miércoles, 13 de julio de 2011

amantes de ocasión.

Abrazados en el lecho caímos en la cuenta de que no queríamos separarnos. El tiempo pasó, despacio, tu respirabas relajadamente. Podía sentirte, podía notar el movimiento ascendente y descendente de tu pecho. Traté de no temblar ya que bajo tus brazos no tenía frío. No recordaba ya qué había pasado aquella noche, ya solo quería guardar en mi memoria el momento en el que te acercaste; ¿ Lo recuerdas?
Durante unos minutos estuvimos mirándonos el uno al otro sin molestarnos en disimular pues era tontería puesto que los dos sabíamos lo que queríamos. Al cabo de un rato ya estábamos aquí, el uno junto al otro, unidos al fin. Otra vez volvemos a juntar nuestros cuerpos, dándonos placer, descendiendo a los infiernos y subiendo al cielo después. No hay nada que pueda estropearlo, no hay lazos que nos aten y asfixien. Nuestros cuerpos se unen por sí solos, como si estuvieran en modo automático. Conectamos al 100% no hay nada que desentone, nos conocemos perfectamente. Totalmente distintos y tan compatibles. Qué curioso. Sé que dentro de un rato te irás y no sé cuando volveré a saber de ti, pero no me preocupa. Está bien así. Solo disfrutemos ahora de esta cercanía entre nuestros corazones. Sin darnos cuenta, nos dormimos, así, abrazados, escuchando al otro respirar, sintiendo nuestras pieles unidas en perfecta sintonía, sin nada que perturbara aquel momento en el que nos volvimos a encontrar.

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