domingo, 5 de junio de 2011

Discusión conmigo misma.

Tengo un viento gélido, un viento que azota mis pensamientos, que los dispersa por toda mi cabeza. Me distrae, me desconcentra, ya no sé lo que quería decir. - ¡Mierda! Ya se me ha olvidado. 
- A ver piensa, concéntrate. ¿Qué ha sido lo último que has pensado antes de perder el hilo?
No tengo ni idea. Paro, pienso en cosas estúpidas, tarareo una canción, cierro los ojos y me dejo llevar. Otro hilo de pensamientos empieza, no puedo detenerlo ya. Querría no dejarme pensamientos en el aire, ya que son conversaciones conmigo misma que me ayudan a conocerme, a saber lo que pienso sobre las cosas. A veces pienso que debe ser extraño que alguien hable consigo mismo tanto como yo lo hago. Tengo como dos pensamientos uno es el consciente, que es como si lo dijese en voz alta y, el otro el subconsciente, esa vocecilla que sale por debajo diciendo cosas que a veces hasta me sorprenden. ¿Me faltará un tornillo? Sí, a veces me lo pregunto. Pero he llegado a la conclusión de que si no tienes nadie bueno con quien hablar es mejor que hables contigo mismo. Nadie mejor que tu te va a escuchar, nadie te va a prestar más atención.  
Ves y ahí está otra vez. Ya he roto el hilo, ya he desviado el tema. A veces, cuando escribo, me doy cuenta que no sé a dónde quiero llegar con un texto, y que lo que empieza hablando de un tema, acaba hablando de otro.


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