Era un día como otro cualquiera. Sonó el despertador a las 8 como siempre, se levantó, se puso el uniforme para ir al colegio y fue a la cocina a desayunar. No tenía prisa, ya que su colegio estaba muy cerca de su casa así que desayunó con parsimonia, mirando el reloj a cada bocado. Se le hicieron las nueve menos veinte así que se colgó la mochila y salió disparada. Llegó al colegio, temprano, como casi siempre y buscó con la mirada a alguna de sus amigas aunque no vio a ninguna cosa que no era extraña porque sus amigas no eran nada puntuales.
Un rato después subió a clase, se sentó en su sitio, en silencio, como le habían inculcado desde siempre, sacó los libros y se sumergió en sus pensamientos. Llegó la hora del patio y sus amigas escogieron el mismo sitio de siempre y se sentaron a charlar. Al lado del colegio había un terreno vallado que se veía desde donde estaban ellas. La valla tenía un agujero de entrada en una parte y otro de salida al otro lado. En aquel terreno había un pantano y varios campos alrededor. Aquellos días se había puesto de moda atravesar aquel terreno ya que tenía un toque misterioso porque nadie sabía quien era el dueño de aquellos terrenos ni que pasaría si pillaban a todos los que pasaban por allí. Laura y sus amigas decidieron cruzarlo, pensaron que no podría pasarles nada malo, por allí no pasaba nadie y además no tardarían mucho.
Pactaron no decírselo a sus padres y quedaron en la salida del colegio. Un rato después Sandra, una de las amigas de Laura, habló con las demás y les dijo que ella no iba a participar. Dijo que no le venía bien aunque todas sabían que Sandra era demasiado buena como para embarcarse en una aventura de aquel tipo. Pero aun así no se desanimaron. Ella se lo perdía. - pensaron. además así tendrían a alguien a quien contárselo.
La hora llegó y ya estaban ansiosas por empezar. Laura en el fondo de su corazón albergaba algo de miedo y esperaba que todo saliese bien. Se metieron por el agujero de la valla y comenzaron a andar. Por el momento, todo iba bien. Había un sendero bastante claro que seguir así que iban andando eufóricas sin parar de hablar. Laura recordaba conforme iba avanzando, la parte del pantano que se veía por el camino al colegio, y el croar de las ranas incesante. Se paró a escuchar y no oyó nada cosa que le pareció extraña aunque pensó que ya debían estar cerca y las ranas al oirlas se habrían escondido. Dejó de pensar en eso y se reenganchó a la conversación de sus amigas. Al cabo de unos minutos llegaron a la parte en la que debían bajar una cuesta bastante peligrosa para llegar al pantano y a Laura se le aceleró el corazón. Iba a tener que superar su miedo a las alturas de una vez. - pensó. Todas llegaron abajo sin ningún rasguño aunque los zapatos del uniforme estaban bastante llenos de tierra ya pensarían en algo para limpiárselos. Ahora estaban seguras de continuar y bueno, tampoco es que tuvieran la opción de dar media vuelta, ya que no podían tardar tanto para que sus padres no sospecharan.
De repente, oyeron un ruido, como si hubiera gente. Avanzaron en silencio por si las descubrían . Llegaron a la salida y vieron restos de botellas de alcohol y varios envases de comida. Imaginaron que allí iban a beber chicos mayores que ellas. Discutieron sobre si volverían y decidieron que lo volverían a hacer otros días, no veían nada de malo en ello.
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