martes, 15 de noviembre de 2011

terror.

Sueño con el balanceo suave de una mecedora, me balanceo; hacía delante, hacía atrás. Tarareo una canción, cierro los ojos. Poco a poco la mecedora va cogiendo velocidad, las patas chirrían levemente cada vez que me impulso. El conjunto de sonidos se vuelve desquiciante. Abro los ojos bruscamente, puedo verlo, está allí, mirándome fijamente. El miedo recorre mi espina dorsal y me deja paralizada. Dejo de mecerme, pero la mecedora no se detiene, y continúa chirriando hasta reducir la velocidad. El espectro empieza a venir en mi dirección. Cuando quiero darme cuenta, ya he dejado de tararear, la garganta se ha bloqueado, la boca está seca. Mis ojos empiezan a picarme, quiero poder gritar, moverme, hacer algo, pero soy consciente de que no voy a poder. Intento calmarme. El espectro se detiene a pocos metros de mi. Levanta la cabeza lentamente, dejando asomar el rostro a través de su pelo. Está pálido, tiene la mirada perdida, los ojos hundidos. Parece buscar a alguien. De repente, levanta el brazo, y me señala con un dedo. Yo me aferro a la mecedora, como si aquello pudiese salvarme. El espectro, empieza a abrir la boca lentamente, y dice: - Tú, ¿Quieres hacer el favor de bajarte de mi maldita mecedora?. Y sonríe sarcásticamente. 
Intento tragar saliva. Parece enfurecerla más. Empiezo a notar un movimiento y cuando me quiero dar cuenta la mecedora me ha tirado al suelo. Me intento levantar como puedo y torpemente salgo corriendo. La puerta se cierra. Lógico. Era de esperar. Intento abrirla, no hay forma. Le pego una patada al pomo, este se cae al suelo con un ruido ensordecedor. Ella se ríe cada vez más y cuando me giro, la veo sentada en la mecedora. 
Pienso en las ganas de que me trague la tierra y me pongo a temblar. Explotan las ventanas, cristales y más cristales vuelan por los aires y sin sentido alguno, acaban dirigiéndose a mi. Lo sé, ya es demasiado tarde. 

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