Llegó el gran día. Era sábado a las 12:30. Ella se levantó, se dirigió a la cocina para desayunar como hacía siempre, abrió la nevera para ver si le apetecía algo y también como siempre imaginó como llenaría su nevera si tuviera una propia. Y volvió al presente cerrando la puerta y sentándose a desayunar. Como todos los sábados su madre no estaba y le dejaba una nota que ponía: "Desayuna bien que ya sabes que necesitarás energía. Besos, tu madre".
Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, la leía cansinamente mientras se metía una cucharada de cereales en la boca. Mientras terminaba de desayunar se le ocurrió que podía salir un rato a caminar, así se pondría en forma - pensó ella. Cogió su ipod, se hizo una coleta y salió a la calle. No sabía a donde dirigirse pero comenzó a andar en dirección a las afueras del pueblo y aceleró el paso sintiéndose cada vez más ligera. Cuanto más caminaba mejor se sentía, sus inseguridades parecían haberse quedado en casa y le daba totalmente igual las miradas de la gente. Casi sin darse cuenta estaba llegando a unas montañas de aquella zona y decidió ponerse a cantar para celebrarlo. - Total por aquí no pasa nadie pensó. y le dio volumen a su ipod y se dejó llevar. Cuando las últimas notas dejaron de sonar, Laura apagó el ipod y se dio cuenta de que no estaba sola. Se pudo morada de vergüenza y no supo qué decir porque el que estaba allí plantado mirándola era el que había sido su amor platónico en la infancia. Se llamaba Marcos, tenía un año más que ella o eso aparentaba porque realmente ella nunca había hablado con él. Marcos era rubio con los ojos verdes, alto, deportista... vamos justo todo lo contrario a ella y eso aun la intimidaba más y la hacía pensar que nunca pasaría nada entre ellos dos. Pero ese día el destino los había juntado y por lo menos ahora iba a hablar con él.
Marcos, después de mirarla asombrado decidió iniciar la conversación.
- Hey! Laura, ¿Que haces por aquí? preguntó él al fin.
- Habia salido a caminar y he llegado hasta aquí. -Contestó ella con timidez. Oye, ¿Cómo sabes mi nombre?
- Es que conozco a gente de tu clase y te he visto varias veces por ahí así que ... pregunté tu nombre ¿ No te molesta no?
- Claro que no. Oye... que yo normalmente no voy cantando así por ahí, qué vergüenza que me hayas visto.
- ¡Que va! no pasa nada, yo vengo a menudo por aquí a correr ¿ Cómo es que no te he visto?
- Es que yo normalmente no voy por aquí pero hoy quería innovar.
- Amm. Bueno tengo que seguir que si no me enfrío. Ya nos veremos. - Y dicho esto arrancó a correr.
- Vale, adiós. - dijo ella antes de darse la vuelta y seguir su camino.
Qué casualidad pensó ella. Aunque menuda imagen se habrá llevado de mí pero en fin que piense lo que quiera total, seguro que si me lo encuentro no me saludará.
Después de un rato Laura decidió volver porque ya estaba cansada. Cuando llegó se dio una ducha y se dio cuenta de que había hecho bastante hambre. -Tengo tanta hambre que me comería a alguien pensó. y luego se rió en voz baja para que su madre no pensara que estaba loca.
Por suerte, su madre ya había hecho la comida y solo quedaba vestirse y poner la mesa y ya podría comer.
Por la tarde se conectó a internet y le contó a su mejor amiga lo que había pasado. Hablaron largo rato y Laura decidió irse a arreglarse porque no quería llegar tarde a la cena. Seguía teniendo curiosidad por ese chico, a pesar de todo tenía esperanzas de pasarselo bien.
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