lunes, 21 de noviembre de 2011

ghost.

El sol brillaba, la temperatura era insoportable, el calor la hacía sudar demasiado. Se acercó al limpiamanos y vio su reflejo en el espejo. Se dio la vuelta a toda velocidad, pero él no estaba allí. Era tan guapo... ¿Por qué solo podía verlo a través del espejo? -se preguntó- Abrió el grifo, se mojó la cara y cogió la toalla para secarse. En ese momento sintió algo en su mano, como si alguien la tocara, y gritó. Tiró la toalla al suelo, y las gotas de agua resbalaron por su rostro hasta llegar al suelo. Intentó calmarse y se agachó para recoger la toalla y limpiar el suelo. Cuando estaba acabando, sintió como si algo la atravesara y cayó al suelo sin conocimiento. 
Cuando despertó, ya estaba en la cama. No supo cómo había llegado hasta allí, pues vivía totalmente sola y, que ella supiese nadie tenía llave para entrar en su casa. Se incorporó y lo vio sentado al otro lado de la habitación.
¿Quién eres? -preguntó- Pero no obtuvo respuesta. El chico se acercó a ella poco a poco para no asustarla y la cogió de una de sus manos y le dio un beso. Tenía un tacto casi transparente, raro, como si no fuese real. Ella, un poco asustada, retiró la mano rápidamente y él se acercó más a ella. Le susurró algo al oído y ella dejó de temerle, ahora hasta se sentía segura ante su presencia. Le deseaba tanto... 
Tras unos segundos de silencio, él le dio un beso, suave, corto y provocador, que la dejó helada. Ahora estaba temblando y no era capaz de moverse. Él se retiró un poco hacia atrás, aparentando sentirse ofendido aunque  no era cierto. Ella se abalanzó sobre él y lo tiró en la cama. Se puso sobre él, y cuando estaba a unos pocos centímetros de sus labios, él simplemente desapareció. 

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