Quedaron en el lugar de siempre, necesitaban hablar pero más que hablar necesitaban verse, tocarse, sentir que su relación era real. Ella llegó primero, como solía hacer, salía de su casa a toda velocidad impulsada por los nervios y la necesidad de reencontrarse con él. Él solo tardaba para hacerla rabiar, para que pudiera discutir tontamente como solían hacer para esconder todo lo que en realidad querían decirse. Ella, nerviosa, jugueteaba con su pelo, sentada en un banco que estaba de espaldas a la carretera. Él la espiaba desde la esquina, escondido, sin saber qué hacer. No podía soportarlo más, tenía que ser valiente, llegar y darle un beso, sin darle tiempo a reaccionar- pensó- Y totalmente decidido empezó a caminar hacia ella. Cuando estaba llegando hasta ella, ella pareció percibirlo y se dio la vuelta arruinando todos sus planes.
Ella le sonrió, nerviosa, sin poder ocultar como temblaba todo su cuerpo. Él tan vergonzoso como siempre, se limitó a darle dos besos, totalmente serio, intentando mantener la compostura. Ella intentó romper el hielo, o mejor dicho, intentó romper la tensión que estaba empezando a cargar el ambiente. Total eran amigos, como siempre-pensó ella-
Se sentaron en el banco, ya que no tenían ganas de pensar a dónde ir. Se relajaron y empezaron a hablar de las cosas de siempre, poco a poco sintiéndose más a gusto el uno con el otro. Se acercaron uno más al otro y sin mediar palabra se cogieron de la mano. Estuvieron un buen rato en silencio, pensando cual sería el siguiente paso, ese que ninguno de los dos se atrevía a dar. Empezaron a hablar de nuevo, y dejaron de darle importancia al asunto. Poco a poco se fueron sintiendo mejor, el uno con el otro y solo querían estar más unidos, ahora que habían roto la barrera. Ella bromeó, le contó una anécdota de tantas que le habían pasado con un chico, y le pasó el brazo por el cuello para ejemplificar la escena. Todo era muy natural, hasta que se dieron cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro y que debían dar el paso en ese momento o nunca.
Se miraron fijamente a los ojos, ambos se ruborizaron de golpe. Ella sonrío, él bajó la mirada. Y alguien les tocó por la espalda. Eran los amigos de él. Rápidamente se separaron e intentaron disimular lo que ya no tenía solución. Ambos estaban frenéticos, y por supuesto sus amigos no es que fueran a dejar el tema correr. Tras una eternidad aguantando las bromas pesadas, consiguieron que los volviesen a dejar solos, pero esta vez, ya no había excusas, ya no podían disimular que aquello no había pasado. Aunque no lo supiesen sus amigos les habían dado un empujón para afrontar la realidad y, sin más preámbulos se fundieron en el tan anhelado beso. Al principio estaban distantes, asustados por lo que estaba ocurriendo, pero después se dejaron llevar, se besaron como nunca antes habían besado a nadie y, se prometieron que nunca lo arruinarían, que nunca volverían a separarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario