martes, 12 de abril de 2011

rabia.

Rabia, sí, siento rabia. Tengo unas ganas de gritar, saltar, pegarle a algo que la mayoría de veces debo reprimir, bien por el lugar en el que estoy o bien porque no quiero pelearme con alguien. Esa rabia se va acumulando en mi interior y con cada pequeña cosa que me pasa día a día la presión va aumentando. Cada día tengo más paciencia y autocontrol, pues he aprendido a desahogar la rabia haciendo lo que más me gusta pero aun así hay veces que no es suficiente y exploto, esas veces desearía no haber abierto la boca porque después ya no puedo callarme más y luego me arrepiento de algunas cosas que digo o de la forma en que las digo. 
Hay veces que me descontrolo tanto que hablo sin pensar y ahí es cuando más daño hago y soy consciente por eso intento no llegar a esos extremos porque esa ya no soy yo. Antes cuando algo me molestaba no tardaba en enfadarme, gritarle a quien fuese pero ahora me he dado cuenta de que ese es un comportamiento infantil y que debía de cambiarlo. Cuando aprecias a alguien no debes propiciar que se vaya de tu lado y menos por una discusión tonta porque luego la culpabilidad te devora por dentro

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