Por supuesto todo tenía que caer. La vida no es el sueño perfecto que todos tenemos en nuestra cabeza montado. Hay momentos buenos, momentos malos y regulares. Yo llevaba demasiado tiempo en un momento bueno, tarde o temprano se tenía que desmoronar. El problema es que se ha desmoronado cada pedazo de mi felicidad.
Otra vez siento que mi familia vuelve a ser la de siempre, se ha acabado esa falsa unidad que se creó tras la muerte de mi abuelo. Otra vez vuelven las peleas, los rencores, la separación... pero no solo me siento mal por eso.
Para no variar, vuelvo a estar sola en clase, me he peleado con todas aquellas personas que creía tener a mi lado. Ahora vuelvo a ser invisible, solo que por culpa de los trabajos en grupo tengo que juntarme irremediablemente con alguien y eso, todavía me hace sentir peor. Siempre soy aquella chica rara que no habla con nadie, y que siempre está seria. Me dejaría conocer si pudiera, de verdad. Pero es que cada vez que lo he intentado he recibido golpes y ya no puedo más.
Empecé la carrera con toda la positividad que pude, hablaba y sonreía más de lo que me apetecía, y era amable con todo el mundo. Fui abierta y enseguida encontré un grupo, pero eso pronto se fue a la mierda, porque lo cierto es que yo ahí no encajaba, por mucho que lo intentase. Eso me duele aunque el día a día no se hace tan duro como pensaba ya que intento centrarme en los estudios y no pensarlo demasiado.
Ahora solo me queda la esperanza de que al empezar con las nuevas asignaturas, se creen nuevos grupos y alguien me dé una oportunidad.
Esto y otras cosas acaban haciendo que me hunda y que las cosas que hago pierdan su sentido. Estoy harta de las depresiones, hago todo lo que puedo para evitarlas, pero cuando caigo, caigo con todo.
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