lunes, 9 de julio de 2012

Promesas, promesas.

Durante toda una vida tenemos tiempo para conocernos a nosotros mismos, para saber qué es lo que nos cabrea, lo que nos toca la fibra sensible, lo que nos sienta mal, lo que odiamos, lo que queremos etc.
Hay personas que se esfuerzan más día a día por conocerse y por formarse a sí mismos, y otras que no tanto, pero es inevitable ir descubriendo cosas. Pues bien, ahora me ha tocado a mí, descubrir una de esas cosas que llevas arrastrando desde siempre por algún motivo y de las que aún no eres consciente.
Lo cierto es que me ha costado bastante darme cuenta de que lo que más me fastidia ya sea en una amistad, en una relación de pareja o con la familia, son las promesas incumplidas. ¿Por qué? Es bastante sencillo de explicar; cuando somos pequeños nuestros padres nos prometen  cosas que no van a cumplir tal vez para acallarnos, o porque no saben que no van a poder cumplirlas. Pero en mi caso, creo que no se trata solo de eso. Vereis, cuando yo tenía 5 años mi padre me prometió que nos veríamos todos los domingos, obviamente pronto rompió esa promesa, no recuerdo bien cómo me lo tomé, pero creo que supe aceptarlo. Para después prometerme que me llamaría tal vez los miércoles, o los jueves, no lo tengo muy claro en mi memoria, y obviamente, también dejó de cumplirlo demasiado pronto. Yo era una cría, no podía entenderlo, ni perdonarlo, así que fui quedándome con ese rencor dentro hacia las promesas. Analizándolo, me he dado cuenta de que eso lo he arrastrado a las amistades y es lo que más me ha hecho daño. Toda esa gente que me ha prometido cosas tales como "yo nunca haría eso" o "yo nunca te dejaré de lado" y que tarde o temprano han incumplido. Nadie sabe lo que me duele eso, y la de veces que me lo han hecho ya, y es que ya ni escucho cuando oigo una promesa, porque en mi interior suena algo así como "hasta que te eches novio", "hasta que te interese hacerlo" "Veremos si dices lo mismo en un par de semanas" etc. Pero la cosa no se queda ahí; en cuanto a mi familia no solo he sufrido promesas incumplidas por parte de mi padre, sino quilos y quilos de mi madre, de mi tia y las demás ya ni las cuento, ya que para mi no significan nada. Toda una vida llena de ilusiones destruidas han hecho que ya no me apetezca creer en nada, que ya no me ilusione cuando alguien me diga algo, que ya esté cansada de todo y de todos y que me rinda a la primera de cambio. Estoy harta, muy harta de las promesas y es que no quiero ni oír una más.

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