lunes, 23 de enero de 2012

Siente que la vida es demasiado tediosa para vivirla solo,  piensa, la recuerda, la añora, la desea, la toca, la recorre con sus dedos, la huele, la aspira, le da una calada a su porro y todo parece más tranquilo. Tras un par de caladas más ya se le ha olvidado por qué fumaba. Se levanta y abre la ventana para ventilar su habitación, mira su móvil y ve que una vez más nadie se ha acordado de él. Abre la agenda y mira sus contactos, uno por uno. La rabia y la desesperación se apoderan de él pero no es capaz de alterarse debido al efecto de su anterior escapada. Decide salir a la calle, dar un paseo y despejarse. Cruza la calle sin tan siquiera mirar, oye un frenazo y reacciona. Una chica le pita, le mira extrañada y se baja del coche para hablar con él. Él hace la mención de irse pero ella lo retiene por el brazo. Lo mira fijamente a los ojos y lo invita a subir en el vehículo. Él, incapacitado en esos momentos para pensar, acepta y sube. Se alejan de la ciudad, él no se atreve a preguntar, la conoce pero prefiere no recordar de qué. Ella sube el volumen de la música para evitar tener que hablar y acelera. 
Cuando llegan a una casa, la chica frena y se baja del coche para abrir la verja. Él ya ha decidido dejar de pensar y ni tan siquiera se pregunta qué hacen allí. Ella regresa y aparca el coche dentro. Abre la casa y le invita a entrar. Él la sigue al interior y se detiene en el salón. Ella se vuelve y le ofrece algo para beber. Él pide un vozca con hielo y se sienta en el sofá. Cuando ella regresa, él se encuentra desolado, incapaz de disimular la nostalgia que siente por dentro. Ella se sienta cerca suyo, lo calma, le susurra palabras al oído y lo siguiente que él recuerda es que estaban en una alfombra, tumbados, ella encima de él desnudándose, besándolo, recorriendo todo su cuerpo con los labios, convirtiendo aquella rabia en pasión desenfrenada. Cuando él quiso, ella lo dejó marcar el ritmo, colocándose abajo para que él pudiera hacer lo que quisiera con ella. 
Él la acariciaba, la besaba, incapaz de detenerse, era fuerte pero suave en sus movimientos, no quería hacerle daño, ella no tenía la culpa de todo lo que él sentía. 
Tras un par de horas en aquel paraíso, despertaron de aquel trance que parecía poseerlos y volvieron a la realidad. Él volvió a ser el chico que ella conocía; callado, extraño, demasiado serio. Y ella volvió a ser la chica que él tanto odiaba; Extrovertida, alegre y engreída. Él salió de allí a pie, le pareció demasiado violento que ella lo llevara en coche hasta su casa, y por el camino fue rumiando todo lo que había pasado aquella tarde, incapaz de dar crédito a lo que su mente le decía.                                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario