Y así, de repente, se curó un
alma rota. El amor es el único capaz de curar ciertas heridas. Heridas que
provoca precisamente la falta de este.
Ella hacía tiempo que no se
miraba en los espejos, no quería pelearse con su reflejo. Para ella solo
contaba su interior, sus buenas intenciones, y sus ganas. Ganas de ser, de
gustar, de darse a conocer. Y quien no fuera capaz de ver lo obvio, no merecía
ni su tiempo, ni su sufrimiento. Pues era como un libro abierto; Había dejado
de esconderse mucho tiempo atrás, ahora solo quería que la leyeran, y que les
gustase tanto, que la volvieran a leer.
Él era de los que pensaba demasiado,
aunque no lo demostraba. Siempre le había gustado sentir, pero vivía en un mundo
en el que eso estaba mal visto, así que se dedicaba a vivir, y a disfrutar del momento,
aunque con los ojos bien abiertos. En el fondo, sabía lo que quería. Y encajaba
bastante bien con aquella chica que apenas conocía, pero que había conseguido atraer
su atención.
El resto ya es historia.
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