La música no dejaba de sonar en mi cabeza a pesar de que todo estaba en silencio. Decidí salir a buscarte pues estaba harta de esperar a que tú me encontraras, me puse la ropa que me hacía sentir más guapa a pesar de que sabía que no podía competir con todas aquellas "tías buenas" del lugar y salí a la calle con toda la seguridad de la que fui capaz. Para no escuchar el ruido del mundo decidí ponerme unos cascos y evadirme de todo aquello que me hiciera querer darme media vuelta. Avancé a través de las calles a paso rápido, el corazón me latía trabajosamente, la respiración ya me iba acelerada, mis ojos estaban a punto de ponerse a llorar a causa del aire, pero me veía incapaz de detenerme.
Tras unos minutos perdí el rumbo, perdí la determinación, me sentí ridícula y quise darme la vuelta y volver a mi casa. Cuando pensaba dar un giro teatral para volver hacia atrás me choqué con alguien. Fui incapaz de levantar la vista y salí corriendo. Cuando ya había dado la vuelta a la calle y me sentía mucho más tranquila, decidí sentarme y recuperarme un poco. Cuando empezaba a sentirme un poco incómoda ya allí, lo vi pasar. Mi primer impulso fue el de esconderme, impedir que me viera para después volver a casa, pero me dí cuenta de que eso sería una total estupidez y de que tenía que enfrentarme de una vez a él. Todo era muy fácil tras una pantalla de ordenador o de móvil, pero la realidad era otra cosa, y por supuesto yo me había prometido saltar a la realidad.
Empecé a andar en su dirección mientras me quitaba los cascos. Levantó la cabeza y me vio antes de lo que yo hubiese deseado.
-¡Hola!- me dijo con una sonrisa.
- ¡Hola!- dije yo sonrojándome por completo.
Y él decidió continuar su camino antes de que me diese tiempo a reaccionar. Lo llamé por su nombre cuando todavía estaba a pocos centímetros de mi y se giró bruscamente. Su cara pasó de la curiosidad a la confusión y me di cuenta de que me tocaba decir algo. Tras pensarlo rápidamente decidí pedirle que no se fuese todavía. Eso me dio algo de tiempo para pensar, pero me hizo darme cuenta de su nerviosismo y de entender que si alguien nos veía por allí lo íbamos a lamentar. Le pregunté un par de cosas sin importancia, y empecé a sentirme más segura. Le propuse quedar algún día lejos de allí y aceptó de buen grado. Así que una vez conseguido lo que quería, decidí irme de allí. Cuando me estaba levantando, me cogió por el brazo y me hizo girarme lentamente. Me acercó hacia él y entonces sentí que el corazón se me iba a salir por la boca. Nos dimos un beso fugaz, lento, pasional que terminó en el momento en el que oímos un coche detrás de nosotros. Y yo me fui deprisa, dejándole allí sentado, sabiendo que acababa de suceder lo que tanto había estado esperando, sabiendo que ahora todo sería más fácil y recordando el sabor de sus labios.
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