miércoles, 8 de junio de 2011

Fiesta. Tengo unas ganas irrefrenables de salir, de bailar, de beber... En definitiva, tengo ganas de fiesta.
Las personas que me conocen dicen que soy una chica responsable, seria, madura y que a veces parezco una madre. Todo esto es cierto pero también existe en mi ese lado rebelde, que aflora cuando el extress empieza a matarme. Me gusta salir, convertirme en otra persona por la noche y dejarme llevar. Yo no soy una persona extrovertida precisamente, es cierto, pero cuando salgo me esfuerzo por serlo, intento hablar, bailar y relacionarme con la gente olvidando mis prejuicios. A veces necesito beber para ayudar a que ese lado salga y no es algo de lo que me sienta muy orgullosa porque yo sé que esa no es la forma, sé que debo esforzarme y relajarme para conseguirlo pero ¡oye! he dicho que en ese momento dejo atrás mi lado responsable y por lo tanto dejo de preocuparme por esas cosas para centrarme en disfrutar. Me encanta sentir que nadie a mi alrededor me conoce a excepción de mis amigas y de alguna gente que esta por ahí dispersa y por eso puedo dejar de sentirme presionada por lo que los demás creen que saben de mi. Me gusta descubrir nuevas sensaciones, nuevos pensamientos en mi cabeza. Y sobretodo me encanta la sensación que me recorre cuando vuelvo a casa y recuerdo todo lo que ha pasado esa noche. Si ha sido una buena noche la puedo recordar durante días y días riéndome con mis amigas de lo sucedido y pasan a ser los mejores recuerdos almacenados en una parte de mí. En esa parte rebelde, diferente y divertida que tengo tan oculta casi siempre.   

AoD

¿Qué por qué me gusta? Pues verás siendo objetiva te diría que es una serie muy mala. Sí, es muy mala ; tiene unos efectos pésimos, un argumento un poco típico y escenas de amor hechas para que cualquier adolescente se enganche a verla. Pero es que yo soy ese cualquiera. No lo puedo evitar, es más no lo quiero evitar. Me gusta que por fin en una serie interesen a los jóvenes por la poesía, cualquiera de nosotros cuando oye la palabra poema, se le viene a la mente, unos versos casi  sin sentido y que no tienen nada que ver con nuestra época, pero ahora podemos apreciar que la poesía puede ser preciosa, y que si se usa en el momento adecuado de cada día encaja a la perfección. Y sí, me encantan las escenas de amor y desamor que hay. ¿ Qué pasa? Lo que no puedo tener en la realidad me encanta verlo en la ficción es sencillo de entender. Me gusta observar el amor, entenderlo desde varios puntos de vista. Cada uno ve el amor de una manera, y a veces también depende de la situación de la vida. Me encanta ver esa alegría, ese brillo en los ojos, esa pasión cuando los amantes se encuentran.Esa es de las pocas cosas que no cambian. En fin, me gusta y punto. 
Me siento bien cuando me pongo en la piel de los actores y me imagino ese dolor que tienen que fingir por la pérdida del amante, yo no sabría fingirlo. Me dan envidia porque nos pueden hacer creer por un momento que son los más felices del mundo o los más tristes y ni tan siquiera intuimos como se sienten en realidad.
A veces me gustaría saber fingir, no preocupar a la gente con mi aspecto de deprimida a todas horas. Cuando estoy mal soy incapaz de ocultarlo y me siento mal por los demás. Pero bueno ser como un libro abierto también tiene su  lado positivo porque la gente puede ver que soy una amiga de verdad, que les voy a mostrar en todo momento quien soy, que es lo que quiero y que es lo que pienso. Quizá lo de ser actriz no sea lo mío.
Otra de las cosas que me gustan de esta serie es, que nos demuestra lo débil que es el ser humano y lo fácil que caemos en nuestras tentaciones. A veces parece increíble que tengamos sentimientos porque por conseguir lo que queremos haríamos cualquier cosa sin importarnos el daño que causamos. No todos somos iguales está claro, pero esta serie nos demuestra que si los poderes de ese tipo existiesen no habrían muchas almas que se salvasen. Es difícil para nosotros reconocer que no somos tan buenos como nos creemos y sobretodo reconocer nuestros anhelos más secretos, esos que nos da vergüenza reconocer. Todo el mundo tiene un sueño, ese por el que dejaría todo lo que tiene sin pensárselo dos veces. Somos débiles, egoístas y superficiales y no podemos pretender ser otra cosa porque al final todo sale a la luz. No sé explicar por qué pero parece como si aunque cada ser humano sea único, compartimos una serie de vivencias, sentimientos, debilidades que nos unen a todos en una cadena interminable. Cada acción que uno de los miembros de esa cadena realiza, repercute en todos los demás, porque estamos unidos por un lazo invisible, que nos ata, que nos condena y del que no podemos escapar. Por eso hay injusticias, mala suerte, por eso nos pasan cosas que no podemos explicar o que no son culpa nuestra. Los demás repercuten en nosotros y nosotros repercutimos en los demás. Y cuando de verdad nos demos cuenta y empecemos a actuar pensando en los demás y no solo en nosotros mismos y nuestros deseos, entonces empezaremos a arreglar este mundo.

lunes, 6 de junio de 2011

Exámenes, el entrenamiento de la vida.

Exámenes, tan solo una prueba más que nos pone la vida para superar. Así podemos demostrar nuestro intelecto, nuestra capacidad de esfuerzo, nuestra corrección al expresarnos...  Para algunos de nosotros es pan comido, para otros solo cuesta un poco de esfuerzo el día de antes, los días de antes cuando estas en bachiller, pero hay gente, poca, sí, que estudia cada día, que le da un repaso a lo que ha explicado ese día el profesor. Lo que me lleva a preguntarme ¿Qué es más justo que apruebe el que menos le cuesta, pero que merece el aprobado porque cumple los requisitos, el que se esfuerza, pero en el último momento o el que está día a día esforzándose? Sigo sin saber responder a esa pregunta porque es difícil hacer justicia a lo que cada uno se merece. Pero sí puedo decir que ante el mismo problema cada uno reaccionamos de una manera diferente, lo solucionamos a nuestra manera. ¿Pero, si lo solucionamos, qué más da la forma? Como dice el dicho: El fin justifica los medios. No sé si eso se puede aplicar a todas las situaciones de la vida, pero en esta podría valer. 

domingo, 5 de junio de 2011

Discusión conmigo misma.

Tengo un viento gélido, un viento que azota mis pensamientos, que los dispersa por toda mi cabeza. Me distrae, me desconcentra, ya no sé lo que quería decir. - ¡Mierda! Ya se me ha olvidado. 
- A ver piensa, concéntrate. ¿Qué ha sido lo último que has pensado antes de perder el hilo?
No tengo ni idea. Paro, pienso en cosas estúpidas, tarareo una canción, cierro los ojos y me dejo llevar. Otro hilo de pensamientos empieza, no puedo detenerlo ya. Querría no dejarme pensamientos en el aire, ya que son conversaciones conmigo misma que me ayudan a conocerme, a saber lo que pienso sobre las cosas. A veces pienso que debe ser extraño que alguien hable consigo mismo tanto como yo lo hago. Tengo como dos pensamientos uno es el consciente, que es como si lo dijese en voz alta y, el otro el subconsciente, esa vocecilla que sale por debajo diciendo cosas que a veces hasta me sorprenden. ¿Me faltará un tornillo? Sí, a veces me lo pregunto. Pero he llegado a la conclusión de que si no tienes nadie bueno con quien hablar es mejor que hables contigo mismo. Nadie mejor que tu te va a escuchar, nadie te va a prestar más atención.  
Ves y ahí está otra vez. Ya he roto el hilo, ya he desviado el tema. A veces, cuando escribo, me doy cuenta que no sé a dónde quiero llegar con un texto, y que lo que empieza hablando de un tema, acaba hablando de otro.


sábado, 4 de junio de 2011

ira, incandescente corre por mis venas

No puedo soportarlo más, no, no me taches de exagerada. Estoy a punto de rendirme, no puedo aguantar más, me cansa que nunca le importe a nadie lo que tengo que decir. Parece que a todo el mundo le cuesta un esfuerzo sobrehumano escucharme, leerme, ¿ Tan insoportable soy? ¿ Qué es lo que pasa, que mis problemas y sentimientos no le importan a nadie? Eso ya lo he comprobado. Todos somos egoístas y según nuestro estado de ánimo tratamos a los demás de una manera o de otra. Pero estoy harta de que nadie tenga un puto minuto en su perfectas vidas para mi. Quizá es porque hablo en otro idioma, en el mio propio, en el de mis gustos y pensamientos extraños pero estoy harta de que nadie me preste atención, harta de que cuando digo algo esas palabras se pierdan en el viento y nadie se moleste en contestarme, cansada de que no me escucheis, de que fijais que no me habeis oido. Me dan ganas de rendirme y no volver a hablar nunca más. Siempre que pienso eso acabado hablando porque necesito desahogarme, pero el día que no pueda más me callaré y no volveré a abrir la boca pero eso sí tampoco estaré para escuchar vuestras putas gracias, vuestros putos problemas ni nada que venga de nadie.

viernes, 3 de junio de 2011

Platón, el banquete

En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aun el nombre, aunque él mismo haya desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino, mientras que ahora no es sino un hombre que yace en la ignominia. En segundo lugar, la figura de cada individuo era por completo esférica, con la espalda y los costados en forma de círculo; tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, y también cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo lo demás según puede uno imaginarse de acuerdo con lo descrito aquí. Caminaba además erecto, como ahora, en cualquiera de las dos direcciones que quisiera; más cada vez que se lanzaba a correr rápidamente, del mismo modo que ahora los saltimbanquis dan volteretas haciendo girar sus piernas hasta alcanzar la posición vertical, avanzaba rápidamente dando vueltas, apoyándose en los ocho miembros que tenía entonces.
Eran tres los sexos y de tales características por la siguiente razón; lo masculino era un principio descendiente del sol, lo femenino de la tierra, y lo que participaba de ambos de la luna, porque también la luna participa de lo uno y de lo otro. Y precisamente eran circulares ellos mismos y su manera de avanzar por ser semejantes a sus progenitores. Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Efíaltes y de Oto, se dice también de ellos, que intentaron ascender al cielo para atacar a los dioses. Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían de hacer con ellos, y se encontraban ante un dilema, ya que ni podían matarlos ni hacer desaparecer su raza, fulminándolos con el rayo como a los gigantes- porque entonces desaparecerían los honores y sacrificios que los hombres les tributaban-, ni permitir que siguieran siendo altaneros. Tras mucho pensarlo, al fin Zeus tuvo una idea y dijo: "Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes al hacerse más débiles. Ahora mismo, en efecto- continuó-, voy a cortarlos en dos a cada uno , y así serán al mismo tiempo más débiles y más útiles para nosotros, al haber aumentado su número. Caminaran erectos, sobre dos piernas; pero si todavía nos parece que son altaneros y que no están dispuestos a mantenerse tranquilos, de nuevo otra vez- dijo- los cortaré en dos, de suerte que avanzarán sobre una sola pierna a la pata coja. Dicho esto, fue cortando a los hombres en dos, como los que cortan las serbas y las ponen a secar o como los que cortan los huevos con crines. Y a todo aquel al que iba  cortando, ordenaba a Apolo que le diera la vuelta al rostro y a la mitad del cuello en la dirección del corte, para que, al contemplar su seccionamiento, el hombre fuera más moderado, y le ordenaba también curarle lo demás. Apolo le iba dando la vuelta al rostro y recogiendo la piel que sobraba de todas partes en lo que ahora llamamos vientre, como ocurre con las bolsas cerradas con cordel, la ataba haciendo un solo agujero en mitad del vientre, precisamente lo que llaman ombligo. En cuanto al resto de las arrugas, la mayoría las alisó, y conformó el pecho sirviéndose de un instrumento semejante al que emplean los zapateros para alisar sobre la horma de los cueros. Mas dejó unas pocas, las que se encuentran alrededor del vientre mismo y del ombligo, para que fueran recordatorio de lo que antaño sucedió.
Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza, y morían por hambre y por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros. Y cada vez que moría una de las mitades y sobrevivía la otra, la que sobrevivía buscaba otra y se abrazaba a ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera- lo que precisamente llamamos ahora mujer-, ya con la mitad de un hombre; y de esta manera perecían. Mas se compadeció Zeus y se ingenió otro recurso; trasladó sus órganos genitales a la parte delantera ( porque hasta entonces los tenían también por fuera, y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras) Los trasladó, pues, de esta manera a su parte delantera e hizo que por medio de ellos tuviera lugar la concepción en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino,  a fin de que, si en el abrazo se encontraba hombre con mujer engendraran y siguiera existiendo la especie, mientras que si se encontraba hombre con hombre, hubiera al menos plenitud del contacto, descansarán, prestaran atención a sus labores y se ocuparan de las demás cosas de la vida. 
Desde hace tiempo, pues, es el amor de unos a otros innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos y de curar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, por tanto, una contraseña de hombre, al haber quedado seccionados, como los lenguados en dos de uno que éramos. Por eso busca continuamente cada uno su propia contraseña.

miércoles, 1 de junio de 2011

sangre, venganza y pasión capítulo VI

Miré a mi alrededor bastante desconcertada, intentando calmarme y aunque no sabía en qué país estaba, ni en que ciudad me levanté y me puse a buscar con la mirada puntos de referencia. Delante de mi, había una heladería en la que ponía Gelato Sogno. No sabía que significaba, pero era bastante obvio que era italiano, así que podría estar en Italia. Como no -pensé- Si había un lugar que les pegaba bastante a los ángeles, ese era Italia. Pues si habían decidido dejarme allí con algún propósito, yo estaba bastante lejos de averiguarlo así que me senté en un banco que había cerca y me dediqué a observar a la gente. 
La gente pasaba ensimismada con sus conversaciones, nadie se fijaba en una chica sentada en un banco que no llamaba la atención. Si alguien se hubiese detenido a mirar podría haber visto mi cara de desconcierto y de susto pero nadie lo hizo, así que opté por empezar a caminar.Giré a la derecha y me sumergí en una calle bastante estrecha. ¡Menudos cambios tiene esta ciudad! pensé. Acababa de salir de una plaza enorme y ahora me encontraba en una callejuela de un barrio cualquiera. Esto no estaba mejorando, al final iba a acabar perdiéndome. 
Después de un rato andando vi un cartel, que ponía dónde me encontraba. Nápoles. No me lo podía creer. Bueno ya que nunca había salido de España y Portugal no estaba mal conocer nuevos países aunque me daba bastante miedo estar sola puesto que no tenía ni idea de italiano. Vi un café al final de la calle y decidí que entraría y me tomaría algo, pues no me había dado cuenta de cuanto llevaba sin comer, pero era bastante, eso seguro. Abrí la puerta y pude ver un café estilo irlandés todo hecho de madera y decorado con un estilo lúgrube, casi gótico diría yo. No pegaba nada con la Italia que yo me imaginaba, pero en realidad así era mejor. Cambiaron de canción y empezó a sonar Epica, bueno esto si que tenía algo de sentido porque había algunas canciones de épica en latín y quedaba bastante bien aquella mezcla. Me pedí un café capuchino y me senté en una mesa al fondo de la estancia. No quería estar demasiado a la vista porque me sentía bastante cohibida en aquel lugar. Y en ese momento aparecieron.
- ¡Hey Silvia! apuesto a que te has llevado un buen susto ¿Me equivoco? ya pensabas que te habíamos abandonado. Dijo Dani.
Si se pensaba que me iba a reir iba listo. Le eché una de esas miradas mías a las que todo el mundo temía y empecé a hablar. ¡Me iban a oir!
- ¿Pero vosotros de qué vais? ¿ No habéis pensado que alguien podía haberme hecho algo?, ni tan siquiera hubiera podido defenderme. 
- Venga mujer no te lo tomes así. Si te hubiéramos visto en peligro habríamos acudido a salvarte. 
Tras decir esto soltó una carcajada y se echó el pelo del flequillo hacia atrás. ¿Pero por qué tenía que tener aquella actitud tan sexy justo en esos momentos? ¿Le parecía normal dejarme tirada en medio de la calle, inconsciente y luego aparecer como si nada?
- Bueno ahora hemos podido comprobar que ante una situación nueva te desenvuelves bastante bien -dijo David. Ya estas preparada para la siguiente lección. No te creas que hemos venido aquí porque sí.
- Lo que David quiere decir es que tenemos una misión aquí y bueno no tenemos otra forma de desplazarnos que la transportación mediante nuestros poderes así que sentimos que te hayas mareado un poco. - Dijo Dani.
- Está bien. ¿ Qué tenemos que hacer?
-  Resulta que hay una familia de mucho poder adquisitivo aquí en Italia, que están empezando a separarse por culpa de las posesiones. Un caso típico de ambición y fama. Así que intervendremos cada uno de nosotros con uno de los miembros de esa familia. Debemos hacer que vuelvan a recordar lo mucho que se querían y la gran estupidez que es que se separen por el dinero.
- ¿ Cuando empezamos?- pregunté ansiosa. No sabía que iba a pasar a continuación, ni como iba yo a intervenir en aquello, pero era divertido estar allí. Nada parecía ir enserio a la vez que la situación tenía bastante gravedad, pero parece ser que me estaba acostumbrando a no saber nada, porque antes no podía soportar aquella sensación y ahora me lo estaba tomando con humor. Esta experiencia me iba a servir de algo por lo menos. pensé.
- Hoy voy a solucionar yo unas cuantas cosas antes de que pasemos a la acción y mañana ya podremos intervenir todos- dijo David.
- ¿ Y mientras tanto, qué vamos a hacer?
- Lo tengo todo pensado, no te angusties tanto. Tenemos una casa para nosotros solos al otro lado de la ciudad. Cuando te acabes el café, nos vamos. 
Lo cierto era que no había tomado ni un sorbo de aquel café con tan buena pinta así que lo apuré de un trago y nos fuimos de allí. Una de las ventajas de ir con ángeles es que no tienes que pagar nada. Ellos se hicieron cargo de borrarle la memoria al camarero y nos fuimos sin más. 
No me había dado cuenta de que cuando David dijo que teníamos una casa al otro lado de la ciudad, ibamos a tener que ir andando, pero así era. A no ser que quisiera volver a teletransportarme con ellos y creo que esa no era la mejor opción.
 Tras una hora caminando, llegamos a una casa enorme, de estilo antiguo, con una gran verja, que la separaba de los demás edificios. Entramos, y me indicaron cual era mi habitación. Subí a toda prisa, pues estaba muy cansada y al entrar en la habitación, aluciné. 
Era una habitación enorme, mucho más grande que mi habitación y mi salón juntos. ¡Aquello si que era un lujo! La cama era de matrimonio y las paredes eran de un color naranja clarito. Te relajabas con solo pasar la mirada por aquella estancia. Sin pensármelo dos veces me tiré de cabeza a la cama y me dejé llevar por los brazos de Morfeo.