No puedo evitar volver atrás a veces, no puedo evitar protegerme, poner una mini barrera, porque cuando noto que he llegado demasiado lejos, mi cabecita empieza a dar vueltas, a recordarme quien soy, y por todo lo que he pasado, y me recuerda que uno nunca puede entregarse del todo, si no quiere quedarse sin nada.
El problema es que nunca me he permitido reconocer lo que sentía por alguien, ni tan siquiera a mi misma, pues tenía miedo de creérmelo, de sentirlo más fuerte, de permitir que me dominara, y que me dejara débil e indefensa ante la otra persona y ese es un miedo que todavía conservo. Quizá no por mi, sino por lo que he visto en otras personas, y que nunca he querido permitir en mi misma.
Es muy bonito sentir, ser correspondido, ser feliz, pero ¿Dónde está el término medio? ¿Cómo sabes si lo estás haciendo bien? ¿Cómo puedes controlarte a ti misma? Yo creo que mi mayor miedo es perder el control. Hasta ahora he presumido de un gran control mental y de un gran control de mis emociones, y lo que más temo es perder eso.
Así que hay que estoy yo en mi debate de siempre entre corazón y cerebro, que no suele acabar bien. Yo quiero sentir, quiero demostrar, quiero ser feliz, pero lo cierto es que tengo miedo de mostrar mi debilidad, de volverme indefensa, de darle todo el poder a alguien de destruirme, y sobre todo tengo miedo de que ahora que todo va bien, estalle en pedazos y me toque volver a reconstruirme.
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