¿No
habéis sentido nunca la sensación de que no deberíais estar ahí
cuando vais a algún sitio? Pues eso justamente fue lo que sentí
aquel día. El chico del que estoy enamorada y yo, siempre quedábamos
en un sitio para que no nos viera nadie (lo llevábamos en secreto).
Cabe destacar, que no era el sitio más romántico del mundo, era una
especie de tubería subterránea de grandes dimensiones que recorría
parte de nuestro pueblo. Siempre hemos pensado que a nadie en su sano
juicio, se le ocurriría recorrer aquel túnel en plena noche. Nunca
nos dimos cuenta del peligro que corríamos allí.
-
“No tengas miedo, habrá sido una rata.” - me dijo-. Estábamos
besándonos y yo no quería pensar en nada más, pero un sonido
cercano me asustó.
Me
dijo que iría a comprobarlo, que le esperara allí, si así me
quedaba más tranquila, y perdí su rastro en la oscuridad. Empecé a
preocuparme cuando ya no le oía porque en teoría, el sonido venía
de un punto cercano. Mi móvil no tenía cobertura, así que tampoco
podía llamarle, ni a cualquier otra persona para pedir ayuda. Estos
pensamientos empezaron a preocuparme seriamente. Yo trataba de
mantener la calma, de no ponerme en lo peor, pero mi corazón ya
había empezado a desbocarse. Ahí estaba la voz de mi conciencia,
recordándome que yo no debería estar allí, que aquello era una
locura, y que podía pasarme cualquier cosa. Empecé llamándole
suavemente, pues allí el sonido se expandía fácilmente y si estaba
cerca me oiría. No obtuve respuesta. Volví a decir su nombre, esta
vez con algo más de fuerza, y esta vez escuché un ruido, pero no
parecía estar cerca. Quise salir de allí corriendo, pero no veía
nada, y temía caerme o perderme allí dentro. Empecé a marearme, y susurrando en mi oído alguien me dijo: “no tengas miedo”.
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