eres
feliz, haciéndome feliz. Esos momentos juntos no los cambiaría por nada, y no
sabes cuánto daría por poder parar el reloj, que no el tiempo, para que no nos
interrumpiera nunca más. Me encantaría tener menos horarios que cumplir, para
que pudiéramos disfrutar de más tiempo juntos, y no estar siempre preocupada de
la hora, porque así podría relajarme y dejarme llevar. Pero nuestra vida es
así, por ahora, así que debemos exprimir los momentos que tenemos para estar
juntos. Dicen que lo bueno, breve, dos veces bueno. Y yo ya no sé si estoy del
todo de acuerdo aunque tendré que atenerme a este refrán para consolarme.
Este texto, está escrito desde mi cama, desde el
momento en que he tenido unos segundos para estar a solas. Por supuesto,
pensando en ti, y recordando todo lo que ha pasado hoy, sin poder evitar darle
vueltas a todas las cosas que se me quedan dentro. Y una de las espinitas que
siempre quedan es decirte lo que siento. Que yo no regalo los te quieros, es
más creo que nunca he dicho ninguno
seriamente. Por eso cuando tú esta tarde me lo has dicho, me he quedado
desconcertada por un momento, pues no me lo esperaba para nada, aunque no he
tardado nada en contestarte, ha sido más bien una respuesta automática, porque
no quería que pensaras que yo no siento lo mismo por ti. Porque sí lo siento,
no te equivoques, es que no me atrevo a ponerlo por palabras, no me atrevo a
definirlo, a encerrar el sentimiento en la cárcel que son las palabras, que
suelen ser traicioneras, pero yo creo que en cada uno de mis textos, te lo voy
dejando más claro, que en cada uno de mis besos te lo voy deletreando, que en
cada sonrisa te lo voy describiendo y que en cada mirada, lo voy dibujando. Te
quiero, sí, y espero poder gritarlo en voz alta algún día, porque sé que
quieres oírlo, y que lo mereces
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