. Debo estar enferma. Me gusta todo aquello que duele. Me
gustas tú, para empezar. Te quiero, lo sé y lo llevo sabiendo tiempo. Me da
miedo decirlo, ponerlo en palabras, volverlo una promesa eterna, pero algo
cruje dentro de mí cuando tú lo dices.
Me gusta cuando sientes algo tan profundo que lo dices con
voz bajita y quebrada, como si el sentimiento atrapara tu voz. Me gusta lo que
veo cuando me miras, sé que de verdad sientes lo que dices, y lo que no dices
también. Eres genial, y no te das cuenta de cuánto. A veces me hace gracia
porque tienes el ego por las nubes y te crees mejor que otros, pero otras
piensas que eres lo peor por cualquier tontería. Deberías
verte con los ojos que yo te veo, seguro que no te reconocerías. No eres
perfecto, te queda mucho camino por recorrer, y mucho que aprender todavía,
pero a veces me haces creer que eres todo lo que siempre he buscado. Me cabrea
que a veces seas tan cerrado de mente, o superficial, pero es que otras veces
eres todo lo contrario. Hay días en los que siento que no podemos estar mejor,
que no puedo pedir más y no sé ni cómo demostrártelo. Me da rabia quedarme
callada, o no decirte nada de lo que podría decirte, pero es que lo siento tan
adentro que no sé cómo sacarlo fuera. Tampoco me ha gustado nunca eso de
exponerme, eso de decir lo que siento así, de golpe. Siempre me lo pienso dos
veces, y solo me dejo llevar de vez en cuando. Pero a veces pienso que te lo
debo, que no puedo ser siempre una pared, que no puedo ser siempre un misterio
sin resolver, pero es que no sé qué podría decirte. Solo puedo decir que hay
días en los que estoy de un humor de perros y solo tú lo solucionas. Hay poca
gente en el mundo capaz de conseguir eso conmigo, principalmente porque no me
suelo dejar.
A veces eres un cabezón y no haces caso de nada de lo que te
digo. Y no, eso no es un punto a tu favor, pero en algunos casos está bien que
lo hagas, porque incluso yo me niego mi propia felicidad. Está bien que alguien
se empeñe en hacerme feliz, en hacerme sonreír, en convertir un día gris, en
uno de color.
Te quiero por todas esas cosas, esas manías tuyas, esa forma
de hablar, por tus gestos, hasta por los crujidos de tus músculos. Me he
acostumbrado tanto a ti, que no sé qué haría ahora si tuviera que empezar de
cero. Al fin y al cabo, tú me has cambiado mucho ¿Sabes? Me has enseñado el
lado bueno de la vida aunque no lo creas, me has enseñado mucho a lo largo de
este tiempo, he descubierto muchas cosas de mí misma, he evolucionado mucho, he
mejorado en muchas cosas, y eso es solo porque por fin he notado que le importo
a alguien, que alguien me quiere, que alguien está ahí para mí, y de verdad,
que lo necesitaba. No sabes lo sola que
me he llegado a sentir, lo abandonada, las veces que he querido acabar con mi
vida, porque sentía que a nadie le iba a importar lo más mínimo. Es muy triste,
pero es así. Hace tiempo que aprendí a vivir de otra manera, a no amargarme tan
fácilmente, pero ahora tengo un motivo para ser feliz, tengo a un cabezota que
se empeña en hacerme feliz aunque yo no quiera. Mi motivo eres tú, y no quiero
verte mal.
Me da rabia que ahora
estés tú pasando por esa época, yo lo he vivido ya tantas veces… sé lo que es,
sé lo que duele, y la impotencia que da. Pero sabes, el que no quiera estar en
tu vida él se lo pierde. Una relación es cosa de dos, y tú solo puedes poner de
tu parte, si la otra persona se quiere ir de tu vida, ya se dará cuenta de lo
que ha perdido, no lo dudes.