jueves, 27 de marzo de 2014

Según un cuento popular, existen 4 cosas en la vida que no se recuperan:
1. Una piedra después de haber sido lanzada.
2. Una palabra después de haber sido proferida.
3. Una oportunidad después de haberse perdido.
4. El tiempo después de haber pasado.
Y esto quiere decir que una vez hacemos las cosas ya no hay vuelta atrás. Piensa antes de actuar, no te limites a lo que sientes en ese momento, pues de ahí viene el error, el arrepentimiento.
Yo antes era de las que de vez en cuando actuaba sin pensar, y sin remedio, acababa arrepintiéndome. Necesitaba ese poco de adrenalina en mi vida, pero eran otros tiempos. Ahora he decidido madurar, aprender de mis errores, y sobre todo del tiempo.
Y por eso ya no me permito soñar, la realidad me ha vencido. Después de haber repetido la misma suerte un par de veces, soy lo suficientemente lista como para saber cuando parar. Y tal vez los sentimientos sean inevitables, pero las acciones no. Las acciones las controlo yo.
Me he dado cuenta de que ya es hora de volver a sentir, de que ya me di mi tiempo para repararme y que no puedo ser siempre de piedra, pero eso tampoco quiere decir que vuelva a ser la de antes. De momento no quiero volver a sufrir, y si sufro, tendrá que ser por algo o alguien que merezca la pena.

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Para cuando...?

¿Para cuando alguien que luche por mí? ¿Para cuando alguien que me conozca, que de verdad lo haga, y que no se fije en nadie más? ¿Cuando va a aparecer alguien a quien de verdad le importe quién soy tanto por fuera como por dentro?
Joder, estoy harta de ser el segundo plato. Harta de que nadie se fije en mí, de no gustar, de no destacar. De ser invisible. Sí, invisible. Porque lo cierto es que hay situaciones en las que me gusta serlo, no soy de las que se crecen llamando la atención de los demás, pero joder, me gustaría que de vez en cuando, alguien se girara cuando paso y pensara, joder ahí va una gran tía, y me la estoy perdiendo. Alguien que por una vez se fijara en mí, y no en la persona que tengo al lado. Alguien que tratara de conocerme, de entenderme, que le gustara quien soy, y luchara por mí, por vencer mis muros, por conseguir curarme. Pero cada día estoy más cerca de rendirme, cada día soy un poco más fría, más cruel, más egoísta. Porque me he dado cuenta de que sale más rentable solo pensar en mí.
Estoy tan harta de ser positiva, de empezar de cero con cada persona, de confiar, de ayudar, escuchar, y no recibir a cambio mas que los restos de cariño que le sobran. No sé tal vez es que elijo mal a las personas, siempre me fijo en casos perdidos, en gente que no va conmigo, que es diferente a mí, y que así es imposible encontrar lo que yo quiero. Pero es que por mucho que lo intento no me sale otra cosa. Me gusta reparar a la gente, ayudarlos a encontrarse a sí mismos, a pensar, a abrir los ojos ante su situación o ante otras personas. Pero lo cierto es que ya no doy mi 100% ni tan siquiera en eso. Porque ya me cansé de ser un mero objeto. Siempre acabo siendo la consejera, la amiga, el último recurso, pero jamás la protagonista de la historia. Y por mucho que me guste hablar, y ayudar a la gente, al final no compensa. ¿A alguien le importa cómo me siento yo? Ya sé la respuesta. Ni tan siquiera piensan en ello.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cruzarnos un día cualquiera en cualquier lugar, y sentir de nuevo en el tiempo que dura una mirada. Saludar, sonreírte y dejarte ir. 
Mantengo la esperanza de que al verme, a ti también te queme algo por dentro. Aunque sean las ganas. Y en cierto modo, lo mío también son ganas, pero de ti. 
Y es que que hace demasiado tiempo que no estamos piel con piel y ha sido demasiado duro tenerte tan cerca tan solo unos segundos. 
Tu ausencia me ha disparado a quemarropa, porque por desgracia, la llevaba puesta. Y es que parece que el destino no ha querido darnos tregua. Pero cuando quieras compensamos la distancia a bocajarro y nos dejamos de tonterías. 
Perdona toda esta metáfora de armas, pero es tu culpa, porque un día me disparaste con tal tino, que jamás has salido de mi cabeza, ni de mí. 
Por suerte parece que yo algo también he calado, porque después de todo este tiempo, todavía me sigues buscando. Y la verdad es que no lo entiendo. Ojalá algún día me lo expliques. Aunque ya aprendí que se vive mejor en la ignorancia. 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Qué diagnóstico va a tener la atracción sino es de enfermedad. No puede ser muy sano que me pongan tus antebrazos. Y claro, luego vienen las imagenes mentales no tan puritanas como podría ser un beso en la mejilla. Que no sé si podrás conmigo, pero que ojalá. Que ojalá me aprietes fuerte contra algo y no me dejes espacio para huir. 
Y qué decir de la miel de tus labios, si hace tiempo que me perdí en tus ojos, y ya no sé cómo salir. Que ya no me acuerdo de pensar, y se me ha olvidado preguntarme un por qué. Y resulta que me niego a rozar ni siquiera un atisbo de tu piel a propósito, porque no sé si a partir de ahí sabría parar, aunque me gustaría que un día me rozaras sin querer. Pero no sé si tu piel o tus labios. Tal vez perdición de los sentidos. Del poco sentido común que me queda, pues lo tiré por la ventana un día, se ofendió y ya no quiere volver. Y pensándolo bien ya no lo necesito. Y qué más da si hago bien o mal si al final voy a morir igual. Ven y alégrame estos días, que ya me cansé de hacer lo que debía. 

domingo, 9 de febrero de 2014

De repente un día te levantas, te miras al espejo, y tienes la extraña sensación de no ser la misma. De haber cambiado demasiado. De sentirte como nunca te habías sentido.
Pero es solo un engaño, la antigua tú sigue ahí, bajo la piel, esperando a tus días oscuros para aparecer y recordarte que siempre estará ahí. Que lo que pasó no se irá, que lo que fuiste sigue ahí. Que hay cosas que no cambian. 
Y deseas desaparecer, poder borrar el dolor, pero no tienes donde esconderte. La vida sigue, y tú debes seguir luchando, no puedes rendirte. No es un juego. Y lo cierto es que hay días que no es tan duro. Tal vez sea un espejismo, pero ahí está, tu sonrisa, abriéndose paso en tu cara. El corazón latiendo rápido, la adrenalina en aumento en la sangre. Y parece que el tiempo pasa demasiado rápido. Que los días se escapan de las manos. Y de repente ahí va, un año nuevo. Pues tocará vida nueva, aunque solo sea por seguir con el dicho. 

Historia de un día cualquiera.

Se levanta pensando en él. Nada nuevo. Ya aprendió a ignorar sus propios pensamientos. Sabe que no funcionaría, lo sabe en lo más profundo de su ser, y le duele. La verdad es así, escuece. Así que se rindió hace tiempo. Se apagó y cerró con llave y candado cada uno de los cerrojos de su coraza. Se obligó a sonreír, aunque ya no fuera por nadie. Se obligó a ser feliz, aunque fuera sin un motivo concreto. Y de repente se dio cuenta de que le iba bien. Se sentía bien, no pensaba demasiado, y tampoco le daba muchas vueltas a su día a día o a las cosas que le pasaban. Y así fueron pasando un día tras otro.
Parece aburrido, o triste, pero lo cierto es que se acostumbró y no aspiraba a más. Apreciaba enormemente las pequeñas cosas, así que todos los días tenía un motivo para seguir andando. Daba pasitos pequeños cumpliendo cada reto, sintiéndose poderosa, pero sabiendo que cada día era un poco  más egoísta. Se perdía a sí misma entre los laberintos de la rutina, y ya no sabía si quería encontrarse. Continuará.

domingo, 2 de febrero de 2014

Reflexiones de un día de resaca.

Está claro que yo perdí la cabeza hace ya mucho tiempo. Creo que fue a la vez que el corazón. Y desde entonces he andado vagando por mi vida, tratando de hacer lo correcto, pero sabiendo que no me era posible. Sabiendo que aún que quisiera, nunca llueve a gusto de todos. Y aprendí a ponerme a mí delante.
Tras muchas decepciones, mi corazón no solo se había ido, sino que se había escondido en un lugar frío y oscuro. Perdí la sensibilidad y la intuición que me caracterizaban, y perdí la habilidad de transmitir. Desde entonces, decidí dejar de pensar, darle un descanso a la cabeza, porque entendí que pensando tanto, solo llegaba a estar más confusa. Y desconecté también esa parte de mí misma. Esa parte reflexiva, curiosa, que se preguntaba el por qué y el cómo de las cosas. Me he dado  cuenta de que es un buen método de supervivencia, que me permite ser un poquito más social, más normal, y me permite ser feliz a ratos. Y esos ratos son más intensos de los que habían sido anteriormente.
El problema aparece cuando se me presentan nuevos retos. Cuando tengo que decidir si seguir apagada como un coche antiguo del que da pena desprenderse, pero que no sacamos fuera del garaje o volver a sentir y salir afuera a pesar de que cabe la posibilidad de que algo vaya mal. Y hay algunos días en los que siento emociones intensamente, en los que tengo pensamientos profundos y largos, pero luego, me pongo frente a la hoja en blanco y no suele salir nada que merezca la pena. Tengo demasiado miedo a volver a romperme, a que desaparezcan esas partes de mí que me hacen ser quien soy, el problema es que me estoy dando cuenta, de que tal vez ya hayan desaparecido, y de que las ahuyenté yo misma.