miércoles, 11 de abril de 2012

dancing

En el escenario se apagaron las luces, el público trataba de guardar silencio, el telón se mantenía cerrado mientras detrás de él se colocaba la experta bailarina. El telón empezó a abrirse despacio, la profesora se mantenía serena, preparada para empezar sus primeros pasos. Las luces empezaron a encenderse despacio, al tiempo que la canción marcaba sus primeras notas. La bailarina puso un pie tras otro y empezó a desplazarse hacia el centro con el típico pasito de bailarina (punta talón, punta talón) hizo una pequeña reverencia y dio una media vuelta hacia atrás alzándose sobre sus puntas. La canción empezó a animarse y la bailarina empezó a acelerar sus movimientos. Mantenía un perfecto equilibrio, una sonrisa constante y unos movimientos limpios que denotaban la práctica acumulada durante tantos años de los mismos tortuosos ejercicios. Fue deslizándose por la melodía como si no le costase ningún trabajo hacerlo, como si bailara sobre las partituras, con el sigilo de un felino. Saltó en medio del escenario abriéndose completamente de piernas en el aire para caer con las piernas totalmente cerradas y los pies en posición segundos más tarde. El público ya estaba embelesado, la canción, estaba llegando a su fin. En unos segundos, tendría la gloria que tanto estaba esperando y volvería a sentirse como aquellos años en los que empezó a bailar, cuando aún era joven, esbelta y mucho más bella. Los pies estaban empezando a sangrarle demasiado y el control de sus piernas podía flaquear de un momento a otro. Pero su orgullo le impidió que se notara, exprimió todas sus fuerzas hasta la última nota de la canción en la que se tiró al suelo e hizo como que se moría. El final dramático que todo el mundo esperaba, aquel que marcaría el antes y el después en sus actuaciones. Tras unos segundos la multitud comenzó a aplaudir efusivamente y ella se levantó para recibir todo aquel ruido, para concentrarse en él y poder recordarlo como si fuera la primera vez que salía a un escenario. Hizo una reverencia y se despidió del público para siempre, pues sabía que ya era el momento de su retirada, no volvería actuar puesto que era mejor dejar un buen recuerdo antes que continuar hasta hacer el ridículo. Sabía que tenía que dejar paso a las otras bailarinas más jóvenes, y que todavía podía enseñar aquello que había llenado toda su vida.

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