domingo, 10 de mayo de 2015

Este fin de semana ha sido un periodo de reflexión y melancolía bastante profunda. No todas las emociones que he sentido las he sabido identificar, ni he profundizado lo suficiente para encontrar su causa. Lo cierto es que tampoco quería hacerlo.
Por varios motivos he llorado mucho estos días, he llorado hasta quedarme sin lágrimas literalmente, y es que supongo que necesitaba vaciar el depósito. Hay muchas cosas que me ponen triste, y es normal. Hoy en día lo difícil es encontrar razones para sonreír, porque para llorar, siempre sobran.
El ánimo de este texto no es deprimir al personal, si no todo lo contrario; De un tiempo hasta aquí he estado intentando centrarme en las cosas que me hacen feliz, en sonreír, en reírme por algo todo los días, y en bloquear lo que podía hacerme sentir mal. En ese proceso he entendido que para ello, hay que ser egoísta, y ponerse uno siempre primero. Es muy difícil encontrar un equilibrio entre uno mismo y los demás, dado que ambos extremos son malos. No hace falta que explique por qué. Lo cierto y verdad, es que ahora sé poner límites a los demás, e, incluso a mí misma, y he aprendido también a ser más egoísta.
Pero está claro que uno no puede desentenderse de la sociedad en la que vive, y de las personas que lo rodean. Al final es inevitable preocuparse, empatizar,  o quizá no lo sea, pero es necesario porque de lo contrario, poco nos diferencia de una roca. Los lazos afectivos que establecemos con los demás nos atan, y nos vuelven vulnerables. Al final, lo que le sucede a otra persona acaba afectándote en cierta medida a ti también, y eso es lo que hay que equilibrar.
Por suerte o por desgracia, siempre he sido una persona muy empática con el resto del mundo (animales, y personas) y eso me hace sufrir, pero he comprobado que intentar bloquearlo me hace sentir peor. Me enorgullece tener esta sensibilidad, ya que me hace comprender mucho mejor muchas cosas, pero no me impide ser objetiva en cierta medida. Es decir, no me suelo dejar llevar por eso que segundos atrás he sentido, y he comprendido, pero eso me ayuda a tomar mejores decisiones, o eso creo.
La conclusión de todo esto, es que he tenido una gran acumulación de emociones este fin de semana, y que no todas han sido propias, y por tanto, la válvula ha estallado. Entendiendo esto, ahora sé que tengo que coger fuerzas, y volver a recuperar mi estado de ánimo, que seamos sinceros, se ha quedado por los suelos.

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