Pero no sabía que en el pasillo le esperaba algo peor; su madre se paseaba con aire distraído y la mirada perdida, con ropa elegida al azar por lo que se podía suponer. Le asustó ver a su madre en aquel trance y supo que ya no volvería a ser normal nunca más. Por la noche sueños extraños la asaltaban y se despertaba gritando el nombre de alguien que días después confirmarían muerto de la forma exacta en la que la mujer lo describía. Al principio, pensaron que debía ser alguna especie de casualidad extraña, pero más tarde se dieron cuenta de que era absurdo negar que algo raro estaba pasando. Por su parte, el chico, decidió ignorar por completo la situación y olvidar que en aquella tarde empezó a creer en lo sobrenatural.
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