lunes, 26 de agosto de 2013

Piedras.

Este año ha sido como un duro invierno; largo, seco, duro y triste.
Y es que tuve la suerte de empezar una nueva vida, o eso creía yo.
Pero lo cierto es que todos tropezamos una y otra vez con nuestras propias piedras.
Y eso hice yo;
Tropecé contigo, con ella y con ella también.
Pero después, llegó el verano.
Aunque tardó en llegar, trajo sus propias piedras de recuerdo.
Y nunca mejor dicho. Recuerdo.
Porque volvieron a mí, recuerdos de otros veranos, aunque faltaba ella.
Te eché de menos infinidad de veces. Te necesité en cada conversación, en cada momento, en cada mirada. Y ya ni tan siquiera tenía sentido decírtelo.
Lo cierto es que volvió cada persona de mi pasado a mi vida, menos tú.
Y ya hace tiempo que entendí que ya no estarías más, pero de vez en cuando, se me olvida.
Y así es mi vida. Un ir y venir de piedras, que tal vez ya no me hacen daño, pero me hacen tropezar y perder instantáneamente el equilibrio.

Lo bueno del tiempo, es que me ha hecho aprender a no caerme. A encontrar el equilibrio en el momento perfecto, mientras me sostengo en el aire. Y ahora ya no tengo heridas en las rodillas. Aunque en el alma sí, eso siempre. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Like always.

Voy a intentar recuperar mi blog. Sí, digo recuperar, porque parecía más suyo que mío. Voy a escribir por fin, sobre algo diferente. No sé si estoy preparada, pero necesito dar el paso de una vez. Necesito poder abrir mi blog sin miedo a recordar, sin miedo a sentir dolor. Y para eso, voy a escribir, como cada año, sobre las fiestas de Monóvar. Este año, no escribí sobre las de Pinoso, porque no tenía mucho que decir, y porque no estaba preparada para abrir el blog. Este va a ser un texto muy pobre, y poco entretenido de leer, pero lo escribo por, y para mí. Allá vamos:
Como todos los años, como si el tiempo no pasara para mi, vuelvo a sentir lo mismo de siempre. ¿Lo adivinas? No tengo ganas de fiestas de Monóvar, y cada año que pasa, es peor. Sé que al final serán medianamente decentes, y que tendré buenos momentos que recordar, pero sinceramente, estoy harta. Estoy harta porque me llevo mal con todo el mundo ¿A quién quiero engañar? Que solo me saludan unas pocas personas, y que el resto me miran con odio, o lo que es peor, con asco. Y lo peor es que no hay un motivo. Y lo cierto es que siempre me ha dado igual, lo que no me da tan igual es, que como cada año, vuelvo a estar completamente sola. Cada día que pasa hay menos gente en mi vida, y vuelvo a depender de una sola persona para poder salir. Y ese es un peso que ella no tiene porqué cargar. Y me da rabia, y me dan ganas de encerrarme y de no salir. Y que le den al mundo, pero sé que eso solo me hundiría un poco más. Estoy harta de depender de la gente para todo. Estoy harta de que mi vida siempre es igual año tras año, rutina, soledad, odio, rencor, y ahora le vamos a sumar todo el dolor que llevo dentro. Todos sabemos que no puede salir nada bueno de ahí, pero en fin, ahogaré mis penas con alcohol, hasta ahogar la conciencia, para no pensar, para no sentir, para no recordar. Y que pase lo que tenga que pasar. Like always.

viernes, 19 de julio de 2013

Te escribo, aunque sé que tal vez nunca leas esto.

Te escribo de una vez, porque ya no puedo más. Tengo el orgullo tan herido y ha crecido tanto, que no me permite reconocer qué me pasa. Y lo que me pasa eres tú. Siempre intenté que lo nuestro fuera perfecto. Si no lo era en la realidad que por lo menos lo fuera ante mis ojos. Quise creer que tú eras lo que yo siempre había buscado y que nuestra historia era de película, aunque la verdad es que ni tú encajabas conmigo, ni nuestra historia era perfecta. Lo cierto es que debí haberlo sabido desde el primer beso. Nuestras bocas no encajaban, no conseguíamos adaptarnos al ritmo del otro, y todo fue muy raro. Yo le eché la culpa a los nervios, y lo dejé estar, pero es bien sabido que lo que no empieza con buen pie, tampoco terminará bien.
Te prometo que este es el último texto que te dedico, que este sí es para ti. Ya no derramaré ni una palabra más. Sacaré una única vez lo que siento y lo enterraré en el pozo  más profundo que encuentre. Hace un par de días que me saqué la coraza que llevaba encima. Te lo explicaré; desde que entraste en mi vida, algo me decía que no podía descuidarme, mi intuición sabía que acabarías rompiéndome el corazón, así que poco a poco fui cerrándome más a ti, alejándome más, y cada vez me costaba más demostrar lo que sentía, tal vez por orgullo, pero sobre todo por miedo. Sí, mi mayor miedo era dejarme la piel en la relación, darlo todo por ti, entregarte cada pedacito de mí, y que hicieras conmigo lo que quisieras. Como además de eso, estaba la presión de los estudios,  los horarios, y de mi madre, tenía que ser responsable por todos. Ya no era cuestión solo de que me rompieras el corazón, es que podrías destrozar hasta mi futuro, si yo no era responsable, así que eso no lo podía permitir. Así que fui poniendo más y más barreras. Al final me quedé sola, encerrada en mi coraza autoprotectora, y la que salía fuera, ya no era yo. Cuando decidí que lo nuestro tenía que acabar, me encerré todavía más adentro de esa capa protectora, porque no podía permitirme caer, tenía que seguir centrada en los exámenes, y no solo no podía fallar, sino que tenía que aprobar todo lo que pudiera. No era el momento de preocuparme por otras cosas.

Pero hace unos días, me vine abajo. Salí de ese estado, y aparecí de nuevo. Después de un proceso en el que poco a poco me he ido recuperando a mí misma, por fin he roto esa coraza. Y me permití sufrir, y reconocer que era peor de lo que yo me empeñaba en reconocerle al mundo. Te quería y las teclas se me confunden al tener que escribir esto en pasado, por mucho que tú nunca lo creíste. Quizá nunca te quise como tú querías, o no te lo demostré como tú esperabas. Pero no lo dudes, por favor. Lo que más me duele es que digas eso. Y ahora, tengo que pasar página, disfrutar del verano, y volver a ser feliz. Yo no quiero que sufras más, y por eso te tuve que borrar de mi vida. Porque sé que las huellas que he dejado han calado profundo y sé cuánto daño te puedo hacer si me empeño. Pero tú sabes que yo no soy ese tipo de persona. Eliminarte nos ayudará a olvidarnos a los dos, nos ayudará a no caer en la tentación de mirar nuestras fotos, de hablarnos, y poco a poco se hará menos doloroso recordar. Espero que cuando lo superes, no tengas tan mal recuerdo de mí, porque mi intención jamás fue hacerte daño, mi intención fue protegerme a mí misma lo máximo posible, y lo hice como pude. 

viernes, 5 de julio de 2013

It´s time to change.

Vamos a escribir las líneas del libro más bonito del mundo, de nuestro mundo. Construiremos una historia de esas que no dejan a nadie indiferente. Vamos a construir una lista de sueños, para que no se nos olvide cumplir ninguno. Vamos a aprovechar el tiempo que tenemos, carpe diem, no lo olvides. Vamos a sentir cada instante como si fuera el último, porque tal vez lo sea. Vamos a dejar fluir la música por nuestras venas, y a seguir el ritmo con cada poro de la piel.
Dejaremos el pasado atrás, en el olvido enterrado, donde a nadie se le ocurra pisar, para vivir un presente que se escapa. Hay que perseguir el instante, porque cuando acelera, nos puede pasar de largo. Olvidaremos cada herida, cada cuchillada que transpasó alguna vez el corazón, y lo dejaremos latir para que guíe cada uno de nuestros pasos. Seremos fuertes para superar cualquier dificultad que se empeñe en nublar nuestra felicidad, porque solo duele aquello que dejamos que nos afecte.
Vamos a empeñarnos en ser felices al fin, porque nos hemos cansado de estar tristes. Porque el mundo tiene el color que tú le des, y yo ya me he cansado de verlo todo en blanco y negro. No voy a pasar por el mundo de puntillas, porque la intención es dejar huella. Tal vez jamás sea alguien de importancia para el mundo, pero la intención es ser el mundo para alguien. Voy a intentar construir mi historia desde el principio, a borrar todo el daño, todo el pasado, para que todo sea diferente. Es el momento, ha llegado la hora de contar la historia de forma diferente. Estoy preparada para soñar de nuevo, para sentir, para descongelarme, porque este invierno está siendo muy largo en mi cuerpo ya.

domingo, 9 de junio de 2013

Reset

Hoy he empezado a sentirme un poco más yo. Cuánto más tiempo paso alejada de él, más partes recupero de mí. Esto me está haciendo sentir bien. Me quiero, me echaba de menos. Estoy recuperando poco a poco partes de mi ser que me hacían mucha falta. Me estaba perdiendo a mí misma, empezaba a no reconocerme en el espejo, no quería mirarme, no podía mirarle a los ojos, no me sentía bien conmigo misma. Porque al fin y al cabo la otra persona puede no gustarte, pero es otra persona, tan solo tienes que sacarla de tu vida, pero contigo mismo tendrás que vivir hasta el final. Es duro empezar a odiarte a ti mismo. Cuando algo hace que empieces a quererte menos, a  menospreciarte, a cambiar de forma de ser etc. Merece la pena dar un salto. Un salto hacia atrás en el tiempo, hacia ese momento previo al cambio. Y merece la pena pararse a pensar qué es lo que ha provocado ese estado. 
Pero lo más importante es perdonarse. Al fin y al cabo, todos cometemos errores, a veces no es culpa de nadie que todo salga mal, y que se desencadene ese cambio. A veces es cuestión de aprender de lo vivido y olvidar. Dejar todo atrás y buscar nuevos aires. Darse un tiempo y un espacio a uno mismo, para recuperar lo perdido, y luchar con fuerza, empezar de nuevo. Una vez más, la vida es así. Caer, levantarse, y volver a trastabillar. Lo importante es aprender algo de todo ello. Aunque eso no impedirá el tropezón con la misma piedra, o con otra parecida, después. 
A veces me da por pensar, que estamos hechos para tropezar con la misma piedra. Porque al fin y al cabo, nos enamoramos de esa piedra al nacer. Nos da esa sensación de repetir siempre la misma historia en nuestra vida, de que, a pesar de intentar actuar de manera diferente, acabamos en las mismas situaciones. Pero lo cierto es que los disfrutamos. Se sufre, está claro, que sí. Más aún cuando llegan las decepciones, los golpes, las caídas, pero el tiempo que nos va bien, mientras se cura la herida de la caída anterior, se nos olvida cuánto hemos llegado a sufrir en realidad. Aunque en breve lo volveremos a recordar. A veces merece la pena todo ese sufrimiento, porque los minutos de felicidad son tan intensos, que estaríamos dispuestos a lo que fuera por ello.
Con esto quiero decir, que estoy feliz, que me siento más fuerte cada día, y mejor conmigo misma. Doy gracias a la gente que se encarga de recordarme lo bueno que hay en mí, y de esa forma, me hace darme cuenta de quién soy. Porque lo cierto es que a veces me pierdo por el camino en un intento de vivir la vida lo mejor posible, de hacer todo lo que puedo para que me vaya bien. Y, por supuesto, me equivoco. Pero me estoy recordando, me estoy volviendo a querer, y estoy volviendo a sentir  cosas que ya creía olvidadas.Me siento viva de nuevo, y solo me queda decir, que el verano me espera. 

Hoy voy a pensar en mí.

El camino de siempre; caer, detenerse a ver los daños sufridos, analizar las causas y las consecuencias, levantarse y seguir adelante. Seguir adelante con el corazón en una mano, y con lo aprendido en la otra. No queda otra que seguir, y eso es lo que se hace. Ponerse unos zapatos nuevos, sacar la máscara, esconder la expresión y fingir que todo está bien hasta que lo esté. 
No es para tanto, podría ser mucho peor, la verdad. No es el drama de mi vida, no me voy a acostar todas las noches llorando y echándole de menos. Cuando las cosas no van, no van, por mucho que uno le ponga empeño, así que solo queda el consuelo de haber luchado, de haberlo intentado, y de haberlo dejado atrás cuando ya nada se podía hacer. A veces hay que rendirse a tiempo, sacar la bandera blanca y evitar más daños. Yo no quiero sufrir, pero tampoco quiero hacer daño a la otra persona. A veces es inevitable sufrir, o provocar ese sufrimiento, pero siempre está en tus manos hacer el menor posible, o el mayor. Al igual que en cuanto a ti mismo. Siempre tienes la elección de cuánto estás dispuesto a soportar. Y no solo de lo que eres capaz, sino de lo que quieres soportar. Hay veces que no merece la pena hundirse más, y hay que empezar a salir. 
Cuando una relación hace más daño que el que cura, es mejor dejarla atrás. No es el momento, no es cuestión de rendirse a la primera, pero tampoco de sufrir por sufrir. A veces la soledad es la mejor compañera. Cuando ves que te estás convirtiendo en una persona que no quieres ser, cuando ves que estás empezando a tratar a las personas de una forma que no te gusta, cuando te das cuenta de que no eres tú mismo, es el momento de hacer un cambio, de pasar un tiempo a solas y reflexionar. Y cambiar lo que haya que cambiar, y estar en paz con uno mismo. 
Yo ahora no lo estoy, no estoy contenta con mi comportamiento, ni con mi forma de ser en algunos aspectos últimamente, yo sé que esta no soy yo, ni quiero serlo. Y necesito tiempo para recomponerme. Necesito tiempo para mí, para volver a quererme, para perdonarme, para unir de nuevo esas partes de mí que me hacen sentir orgullosa de quién soy. 
Necesito tiempo para cultivarme, para cuidarme, para sentir la soledad y estar en paz con ella. Y sobre todo ahora que sé lo que lo causa, lo que saca mis monstruos del armario, los tengo que volver a encerrar, y calmarme. Necesito tiempo para volver a sonreír, para dejar de preocuparme por todo, para relajarme, y olvidarme de todo. Pero también necesito de mi gente, de mi rutina de verano, de mis novelas, de mis fiestas, y lo más importante, mis caballos. No hay nada que me cure más el alma que eso. 
Voy a dedicarme a ser feliz, voy a intentar salir airosa de estos malditos exámenes, y si no me salen tan bien, saldré adelante, porque no voy a rendirme, porque sé lo que quiero, y ahora sé cuánto cuesta. Y una vez acaben, me daré todo el tiempo del mundo para mí. 
Esto puede sonar completamente egoísta y ególatra, pero ¿Sabes qué? Que hace mucho que dejó de importarme lo que pueda pensar la gente de mí, que yo tengo mis motivos y que ya me toca pensar en mí.  

domingo, 12 de mayo de 2013

Anímate.


. Debo estar enferma. Me gusta todo aquello que duele. Me gustas tú, para empezar. Te quiero, lo sé y lo llevo sabiendo tiempo. Me da miedo decirlo, ponerlo en palabras, volverlo una promesa eterna, pero algo cruje dentro de mí cuando tú lo dices.
Me gusta cuando sientes algo tan profundo que lo dices con voz bajita y quebrada, como si el sentimiento atrapara tu voz. Me gusta lo que veo cuando me miras, sé que de verdad sientes lo que dices, y lo que no dices también. Eres genial, y no te das cuenta de cuánto. A veces me hace gracia porque tienes el ego por las nubes y te crees mejor que otros, pero otras piensas que eres lo peor por cualquier tontería.   Deberías verte con los ojos que yo te veo, seguro que no te reconocerías. No eres perfecto, te queda mucho camino por recorrer, y mucho que aprender todavía, pero a veces me haces creer que eres todo lo que siempre he buscado. Me cabrea que a veces seas tan cerrado de mente, o superficial, pero es que otras veces eres todo lo contrario. Hay días en los que siento que no podemos estar mejor, que no puedo pedir más y no sé ni cómo demostrártelo. Me da rabia quedarme callada, o no decirte nada de lo que podría decirte, pero es que lo siento tan adentro que no sé cómo sacarlo fuera. Tampoco me ha gustado nunca eso de exponerme, eso de decir lo que siento así, de golpe. Siempre me lo pienso dos veces, y solo me dejo llevar de vez en cuando. Pero a veces pienso que te lo debo, que no puedo ser siempre una pared, que no puedo ser siempre un misterio sin resolver, pero es que no sé qué podría decirte. Solo puedo decir que hay días en los que estoy de un humor de perros y solo tú lo solucionas. Hay poca gente en el mundo capaz de conseguir eso conmigo, principalmente porque no me suelo dejar.
A veces eres un cabezón y no haces caso de nada de lo que te digo. Y no, eso no es un punto a tu favor, pero en algunos casos está bien que lo hagas, porque incluso yo me niego mi propia felicidad. Está bien que alguien se empeñe en hacerme feliz, en hacerme sonreír, en convertir un día gris, en uno de color.
Te quiero por todas esas cosas, esas manías tuyas, esa forma de hablar, por tus gestos, hasta por los crujidos de tus músculos. Me he acostumbrado tanto a ti, que no sé qué haría ahora si tuviera que empezar de cero. Al fin y al cabo, tú me has cambiado mucho ¿Sabes? Me has enseñado el lado bueno de la vida aunque no lo creas, me has enseñado mucho a lo largo de este tiempo, he descubierto muchas cosas de mí misma, he evolucionado mucho, he mejorado en muchas cosas, y eso es solo porque por fin he notado que le importo a alguien, que alguien me quiere, que alguien está ahí para mí, y de verdad, que lo necesitaba.  No sabes lo sola que me he llegado a sentir, lo abandonada, las veces que he querido acabar con mi vida, porque sentía que a nadie le iba a importar lo más mínimo. Es muy triste, pero es así. Hace tiempo que aprendí a vivir de otra manera, a no amargarme tan fácilmente, pero ahora tengo un motivo para ser feliz, tengo a un cabezota que se empeña en hacerme feliz aunque yo no quiera. Mi motivo eres tú, y no quiero verte mal.
 Me da rabia que ahora estés tú pasando por esa época, yo lo he vivido ya tantas veces… sé lo que es, sé lo que duele, y la impotencia que da. Pero sabes, el que no quiera estar en tu vida él se lo pierde. Una relación es cosa de dos, y tú solo puedes poner de tu parte, si la otra persona se quiere ir de tu vida, ya se dará cuenta de lo que ha perdido, no lo dudes.