Y aquí estoy yo, sentada frente al ordenador, viendo como le regalas palabras a otra, como le dedicas los pensamientos que antes eran para mi, matando la esperanza de que algún día me recuerdes, y te acuerdes de todo lo que vivimos. Y es que la esperanza es un veneno maldito que nos encadena, que nos engaña, que nos mata lentamente hasta dejarnos exhaustos.
Cometiendo el mismo error de caer rendida ante los chicos malos. Y no, por desgracia no son los malos de hollywood que o bien mueren ahogados en el río o bien cambian porque se dan cuenta de que también tienen sentimientos, la verdad es que esos malos no existen en la vida real. Y ahí estoy yo, esperando a que cambien, esperando a que un poco de su corazoncito se deje ver entre esa fachada de dureza, pero solo me encuentro con decepciones y bofetadas que me hacen darme cuenta de que la vida no es una película y que no son ellos los que deberían cambiar, sino yo. Debería rendirme ya y dejar de esperar algo que no tiene por qué suceder, debería asumir que hay gente que no tiene corazón o, que cuando lo descubre, ya es tarde para mi, y sobretodo debería empezar a cambiar de gusto.
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