El duelo tras una pérdida suele ser doloroso, triste, desesperado. Pero lo que más me choca a mi de los duelos es lo siguiente; Tenemos la costumbre de enterrar a nuestros seres queridos y de celebrarlo. Normalmente la muerte de alguien precede un sinfin de gente que conocía al difunto en el tanatorio, para luego ser "acogido" por dios en el cielo. Son acontecimientos en los que la familia debe atender a los conocidos a pesar de no tener ganas de ver a nadie, y poner buena cara y agradecer la visita. No entiendo el por qué de tanta actuación, ¿ Para qué mostrar ante los demás nuestro dolor? ¿ Acaso si no lloramos delante de los demás quiere eso decir que no nos sentimos mal por la pérdida?
Sinceramente, yo no me había parado a pensar en esto porque nunca había perdido a nadie, pero ahora que si lo he perdido, sé de lo que hablo. Cuando perdí a mi abuelo sufrí un gran periodo de incredulidad ante la situación a pesar de que ya me había hecho a la idea, no pude evitar ser incrédula ante su pérdida. Lo siguiente que recuerdo, es la compasión instantánea de los demás al conocer la noticia. Nadie sabía de verdad como me sentía yo, solo actuaban como se supone que se debe actuar en esos casos. Un sinfin de condolencias sin sentido ni sentimiento pasaron ante mi y yo ya no sabía ni qué cara poner. Yo solo quería que aquello acabase. La llegada al tanatorio de nuevo no fue mejor, solo sabía que la tarde acababa de empezar y no le veía ningún sentido a aquello. Pronto llegaron miles de conocidos de la familia y yo solo sentía que sobraba allí, odiaba ver a gente que veía todos los días y que ni siquiera saludaba, allí sonriendo y haciendo el paripé de conocidos afectados. No soportaba tener que poner buena cara ante todo aquello, pero lo que más me hacía encenderme, era la típica gente que por ser una adolescente, te habla como si no te hubiera visto desde que eras pequeña aunque no sea verdad y las típicas preguntitas de los estudios y del futuro. Nadie entendía que yo no podía pensar en eso en ese momento, nadie se preocupaba realmente por mis sentimientos. Solo había que actuar, igual que en una obra de teatro. Al fin se fueron y pude compartir grandes momentos con la familia que más echaba de menos.
Aquella noche no dormí mucho, pues me quedé allí, en aquel sofá negro e incómodo de aquella fría sala. Y al día siguiente me esperaba lo peor. Jamás he visto a mi familia tan derrumbada, tal vez porque nunca antes me habían dejado verlo. Cuando era pequeña y alguien moría a mi me apartaban de todo y más tarde me lo explicaban. Pero yo no era consciente de lo que aquello significaba. Ese día si que lo fui, y lloré con todas mis ganas, como nunca antes me había permitido hacer en público. Ese día vi a mi madre derrumbarse y creo que eso es lo que más me afectó. Por eso no puedo entender por qué tenemos que poner buena cara y agradecer a la gente que vaya a un entierro, para mi no es nada que agradecer y hay gente que siempre termina sobrando.
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