Caí en uno de esos sueños profundos. Poco después lo supe. Te estaba viendo frente a mi, ligero de ropa y un helado entre las manos. El sol te daba de lleno en la cara pero a ti parecía no importarte. Me escondí debajo del agua para no seguir mirándote de esa manera tan evidente, pero no pude evitar volver a buscarte con la mirada.
El helado se te derretía en las manos y empezabas a ponerte nervioso, se te veía en la cara. Chupaste el helado por uno de los lados y se te cayó un poco sobre el torso desnudo. Ya era tarde para apartar la mirada, ahora ya no podía despegar los ojos del helado. Estabas deseando marcharte, pero tus amigos no terminaban de pedir nunca. Yo ya no intentaba disimular nada, sabía que acabarías viéndome, pero no me importaba, estaba demasiado embobada para preocuparme por eso. Al levantar la cabeza, me viste. Allí estaba yo, enfrente tuya sin disimular lo más mínimo mi interés. No sé qué pensaste en ese momento, pero debiste notarlo, yo también lo noté. La tensión entre nosotros iba aumentando por segundos. Yo solo pensaba en pegarte un tirón y tirarte al agua conmigo, pero sabía que nunca me atrevería a hacer algo como aquello. Desvié la mirada un par de segundos y me sumergí para mojarme el pelo. Cuando volví a mirar en tu dirección, tu seguías con la mirada clavada en mi, lamiste el helado, sin pestañear siquiera y yo me sonrojé.
Cerré los ojos y sonreí lentamente. Cuando los volví a abrir, ya no estabas allí. Me llevé una pequeña decepción, pero me duró poco ya que cuando me dí la vuelta, estabas allí, a mi lado. No supe qué hacer, te saludé lentamente, intentando disimular los fuertes latidos que me estaba dando el corazón, no podía estar un poco más nerviosa y en la mejor parte me desperté. El despertador llenaba toda mi mente ahora, supe que todo había sido un sueño pero no me entristecí, ya habrían más veranos, te volvería a ver seguro. Aunque fuese en mis sueños.
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