El verano está a la vuelta de la esquina. No me apetece en absoluto. Será la primera vez en la vida que lo digo, pero es así. Odio pensar en el calor asfixiante que me espera, en el aburrimiento absoluto, la incomunicación, la nostalgía, el insomnio... No hay nada que haga que me apetezca la llegada del verano. Solo veo cosas negativas esta vez. Tal vez es porque sé que este verano es el que lo cambiará todo y porque tengo miedo de lo que eso significa, pero lo cierto es que ahora me gustaría parar el tiempo. Dejar mi vida como está, disfrutarla unos segundos más, y prepararme para lo que viene. Pero en la vida nunca es así, la vida pasa rápido, nunca da tiempo para prepararse para lo que viene a continuación. Cuando crees que estás en una zona segura, que sabes qué va a ser de tu día a día, entonces todo cambia y se descoloca otra vez. Y lo cierto es que muchas veces estamos desesperados por un cambio. Ese es mi caso claro está. No he estado todos estos meses quejándome de mi maldita rutina para ahora echarme atrás. No es eso. Sí que quiero que mi vida cambie, sí que quiero ir a otros sitios, conocer otra gente, dejar de ver a alguna gente que me amarga la vida y olvidar, sobre todo olvidar un par de cosas. Pero siempre hay un pero. No quiero empezar a echar de menos a más gente, no quiero perder a toda esa gente que tanto me ha costado ganar, quiero seguir viéndoles cada día con sus emociones, sus tonterías y sus conversaciones, no quiero que todo se convierta en una ventanita de la pantalla del trasto de mi ordenador.
Sé que es inevitable perder el contacto y la cercanía cuando se pierde el día a día y eso es lo que me va quemando. Otra de las cosas a las que no quiero llegar es a fiestas. Otra de las cosas que pensé que nunca diría. Pero ahí está: no quiero que lleguen fiestas. ¿Por qué? Porque sé que voy a echar de menos a alguna persona, porque sé que voy a tener que seguir luchando contra el impulso de lanzarme y perder la poca dignidad que me queda y echarme a los brazos del último tío que me tocó olvidar. No quiero tener que luchar contra todo eso y unas cuantas cosas más todavía. Quiero parar el tiempo, quiero bajarme del tren y detenerme un rato en la estación a contemplar la vida pasar. Claro que también quiero acción, estoy harta de no tener vida, pero de momento todavía me late el corazón, todavía siento adrenalina en las venas, todavía la esperanza no se ha perdido y solo necesito parar un momento.
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