sábado, 22 de octubre de 2011

Algunas personas cometen el error de parecer fuertes ante los demás para protegerse, cuando en el fondo están destrozados por dentro y más débiles que nunca. Yo misma lo he hecho miles de veces.  Cuando no estamos preparados para admitir nuestro dolor, para luchar, y para hacerle frente ante los demás, intentamos ocultarlo ante nuestros conocidos a toda costa. Lo fácil sería llorar, gritar y dejarse ayudar por los demás pero a veces por orgullo, vergüenza o cualquier otro sentimiento, nos tragamos el sufrimiento y disimulamos cuando los demás nos observan, pero ¿ Cuanto tiempo se puede esconder un corazón roto? ¿ Cómo se puede aguantar tal dolor sin apoyarse en nadie? Tarde o temprano acabamos rindiéndonos y dejando que los demás alivien ese tormento que llevamos tan anclado al alma. Al principio parece que nunca volveremos a sentirnos bien, pero un día sin ni siquiera notarlo, nos curamos y la normalidad viene a nosotros como si jamás la hubieramos dejado escapar.
Todos necesitamos gente en quien apoyarnos. Ya sea la familia, los amigos, o cualquier persona de nuestro entorno pero nadie puede resolver todo solo, por mucho que algunas veces nos cueste admitirlo, no somos nada sin la gente que está ahí cada día, para nosotros, cuando necesitamos un hombro en el que llorar o simplemente echar unas risas. Nadie quiere morir solo, y aunque haya personas que se manejen bien con la soledad, tarde o temprano, acaban recurriendo a alguien.

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