Hoy, después de una llorera del quince viendo el último capítulo de mi serie favorita, he decidido rematar la tarde leyendo un par de artículos de una tuitera, que nos hace reflexionar sobre las imposiciones de esta sociedad machista hacia las mujeres.
Total, que juntando todo ese vaivén de emociones, y mi experiencia, me he inspirado para escribir hoy, y a eso vamos.
Estoy muy harta de que a la mujer se la catalogue, etiquete, juzgue y valore en función de su cuerpo, cara bonita, y otros cánones sobre el comportamiento que debería tener. En lo que a mí respecta nunca he querido ser madre, y como os podéis imaginar, eso siempre ha sido objeto de crítica, y siempre ha venido acompañado de la pregunta ¿Por qué? Que todavía en el siglo XXI no nos queda claro, que el hecho de ser mujer, no te convierte en futura madre automáticamente. Pero de ese tema no voy a hablar hoy.
Hoy voy a hablar del físico. En mi caso, nunca he estado orgullosa de mi físico, y he sido objeto de constantes burlas en mi infancia. Lo cierto y verdad, es que mirándolo con la perspectiva que me dan mis 21 años, me he dado cuenta de que yo era una chica normal. Que quizá alguna vez me han sobrado un par de quilos, y un par de pelos, pero no sufría obesidad, ni ninguna malformación, ni ningún defecto especialmente destacable. Y por eso, he aprendido a quererme, porque resulta, que lo que los demás vean en mí, no se acerca en lo más mínimo a lo que soy. Te acercas al éxito el día en que te das cuenta de que no les puedes gustar a todos, y que siempre va a haber algo de ti que a otra persona no le pueda gustar, y lo más importante, es que no pasa nada. Lo importante es saber valorarse a uno mismo, por lo que uno es, más allá del físico, y más allá de los logros.
Hoy en día he cambiado mucho, tanto físicamente, como psicológicamente, y quizá gorda o fea, no es algo que me suelan decir, pero tienen otra excusa para juzgarme. Desde hace unos años, llevo un piercing en el labio, que a mi parecer, me favorece, y me gusta. Hasta ahí, todo correcto. Pero es que resulta que hay ciertos individuos a los que no les gusta. Perfecto. Para gustos, colores, pero parece que es incompatible el hecho de que no les guste con que respeten mi decisión, y no me cuestionen como persona, y sobre todo es incompatible con que no me interroguen hasta el cansancio sobre el tema. La frase que más me han repetido es:
- "Pues estarías mejor sin él".
- Bajo tu punto de vista, pero a mí me gusta, y no me lo voy a quitar porque a ti no, fin.
Al final, madurar significa encontrar el equilibrio entre lo que la sociedad espera de ti, y lo que esperas tú.
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