jueves, 13 de noviembre de 2014

Cada caballo que monto, o he montado, se ha llevado un pedazo de mi alma. Nunca es igual. Me he enamorado de unos cuantos, y a la mayoría, no he tenido más remedio que dejarlos ir. El sueño de mi vida es tener más libros de los que me dé tiempo a leer; con los caballos, sin embargo, no me pasa lo mismo. Me gustaría poder quedarme con alguno con el que realmente conecte y no me hará falta ninguno más. Siempre he sido de querer muchas cosas, y pocas personas. Y, cuando digo personas, también me refiero a los animales. Tengo cuatro gatos, pero realmente solo le tengo aprecio a uno. Soy de las que prefiere calidad, que cantidad, y supongo que no podría ser de otra manera.
¡Menuda vida me ha tocado vivir! Qué tampoco está la cosa como para quejarse, pero no faltan motivos. Lo cierto es, que, a pesar del pasado y del presente, he aprendido a ser feliz, y no me va nada mal. No tengo muchas cosas, y cada día tengo menos personas, pero eso no va a frenarme, y mucho menos, a hundirme. No es fácil, ni es tan simple como este texto, pero se puede decir que he encontrado mi camino, y de momento, me dispongo a recorrerlo, a dejarme llevar. A ser posible, a lomos de un caballo.
¿Qué será el día de mañana de mí? Pues, no tengo ni idea, pero he dejado de darle tanta importancia.

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