Miedo, ese miedo que todos hemos sentido alguna vez de enamorarnos. Ese miedo provocado por motivos diferentes en cada uno, nos destruye, nos paraliza, no nos deja sentir o pensar con claridad.
Cuando un corazón se rompe, la persona que lo posee pierde todo lo que era y pretende reconstruirse buscando su verdadero yo. Sí, ese yo que ha estado siempre ahí, antes de que esa persona apareciese en su vida. Buscan algo que les de fuerzas para seguir y mientras pasa el tiempo los trozos de su corazón van buscando la manera de unirse de nuevo.
Pasan por un tiempo horrible, donde cambian, se hacen fuertes, superan el dolor y es entonces cuando aparece, allí está, un pequeño resquicio de la felicidad perdida. Todo vuelve a cobrar sentido y nuevos sentimientos y sensaciones empiezan a brotar. Ese cuerpo que parecía muerto vuelve a palpitar, a sentir cada minuto que pasa. Y es entonces cuando realmente se está preparado para conocer a ese alguien, sí, esa persona que te cambiará la vida para siempre. La nueva oportunidad de querer, de ser querido.
Y es entonces cuando aparece el miedo con más fuerza. Cuesta confiar otra vez en alguien, entregarse en cuerpo y alma a alguien confiando solo en el amor. Se necesitan muchas pruebas de ese amor antes de volver a dar el salto pero si te demuestran ese amor lo das ya lo creo que lo das y con los ojos cerrados si hace falta.
El truco está en volverse a querer a uno mismo y en perdonarse. Después todo viene rodado.
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