La vida para algunos es como una partida de ajedrez. La cuestión está en dónde posicionarse. La gran mayoría somos peones la mayor parte de nuestra vida, pues es lo más fácil de hacer es obedecer sin pensar, dejando que piensen otros y que manejen nuestra vida a su antojo. A veces hay que dominar nuestro destino, ser dueños de nuestra vida y de nuestros actos a pesar de que haya gente que no lo acepte.
Llega un momento en la vida en que somos nosotros los que manejamos los hilos que mueven a los peones, pero siempre cuidadosos, porque algún día nos pueden cortar la cabeza.
Con gusto abandonaríamos la partida en muchas ocasiones, pero lo cierto es que la partida se acaba tarde o temprano, y es mucho mejor jugarla hasta el final.
Las relaciones también acaban siendo partidas de ajedrez, pero mucho más breves sin dudarlo. Tendremos que decidir que es lo importante, y que es lo que podemos sacrificar por el otro, para no jugar el uno contra el otro, sino unidos en contra de las adversidades, que son el enemigo común. Acabar o no la partida es cuestión de fuerza, de sentimientos, y de determinación.
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