miércoles, 30 de noviembre de 2011

wish I were another

Todos crecemos deseando con todas nuestras fuerzas ser mayores. Según la época en la que vivimos, la mayoría de edad se pone en una edad: 18, 16... Pasamos el rato imaginando qué haremos a esa edad y qué no haremos y lo esperamos con ansia porque suponemos que muchas cosas cambiarán, que vamos a tener muchas cosas y sobretodo que vamos a tener mucha libertad.
Miramos con envidia a las personas que en ese momento tienen esa edad y nos alentamos pensando que cada vez nos queda menos y el día que perdemos la cuenta, nos damos cuenta de que ya hemos cumplido esa edad, y, si ahondamos en nuestros pensamientos, recordaremos  aquello qué pensábamos que íbamos a ser, y nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos. Cada persona es un mundo y puede que algunos tengan más de lo que hubiesen podido desear, pero otros como yo, nos vemos estancados en una misma historia. Yo era de las ingenuas que pensaban que todo cambiaría, que conseguiría todo lo que quería y que me tratarían de otra manera. Me siento atrapada en los 14 años porque, sinceramente, no hay mucha diferencia entre mi vida a la edad que tengo y la que tenía con 14 años, ni parece que la vaya a haber. Solo deseo evolucionar, empezar a ser independiente, empezar a vivir una vida que no esté organizada por los demás sino por mi. ¡Solo pido empezar a vivir joder! Si no disfruto ahora que es cuando soy joven, ¿Cuándo me va a llegar la hora? ¿Cuándo seré "lo suficientemente mayor", "lo suficientemente hábil", "lo suficientemente independiente"?
Cuándo, cuándo y cuándo es lo único que me pregunto. Mientras tanto, sigo aquí, acumulando odio y rabia y dejando latir cada vez un poco más lento el corazón, dejando los sentimientos escaparse lejos de mi,y  volviendo a la creciente monotonía de mi vida.
No te extrañe querida, cuando me veas explotar, solo déjame gritar, déjame pegar golpes contra la pared, déjame caer al suelo hasta que recupere las fuerzas para levantarme, pero no me pidas más que finja, que sonría, que disimule porque algún día ya no podré soportarlo...

lunes, 28 de noviembre de 2011

oda a ...

¡Ay mi suave y confortable amor! ¿Qué haría yo sin ti? ¿Cómo descansar por las noches sin acomodarme en tu pecho? Te echo de menos por el día pero sabes como recompensarme tu ausencia por la noche. La nostalgia, el agotamiento, el mal humor, se apoderan de mi cuando te imagino en casa, esperándome y yo, me veo atada a una silla obligada a permanecer lejos de tu lado. Los días se me hacen eternos echándote de menos, los fines de semana parecen tardar demasiado en llegar. Los días de entre semana simulan una pelea de pareja, que nos distancia, que nos aflige pero el fin de semana nos reconcilia, haciéndonos recuperar todo el tiempo perdido. Tu vuelves a darme todo el cariño y el calor que se me van haciendo imprescindibles.
Quisiera poder casarme contigo pero nuestro amor es imposible y soy consciente de ello. No puedo entregarte toda mi vida aunque me mimes, me enganches y me hagas creer que lo único que quiero hacer es estar contigo. Lo cierto es que cuanto más tiempo paso contigo más quiero pasar, pero algún día tendré que compartirte,algún día, tendrás que aceptar que no soy tuya y que no eres lo único en mi vida. Lo siento, cama, pero te tengo que dejar otra vez. Créeme a mi me va a costar más que a ti.

jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Qué hay de malo en mi?

El otro día expuse en voz alta un par de pensamientos que nunca había conseguido sacar. Entre ellos está esta pregunta: ¿Qué hay de malo en mi? Tengo que preguntármelo, no es que considere que soy perfecta, es que me esfuerzo por buscar mis defectos para corregirlos, y, hasta ahora, eso es lo que he estado haciendo. Sé que hay cosas que aun debo mejorar, pero no puedo dejar de preguntarme si hay algo más que yo no veo y que los demás si, pero no se atreven a decirme. A la vista está que mis relaciones personales son totalmente efímeras, mucho más que las del resto de personas normales. Si echo la vista atrás puedo contar con los dedos de una mano las personas que han sido amigas mías durante más de 5 años y bueno de relaciones con los chicos ya ni hablamos. Es algo que me preocupa, ya que no soy tan engreída de pensar que son los demás los que tienen la culpa. Además, si ese fuera el caso, al cambiar de amigas habría solucionado el problema, pero la verdad es que sigue ahí latente, lo noto. A veces cuando digo algo en voz alta en presencia de más personas, estas, se vuelven hacía mi y me miran raro, como si acabara de decir algo impensable, no sé, quizá sea solo una impresión mía, pero muchas veces me siento fuera de lugar. En el caso de la gente que ha aprendido a conocerme, sé que me aceptan como soy, y que me aprecian, pero no puedo evitar preguntarme ¿Cuánto durará ese aprecio? ¿Cuánto tardaré en cagarla?
He de reconocer que cada día voy con más cuidado de lo que digo o lo que hago por miedo de perder a las personas que más aprecio, y la verdad es que me gustaría ser un poco más libre, no analizar todo el tiempo los pensamientos y reacciones de los demás, pero creo que ya no puedo evitarlo. Siento que ya no podría perdonarme perder a más personas, ya no podría soportar estar sola otra vez. Porque la felicidad, es como una droga, engancha y, la vida antes de ella parece ya muy lejana e imposible.

martes, 22 de noviembre de 2011

Ella estaba al acecho, esta noche pensaba cazar algo, sintiéndolo mucho, algún pobre mortal iba a tener que saciarla. Entró imitando el paso humano, aquello la desesperaba. Echó una ojeada alrededor de la habitación. No vio más que gente tapada con máscaras. Se dijo a sí misma que esa noche no iba a cazar a nadie por el físico, se dejaría llevar por la intuición, por el instinto. Le vino un olor a colonia extremadamente fuerte que se le metió en la nariz y la hizo estornudar. Dos o tres personas se giraron a la vez a mirarla, nadie interesante. Un poco más al fondo había un grupo de jóvenes, con peinados un tanto llamativos que le llamaron la atención. Se dirigió hacia ellos con gran sigilo, disimulando el ansia que la estaba devorando. Se acercó por el lado derecho, y pegó un tirón del joven que estaba más a su alcance. Para ella, era una pluma. En dos segundos estarían en un lugar un poco más privado. Abrió la puerta del armario donde colgaban los abrigos y lo empujó dentro. El joven todavía se encontraba fuera de lugar, a mil kilómetros de allí. La chica se avalanzó sobre él sin ni tan siquiera sacarle la máscara, pues no quería arruinar el efecto de misterio y le pegó un mordisco. Los dientes se hundieron en su brazo sin dificultad, nadie notaría lo que le había pasado. Cuando se halló saciada, le soltó y el chico cayó hacia atrás perdiendo el equilibrio. 
Ella decidió quitarle la máscara y descubrió que era un chico de su instituto, al que odiaba desde hacía demasíado tiempo. Se acercó de nuevo y le partió el cuello, dejándole allí, inerte, entre un montón de abrigos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

mátame.

Quedaron en el lugar de siempre, necesitaban hablar pero más que hablar necesitaban verse, tocarse, sentir que su relación era real. Ella llegó primero, como solía hacer, salía de su casa a toda velocidad impulsada por los nervios y la necesidad de reencontrarse con él. Él solo tardaba para hacerla rabiar, para que pudiera discutir tontamente como solían hacer para esconder todo lo que en realidad querían decirse. Ella, nerviosa, jugueteaba con su pelo, sentada en un banco que estaba de espaldas a la carretera. Él la espiaba desde la esquina, escondido, sin saber qué hacer. No podía soportarlo más, tenía que ser valiente, llegar y darle un beso, sin darle tiempo a reaccionar- pensó- Y totalmente decidido empezó a caminar hacia ella. Cuando estaba llegando hasta ella, ella pareció percibirlo y se dio la vuelta arruinando todos sus planes.
Ella le sonrió, nerviosa, sin poder ocultar como temblaba todo su cuerpo. Él tan vergonzoso como siempre, se limitó a darle dos besos, totalmente serio, intentando mantener la compostura. Ella intentó romper el hielo, o mejor dicho, intentó romper la tensión que estaba empezando a cargar el ambiente. Total eran amigos, como siempre-pensó ella-
Se sentaron en el banco, ya que no tenían ganas de pensar a dónde ir. Se relajaron y empezaron a hablar de las cosas de siempre, poco a poco sintiéndose más a gusto el uno con el otro. Se acercaron uno más al otro y sin mediar palabra se cogieron de la mano. Estuvieron un buen rato en silencio, pensando cual sería el siguiente paso, ese que ninguno de los dos se atrevía a dar. Empezaron a hablar de nuevo, y dejaron de darle importancia al asunto. Poco a poco se fueron sintiendo mejor, el uno con el otro y solo querían estar más unidos, ahora que habían roto la barrera. Ella bromeó, le contó una anécdota de tantas que le habían pasado con un chico, y le pasó el brazo por el cuello para ejemplificar la escena. Todo era muy natural, hasta que se dieron cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro y que debían dar el paso en ese momento o nunca. 
Se miraron fijamente a los ojos, ambos se ruborizaron de golpe. Ella sonrío, él bajó la mirada. Y alguien les tocó por la espalda. Eran los amigos de él. Rápidamente se separaron e intentaron disimular lo que ya no tenía solución. Ambos estaban frenéticos, y por supuesto sus amigos no es que fueran a dejar el tema correr. Tras una eternidad aguantando las bromas pesadas, consiguieron que los volviesen a dejar solos, pero esta vez, ya no había excusas, ya no podían disimular que aquello no había pasado. Aunque no lo supiesen sus amigos les habían dado un empujón para afrontar la realidad y, sin más preámbulos se fundieron en el tan anhelado beso. Al principio estaban distantes, asustados por lo que estaba ocurriendo, pero después se dejaron llevar, se besaron como nunca antes habían besado a nadie y, se prometieron que nunca lo arruinarían, que nunca volverían a separarse.

ghost.

El sol brillaba, la temperatura era insoportable, el calor la hacía sudar demasiado. Se acercó al limpiamanos y vio su reflejo en el espejo. Se dio la vuelta a toda velocidad, pero él no estaba allí. Era tan guapo... ¿Por qué solo podía verlo a través del espejo? -se preguntó- Abrió el grifo, se mojó la cara y cogió la toalla para secarse. En ese momento sintió algo en su mano, como si alguien la tocara, y gritó. Tiró la toalla al suelo, y las gotas de agua resbalaron por su rostro hasta llegar al suelo. Intentó calmarse y se agachó para recoger la toalla y limpiar el suelo. Cuando estaba acabando, sintió como si algo la atravesara y cayó al suelo sin conocimiento. 
Cuando despertó, ya estaba en la cama. No supo cómo había llegado hasta allí, pues vivía totalmente sola y, que ella supiese nadie tenía llave para entrar en su casa. Se incorporó y lo vio sentado al otro lado de la habitación.
¿Quién eres? -preguntó- Pero no obtuvo respuesta. El chico se acercó a ella poco a poco para no asustarla y la cogió de una de sus manos y le dio un beso. Tenía un tacto casi transparente, raro, como si no fuese real. Ella, un poco asustada, retiró la mano rápidamente y él se acercó más a ella. Le susurró algo al oído y ella dejó de temerle, ahora hasta se sentía segura ante su presencia. Le deseaba tanto... 
Tras unos segundos de silencio, él le dio un beso, suave, corto y provocador, que la dejó helada. Ahora estaba temblando y no era capaz de moverse. Él se retiró un poco hacia atrás, aparentando sentirse ofendido aunque  no era cierto. Ella se abalanzó sobre él y lo tiró en la cama. Se puso sobre él, y cuando estaba a unos pocos centímetros de sus labios, él simplemente desapareció. 

cruel