domingo, 25 de septiembre de 2011

Se rió de una manera bastante peculiar. Aquello solo podía querer decir que se estaba riendo de ella. 
Quiso pegarle un puñetazo, pero se contuvo. 
- Sabes que me encanta hacerte rabiar, no sé por qué te lo tomas tan mal. 
- Odio que lo hagas, lo sabes. No sé por qué te empeñas en dejarme aquí.
- Es por el bien de tu salud mental. No creo que ver aquello te hiciera mucho bien. Créeme no te vas a perder nada, solo van a rodar un par de cabezas. 
- ¿ Disfrutas con lo que haces, verdad? Te encanta sentir que eres superior a todos ellos, que puedes arrancarles la cabeza con solo un golpe. Adoras sentir el latido de su corazón tan cerca del tuyo antes de extinguirse en la oscuridad. ¿ No sientes remordimientos?
- Es para lo que estoy hecho, no lo olvides. Soy una máquina de matar. Quizá algún día te llegue el turno a ti. -La miró con cara de deseo- Pero intentaré aprovecharte bien antes. 
- Lo miró con odio- Espero que jamás hagas algo en contra de mi voluntad.
-Sabes de sobra que no sería en contra de tu voluntad, querida. - Se río pícaramente y le guiñó un ojo- 
- ¿ No me voy a librar nunca de ti, verdad? - Le dijo con tono de desesperación- 
- No lo creo - Dijo con tono de total seguridad.
- Pues entonces tendré que suicidarme. - Dijo ella con un tono mecánico.-
- Sabes que no te dejaría. Algún día decidirás asumir lo que sientes hacia mi y ese día serás mía, no antes. Mientras tanto hazte a la idea de que estarás viva. No permitiré que seas una mártir de un desalmado asesino.No quiero ser recordado así. - Suspiró.- ¿ Sabes que podría transformarte y viviríamos los dos eternamente?
- ¿ Quién querría una eternidad a tu lado? - Preguntó con verdadero interés-
- Pues creo que ya sabes la respuesta.- giró sobre sus talones y despareció repentinamente-
-No sabes cuanto te odio - Dijo ella esperando que lo hubiese oido. Pero sabia que no era así, sabía que lo deseaba con toda su alma. No quería caer en sus redes, no quería ser una esclava suya, no pensaba permitirle aprovecharse así de ella. Es más, ¿Quién le decía a ella que cuando se cansase no la iba a matar?
Y con todas esas cavilaciones en su mente se dio la vuelta y se fue a casa.

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